Sufriendo con Boston

La gente en EEUU hemos pasado esta semana pasada siguiendo el desenlace de los eventos en Boston. Desde las explosiones el lunes pasado hasta la captura del segundo cómplice el viernes por la noche el país ha estado pegado a los medios de comunicación social. Entre la zozobra, el interés macabro y nuestro dolor nacional hemos sufrido con los ciudadanos de Boston, recordando, de nuevo, que no estamos exentos de ataques, aun aquí en los EEUU. Estamos contentos que los de Boston podrán descansar y seguimos orando que Dios esté presente con los que están doliendo y que traiga su paz a los que viven en la ciudad.

Entre los reportajes que se hicieron después de los bombardeos el lunes, estuvo uno que enfocó en el hecho de que los humanos tendemos hacia la negación cuando ocurre algo como esto. En vez de reconocer que esto nos podría ocurrir a cualquiera comenzamos a racionalizar y “explicar” como es “imposible” que nos ocurriera algo similar a nosotros. Este proceso mental nos da un sentido falso de seguridad y concluimos que nosotros nunca podríamos ser víctimas de eventos similares.

Sin embargo, quisiera sugerir que los eventos en Boston nos necesitan tocar de otra manera. En primer lugar, necesitamos recordar que personas en otras partes del mundo viven en medio de este tipo de inseguridad social. El mismo día del ataque de Boston hubo un bombardeo en Irak que mató a muchas más personas. Este tipo de violencia es la experiencia común de muchos. Como cristianos necesitamos orar y trabajar por la paz y la seguridad en todas partes del mundo, especialmente en aquellos lugares donde casi parece ser parte del pan diario.

En segundo lugar, necesitamos reconocer que la seguridad es una ilusión. Los que vivimos en EEUU tendemos a creer que con suficiente inversión podemos crear la seguridad. Sin embargo, momentos como estos necesitan hacernos reflexionar. En cualquier momento podría ocurrir un desastre que nos quitaría la vida. Nuestra vida terrenal es un regalo divino, pero terminará. A pesar de todos nuestros esfuerzos el 100% de los humanos hemos de morir. Nos podemos cuidar físicamente y podemos desarrollar sistemas de protección. Pero nadie evitará la muerte.

Es por eso que el salmista nos invita a “contar nuestros días” (Salmo 90:12). Es en el proceso de reconocer nuestra mortalidad que podemos encontrar la sabiduría para vivir nuestra vida terrenal a plenitud. Que el Señor nos ayude a sufrir con los que están sufriendo en Boston, pero también a confesar que nuestra vida no está en nuestras manos.

(Protestante Digital, 21 de abril del 2013)

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No te he dicho que si creyeres

Uno de los coritos de mi niñez en el sur de Texas estaba basado, textualmente, en la versión Reina Valera Antigua (1909) de Juan 11:40.

//No te he dicho, que si creyeres, verás la gloria de Dios.//

//Verás la gloria de Dios//

No te he dicho, que si creyeres, verás la gloria de Dios.

Las palabras de Jesús son poderosas en su contexto original. Jesús le está pidiendo a María a creer lo imposible con relación a su difunto hermano, Lázaro. ¿Por qué desenterrar un cuerpo que tenía cuatro días de haberse sepultado? ¿Qué valor tendría eso? Si Jesús hubiera llegado antes tal vez Lázaro no habría muerto. Pero, ¿qué podría significar la gloria de Dios en un cuerpo que ya se estaba desintegrando?

El canto me ubica en las pequeños congregaciones evangélicas latinas de mi niñez. Los aleluyas éramos una pequeña minoría entre la comunidad latina del sur de Texas. Los latinos nos despreciaban por ser evangélicos y los anglos evangélicos nos despreciaban por ser “mexicanos” (no importando que muchos habíamos nacido en los Estados Unidos). Muchas de nuestras iglesias no pasaban de 30-40 personas, pero los que se reunían allí sabían que Dios les había transformado sus vidas. Muchos de ellos habrían dado testimonio de que habían estado tan muertos como Lázaro y que sus vidas transformadas eran prueba de la gloria de Dios que se había manifestado cuando ellos habían creído.

Al cantar juntos este corito estábamos confesando que si creíamos podríamos ver grandes manifestaciones del poder divino. Era una tremenda confesión de fe, siendo que habían pocas manifestaciones externas de esa gloria. Conocíamos las vidas cambiadas, pero también sabíamos que éramos pocos y parecía que siempre sería así.

En cierta manera pareciera que todo eso ha cambiado. La semana pasada los evangélicos latinos de EEUU estuvimos en la portada de la revista Time. Claramente ya no somos la pequeña minoría de iglesias pequeñas con poca influencia, despreciados por los que están a nuestro alrededor.

Pero, al mismo tiempo que estamos siendo reconocidos en la sociedad estadounidense, nos damos cuenta que nuestro mundo está cambiando y que nuestra influencia es limitada. Cada día nuestro país está más influenciado por el individualismo y materialismo del capitalismo globalizado. Nuestro testimonio cristiano no está sirviendo como influencia suficientemente transformadora de nuestra sociedad. Es más, muchas veces parece que los evangélicos latinos nos estamos pareciendo más a la sociedad y no que estamos siendo agentes de transformación espiritual y social.

Es por eso que quisiera invitar a la comunidad evangélica latina en EEUU a regresar a este canto (o a lo menos a su mensaje). Si queremos ver la gloria de Dios en nuestro país el día de hoy necesitamos creer, de nuevo. Creer no es solamente una confesión verbal, sino tiene que ver con una manera de vivir la vida. Creer es vivir a la manera de Cristo porque creemos que Dios está obrando en el mundo.

Hoy en día cuando las sociedades occidentales se alejan más de Dios y del camino de Cristo, hace falta creyentes que vivan creyendo que Dios sigue obrando, aunque sigamos siendo una minoría. Cuando yo era niño nos era difícil creer en la gloria porque éramos pocos y pequeños. Hoy en día, podemos creer que estamos viendo la gloria de Dios porque se nos está reconociendo. Sin embargo, los retos de hoy necesitan una iglesia que acepte su papel minoritario y reconozca que la gloria de Dios se manifestará cuando vivamos una vida de fe.

El Señor sigue buscando una comunidad contra-corriente como las congregaciones de mi niñez. El mismo Dios que levantó de los muertos a Lázaro quiere obrar en nuestro mundo hoy, trayendo cambios que muchos ya no creemos posibles. Pero el mensaje es el mismo: No te he dicho que si creyeres….

(Protestante Digital, 14 de abril del 2013)

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¿Con quién me quejo?

El viernes pasado varios medios de comunicación social reportaron sobre un evento que ocurrió el 2 de febrero en un vuelo del la aerolínea United entre Denver y Baltimore. Una familia que viajaba con niños de 4 y 8 años se inquietó con el hecho de que la película que se estaba enseñando en las pantallas del avión tenía fuertes escenas de violencia y desnudez. Siendo que la película se estaba enseñando en todas las pantallas del avión, no había manera de evitar que sus hijos la vieran.

Los padres le preguntaron a la tripulación si se podía apagar la pantalla cerca de ellos y se les dijo que no. Ellos trataron de entretener a sus hijos para que no le hicieran caso a la película. También le preguntaron a la tripulación si el piloto podría hacer algo. Se les dijo que no era posible. Dicho sea de paso, durante todos los encuentros no hablaron de manera indebida ni hicieron amenazas de ningún tipo.

Como una hora más tarde el piloto anunció que tenía que desviar el avión por razones de seguridad. El avión aterrizó en Chicago y agentes federales bajaron a la familia y los interrogaron por un corto tiempo y luego los pusieron en otro vuelo. El vuelo original luego siguió a Baltimore.

Este evento plantea suscita toda una serie de preguntas:

1. Si un cine en EEUU permitiera que niños entraran a ver una película como ésta (PG-13 en el sistema EEUU) sin permiso de los padres, los administradores del mismo estarían en problemas legales. Sin embargo, parece que United no tiene que atenerse a esa norma.

2. La tripulación, o el piloto, podrían haber apagado la película, si habrían querido. Tal vez habría difícil apagar la pantalla, pero había manera de responder a la inquietud. Claramente no querían apagar la película y no vieron nada mal con el hecho de que menores fueran expuestos a violencia y desnudez.

3. El piloto demostró una prepotencia en la que trató a los padres como criminales y involucró a varios agentes federales. Retrasó un vuelo, mal gastó el tiempo de varios agentes de seguridad y trató de “castigar” a los padres por una queja legítima. La acción del piloto creó un gasto innecesario a varios niveles.

4. Según los reportes de los medios de comunicación otros pasajeros concordaron con la inquietud de los padres. La película no era apta para niños. Sin embargo, todo el sistema estaba estructurado para que la gente callara y aceptara la presentación de violencia y desnudez como algo natural o inevitable. Claramente el personal de United no creía importante que los padres tuvieran control sobre lo que vieran sus hijos.

Estos padres tuvieron el valor de proteger a sus hijos de material indebido. Lo hicieron con calma y trataron de encontrar soluciones creativas. Cuando no se les hizo caso buscaron entretener a sus hijos para que no vieran la película. Sin embargo, sufrieron consecuencias por su compromiso a favor de sus hijos.

Este evento nos recuerda que todos vivimos bajo la influencia casi constante de los medios masivos. Nos presentan la violencia, el sexo ilícito y el ego-centrismo como cosa normal y constantemente nos venden los valores del capitalismo globalizado. Muchos de nosotros estamos tan impuestos a recibir estos mensajes que ni nos damos cuenta que nos están llenando los ojos de mentiras y valores anti-reino. Somos pocos los que tenemos el valor y la convicción de cuestionar este asalto y decir “no”.

El hecho es que estos asaltos son una parte tan “natural” en nuestra sociedad que la mayoría ni entenderían porque algunos tratamos de rechazar estos mensajes. Si optamos por decirle no a los medios masivos recibiremos la presión directa o indirecta de seguir “viendo” y de aceptar los mensajes anti-cristianos como lo más natural. Que el Señor nos de el valor de estos padres, dispuestos a decir que no y atentos a las consecuencias, tanto para nosotros como para nuestros hijos.

(Protestante Digital, 7 de abril del 2013)

 

 

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¡Cristo ha resucitado!

Los cristianos confesamos que la resurrección es el evento clave de nuestra fe. Creemos en el futuro, tenemos esperanza, y seguimos adelante porque Cristo resucitó. Algunos cristianos tratan de espiritualizar este evento, cuestionando que un cuerpo inerte pudiera levantarse de la muerte. Pero la gran mayoría de los que nos llamamos cristianos confesamos que este fue un evento literal; Cristo había muerto y su cuerpo muerto fue glorificado. Cristo es las primicias de nuestra esperanza de resurrección.

Paramos cada año para reafirmar nuestra confesión, ¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado! Todos los eventos de semana santa nos recuerdan del sacrificio y de la victoria de nuestro Señor. Pero también es importante que recordemos las implicaciones de la obra de Cristo. En los eventos de Semana Santa confesamos que: 1) Los humanos, incluyendo muchos cristianos, queremos una victoria al estilo de los poderes de este mundo. Tendemos a decepcionarnos cuando Cristo no nos da las cosas como nosotros creemos que deben ser. 2) La victoria de Cristo se da por medio del sufrimiento y la muerte. Si seguimos a Cristo, no nos debe sorprender la cruz. 3) La resurrección rompe los esquemas humanos. Dios interviene en la historia humana y nos llama a creer más allá de las normas de la ciencia moderna.

La muerte y resurrección de Cristo nos recuerdan, de nuevo, que sus seguidores necesitamos estar dispuestos a pasar por los eventos de semana santa. Habrá mucha gente que nos celebrará cuando estamos haciendo algo que se parece a lo que ellos quieren, pero que se irán en contra nuestra cuando proclamemos el evangelio. También tenemos que recordar que el servicio al Señor incluye la cruz y que la resurrección sólo se da después de dar nuestra vidas.

Es fácil desalentarnos cuando vemos a un mundo que busca valores que no son los del reino. Es tentador tratar de crear “victorias” políticas o sociales para “defender” el evangelio. Para otros la tentación es seguir los valores populares que se bautizan como derechos. Pero seguir a Cristo significa reconocer que las normas de este mundo no son los valores del reino. Si queremos hacer una diferencia tenemos que ser diferentes, en el poder del Espíritu, no con poder político, social o económico.

El domingo de resurrección es un momento para recordar que somos de otro reino. Que podamos confesar, de nuevo, este día de resurrección que ¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!

(Protestante Digital, 31 de marzo del 2013)

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Aprendiendo a ser una minoría moral

No hace muchos años la Mayoría Moral tenía una voz importante en el partido republicano. La derecha cristiana le ayudó a los republicanos a ganar varias elecciones presidenciales y ellos tenían una voz importante en ese partido político. Varios de los líderes de la derecha cristiana asumían que podían hacer que el país “regresara” a la fe cristiana. Su poder político siguió influyendo hasta las elecciones del 2004.

Por supuesto que la “mayoría moral” siempre suscitó muchas preguntas. Nunca fueron mayoría en el país y su moralidad parecía limitarse a temas del aborto y oponerse al matrimonio del mismo género. En todo lo demás su postura era prácticamente la misma que la derecha republicana.

Sin embargo, la Mayoría Moral era una versión derechista de la postura que anteriormente habían tenido las iglesias protestantes históricas. El cristianismo liberal de las iglesias históricas estaba muy ligado a las posturas políticas y sociales de las clases “educadas” de EEUU. Su postura “cristiana” tenía una moralidad personal, pero ellos asumían que las posturas políticas y sociales del país eran básicamente cristianas. Tanto el protestantismo histórico de mediados del siglo XX como la Mayoría Moral de la última parte del siglo asumían un modelo de cristiandad. Asumían que las sociedad EEUU eran básicamente cristiana y que las posturas y acciones de sus líderes políticos, sociales y económicos reflejaban los valores “cristianos” del país, o debían de hacerlo.

Pero la situación ha cambiado mucho en los primeros años del siglo XXI. Los demócratas están llevando al país hacia el secularismo en nombre del pluralismo. Y recientemente los republicanos están dando a entender que el agenda de la derecha cristiana ya no tendrá mayor voz dentro del partido. Las iglesias cristianas, tanto conservadores como liberales, se están viendo marginalizadas en las plataformas públicas. Su papel público se está limitando a ser capellanes de las acciones políticas de personas que poco valorizan su voz.

Al verse marginalizados muchas iglesias y líderes cristianos están tratando de mantener la voz que tuvieron en el pasado. Todavía están tratando de reproducir la época de la cristiandad. Algunas iglesias lo están haciendo por predicar un “evangelio” que se prácticamente el mismo mensaje de las voces “progresistas” del momento. Su mensaje trata de demostrar que la fe cristiana en verdad se parece a las actitudes libertinas del momento. Asumen que si predican un “evangelio progresista” conseguirán que la gente se acerque a sus iglesias. Sin embargo, siguen perdiendo gente.

Muchas iglesias conservadoras asumen que la respuesta es seguir peleando públicamente contra las tendencias secularizantes. Siguen tratando de “regresar” al país a los valores cristianos del pasado. Tienen una presencia más fuerte entre las iglesias cristianas, pero se están dando cuenta que aún sus supuestos aliados, los republicanos, ya no les están haciendo mucho caso.

También se está viendo una nueva tendencia de huir de la sociedad. Un número creciente de iglesias se están dedicando a ofrecer bienes religiosos y están evitando lidiar con las cuestiones sociales, políticas o económicas controvertidas del momento.

Lo más difícil para las iglesias cristianas, tanto de izquierda como de derecha, es que ya no tienen una voz cantante en la sociedad estadounidense. Aunque la gran mayoría de los estadounidenses se siguen identificando como cristianos, es claro que las iglesias y los líderes cristianos, ya no tienen la influencia pública que tuvieron en otro tiempo. Tampoco se puede anticipar que las personas que se llaman cristianas practiquen valores cristianos, ni que sigan las enseñanzas de sus líderes religiosos. La cristiandad está en pleno declive.

Este es el momento para que los cristianos reconozcamos que necesitamos a aprender a ser una minoría moral. Tenemos que aprender lo que significa ser una minoría fiel en la sociedad. En muchas partes del mundo los cristianos son minoría. Llegó el momento en que los de EEUU necesitamos aprender de ellos sobre lo que significa ser cristianos fieles en un mundo pos-cristiandad.

Mientras unos cristianos quieren seguir a la sociedad, otros quieren pelear y otros huir. Pero la respuesta está en entender la sociedad sin seguirla, tener una voz profética sin vivir peleando y vivir una vida alternativa, sin huir de nuestra responsabilidad en el mundo. Tenemos que aprender a compartir el evangelio en un contexto donde tenemos que ganarnos el derecho de ser escuchados.

Ser una minoría moral significa reconocer que debemos buscar la paz de la ciudad donde vivimos. Nos llama a la humildad de ser siervos de Dios y de nuestro mundo. También implica proclamar el mensaje del evangelio a personas que no tienen trasfondo cristianizado, recordando, de nuevo, que es el Espíritu Santo que transforma las vidas de los que escuchan el mensaje. Nuestra proclamación también tiene que confrontar el pecado, tanto el personal como el social. Tenemos que recordar, de nuevo, que debemos estar en el mundo, pero no ser del mundo. Huir no es opción.

Ser una minoría moral será una tarea compleja para los que estamos impuestos a ser una voz en la cristiandad. Que Dios nos de el valor para ser minoría fiel.

(Protestante Digital, 24 de marzo del 2013)

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El papado en versión latinoamericana

El mundo católico romano celebró esta semana el nombramiento del nuevo papa, Francisco I. Fue una sorpresa siendo que él ni estaba en la lista de los supuestos papables. Su ascensión parece indicar que los cardenales quieren enfocar hacia el futuro y no hacia las crisis que tanto han afectado a la Iglesia Católica Romana. Jorge Mario Bergoglio es el primer papa que no es del hemisferio norte, es el primer jesuita y el primero de las Américas.

Francisco I tiene el potencial de ser un puente entre la iglesia del norte en crisis y la iglesia creciente del sur. Al ser hijo de inmigrante italianos y de un país, Argentina, de tanta migración europea relativamente reciente, él es el tipo de candidato que puede conectar la iglesia antigua de Europa con la iglesia joven del sur. Pero también representa al mundo mayoritario. Mientras la iglesia católica en Europa está en crisis, está creciendo en el sur. Francisco I cambia la cara de la iglesia católica y le da la oportunidad de enfocar en las iglesias crecientes del sur donde viven el 80% de los católicos del mundo.

El nuevo papa refleja una línea que incomoda tanto a derecha como a izquierda. Su teología sigue la línea conservadora de los últimos dos papas y ha luchado fuertemente contra el matrimonio del mismo género en Argentina. Sin embargo, también tiene una fuerte consciencia social. Ha confrontado el capitalismo global y la distribución injusta de los bienes en América Latina. Ha tenido el valor de predicarle directamente a las élites políticas argentinas, particularmente a la administración actual. (Por otro lado, también existen acusaciones contra él por la manera que trató con las autoridades durante la guerra sucia en Argentina.)

La gran mayoría de las reacciones iniciales han sido positivas. Voces tan dispares como el teólogo de liberación Leonardo Boff y las alianzas evangélicas de Argentina respondieron positivamente a su nombramiento. Desarrolló buenas relaciones con las iglesias evangélicas y demostró su compromiso con los pobres y la justicia social durante su tiempo como cardenal en Buenos Aires.

Todavía no ha pasado una semana desde que fue electo y ya ha hecho varias cosas que dan a entender que será un papa muy diferente. No ha utilizado los símbolos de poder del papado y ha dado a entender que va a seguir viviendo la vida sencilla que llevado hasta ahora. Y en su primer sermón a los cardenales les llamó a reconocer que si la Iglesia Católica Romana no cambia podría terminar siendo meramente una ONG de compasión, o digna de compasión.

Sospecho que el papado de Francisco I será definido por el nombre papal que tomó. Por un lado se parecerá a Francisco de Asís, quien recibió el llamado a reconstruir la casa de Dios y de caminar con los pobres y los pequeños. Pero también tendrá una voz profética que confrontará a las autoridades al estilo de Francisco Xavier, el jesuita. Es muy probable que Francisco I sea un papa dispuesto a reformar a la iglesia, a caminar con los pobres, pero también a denunciar a los poderosos. Si logra dirigir a la Iglesia Católica Romana en esa dirección su papado será impactante.

(Protestante Digital, 17 de marzo del 2013)

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El “secuestro” fiscal y los indocumentados

Durante las últimas dos semanas la administración Obama ha estado tratando de persuadir al congreso que trate con el problema del secuestro fiscal (esa decisión política que “resolvió” un problema hace un año y medio atrás, pero ahora ha creado otros más serios). El presidente mismo, y varios de sus voceros, han descrito algunos de los resultados negativos que se darían si se implementa el secuestro tal como está escrito. Varias veces han recurrido a la hipérbole para tratar de motivar al congreso a actuar. Han mencionado recortes a programas federales y estales, demoras en los aeropuertos (por falta de personal), despidos de maestros y varios otros resultados nefastos de permitir que entre en vigor el secuestro.

Uno de las muchas supuestas acciones que tendría que tomar la administración Obama bajo el secuestro sería soltar a miles de indocumentados que están detenidos esperando procesamiento para ser deportados. La implicación es que hacer esto podría tratarle daño al país. Sin embargo, este “peligro” tiene otros matices por causa del debate actual sobre una reforma a las leyes migratorias del país.

El “peligro” de soltar a indocumentados nos recuerda que ha habido un gran abismo entre la retórica del presidente y las acciones de su administración. El prometió trabajar por una reforma desde su primera elección y lo reiteró durante la campaña para su re-elección. Sin embargo, su administración ha deportado a más de un millón de personas durante sus primeros cuatro años como presidencia y la gran mayoría de esas personas calificarían para la legalización, si se fuera a dar. Su administración ha roto todos los récords de deportaciones, sacando a más gente del país en cuatro años que lo que hice el presidente Bush en ocho años. Sus prácticas administrativas han dividido a miles de familias, dejando a miles de niños nacidos en este país sin sus padres.

Es en este momento que la retórica del presidente hacia dos diferentes fines se encuentra en claro conflicto. ¿Es bueno o es malo que los indocumentados tengan oportunidad para legalizarse? Parece que la administración está diciendo las dos cosas a la misma vez. Si el soltar a estas personas en verdad sería un gran mal para EEUU eso nos demuestra que la administración Obama utiliza el asunto de la reforma migratoria como un caballito de campaña sin mayor intención de cumplir con sus promesas políticas.

Sin embargo, parece que el secuestro fiscal está obligando a la administración Obama a poner en práctica su retórica pro-inmigrante. Si uno de los resultados del secuestro fiscal es que se deje de deportar a tantas personas que calificarían para la legalización, entonces tal vez no sea tan mala. Parece que las circunstancias están obligando al presidente a cumplir con sus promesas. Si eso es lo que necesita nuestro presidente para actuar con justicia ¡que siga el secuestro!

(Protestante Digital, 3 de marzo del 2013)

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Tenemos esperanza

Mis padres fueron trabajadores migrantes antes de convertirse y cuando se convirtieron pronto sintieron un llamado al ministerio. Ese llamado los llevó a dedicar sus vidas a trabajar entre los pueblos latinos pobres, primero en Texas y luego en California por más de 30 años. El Señor los llamó a trabajar entre gente campesina que hace trabajos pesados por poco salario y fue allí donde Dios los utilizó para tocar muchas vidas con las buenas nuevas del evangelio. Pero también enfrentaron el hecho de que una comunidad de campesinos tenía poco poder político. Los poderosos de afuera establecieron un depósito de desechos tóxicos que envenenó el agua potable del pueblo y luego utilizaron los impuestos de ese negocio para beneficiar los presupuestos de otros sectores. Fue en ese contexto que yo conocí el evangelio y que también recibí el llamado a ministrar entre las comunidades latinas.

A través de los años hemos visto al Señor obrar en maneras poderosas. Pero también hemos pasado momentos en que hemos tenido ganas de tirar la toalla. Algunas situaciones se ven tan complejas que uno no les ve salida y fácilmente puede llegar a la conclusión que no puede haber cambio. Muchas veces nos sentimos así durante nuestros años en Guatemala. Aunque vimos muchas conversiones, también vimos grandes injusticias. Las estructuras de poder justificaban la opresión de los indígenas, los campesinos y los pobres. Esa injusticia estructural parecía tener la última palabra. Pude entender por qué tanta gente se desalentaba en la tarea de proclamar y vivir el reino, buscando la transformación integral del evangelio.

Sin embargo, fue allí donde escuchamos por primera vez el tango Tenemos Esperanza de Federico Pagura y Homero Perera. Este canto nos ayudó a recordar que seguimos adelante no por la expectativa de nuestros pequeños logros o triunfos. Damos gracias a Dios cuando se dan, pero sabemos que son parciales. Nuestra esperanza no está basada en lo que podemos lograr, sino en lo que Cristo ya logró.

Porque Él entró en el mundo y en la historia

Porque Él quebró el silencio y la agonía

Porque llenó la tierra de su gloria

Porque fue luz en nuestra noche fría.

 

Porque Él nació en un pesebre oscuro

Porque vivió sembrando amor y vida

Porque partió los corazones duros

Y levantó las almas abatidas.

 

Por eso es que hoy tenemos esperanza

Por eso es que hoy luchamos con porfía

Por eso es que hoy miramos con confianza

El porvenir en esta tierra mía.

Por eso es que hoy tenemos esperanza

Por eso es que hoy luchamos con porfía

Por eso es que hoy miramos con confianza

El porvenir.

 

Porque atacó a ambiciosos mercaderes

Y denunció maldad e hipocresía

Porque exaltó a los niños las mujeres

Y rechazó a los que de orgullo ardían.

Porque Él cargó la cruz de nuestras penas

Y saboreó la hiel de nuestros males

Porque aceptó sufrir nuestra condena

Y así morir por todos los mortales

 

Porque una  aurora vio su gran victoria

Sobre la muerte, el miedo, las mentiras

Ya nada puede detener su historia

Ni de su Reino eterno la venida.

Ahora que estoy ministrando en EEUU, de nuevo, necesito recordar constantemente que nuestro ministerio no depende del poder de las iglesias, ni de la influencia política, social o económica que podamos tener en algún momento específico. Soy parte de una estructura fuerte que tiene mucha influencia alrededor del mundo. La tentación es de creer que podemos tener éxito por causa de nuestro tamaño y nuestro nombre. Sin embargo, aquí también necesito recordar que mi esperanza no está basada en lo que tengo o lo que pueda lograr, sino en lo que Cristo ya hizo. Aquí también me frustro cuando veo que nuestras acciones son insuficientes para las situaciones que enfrentamos y que el mal parece triunfar.

Pero eso me hace recordar que la mayoría de cristianos alrededor del mundo están en situaciones donde no tienen poder político, económico o social. Ellos no tienen los privilegios humanos que yo tengo. Pero ellos tienen la misma esperanza. Seguimos proclamando el mensaje del reino y buscando ser agentes de transformación en nuestro mundo. Cristo ya triunfó sobre el mal y sobre la muerte. Y por eso es que hoy tenemos esperanza…. por eso luchamos…. por eso creemos en el futuro de Dios.

(Protestante Digital, 24 de febrero del 2013)

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¿Viendo hacia el sur o hacia el norte?

La renuncia del Papa Benedicto XVI tomó a muchos por sorpresa. Hacía 600 años que no había renunciado un papa y en esa ocasión renunció para resolver un cisma en la Iglesia Católica Romana. Sin embargo, al nombrar al nuevo papa los cardenales tendrán que lidiar con una división grande en la vida de la Iglesia Católica. Tendrán que decidir si escogen un papa que enfoque en las varias crisis que está confrontando el catolicismo en occidente o uno que enfoque en las creciente comunidades católicas del sur.

Muchas personas de occidente, seamos protestantes o católicos, asumimos que los cardenales necesitan enfocar en las crisis financieras y de abuso sexual. También hay muchos en Europa y Norteamérica que argumentan que la Iglesia Católica Romana tiene que “modernizarse” y permitir que se casen los sacerdotes, que mujeres sean sacerdotisas y darle espacio a las minorías sexuales. La secularización de occidente ha creado una crisis en muchas de las instituciones religiosas de Europa y Norte América y muchas personas dicen que las iglesias tienen que cambiar a la luz de las normas sociales cambiantes. Los supuestos implícitos detrás de ese llamado son que 1) las iglesias no tienen futuro apenas que se parezcan a la sociedad a su alrededor y 2) en el futuro el resto del mundo se secularizará al igual que Europa y EEUU. (En otras palabras “nosotros” en el norte somos el futuro.)

Sin embargo, las iglesias, tanto protestantes como católicas, están creciendo rápidamente en el sur. Por ejemplo, para el año 2025 casi la mitad de todos los católicos en el mundo vivirán en América Latina y los dos lugares donde más crecerá el catolicismo será en África y Asia. El catolicismo en Europa sigue decreciendo y en EEUU crece a un nivel pequeño. Pero todo el crecimiento en EEUU se debe a los grupos minoritarios y los inmigrantes. Y son los inmigrantes los que están sosteniendo que el decrecimiento europeo no sea mayor. En 1920 Hilaire Belloc afirmó que “Europa es la Iglesia y la Iglesia es Europa” (en Europe and the Faith). Claramente eso ya no es verdad.

El centro demográfico de las iglesias cristianas está en el sur, aunque el poder, el dinero y las estructuras están en el norte. La tentación que tenemos los que estamos en el norte es creer que nuestras agendas deben regirnos al planificar para el futuro. Muchas denominaciones protestantes en EEUU y Europa están decreciendo, mientras sus iglesias hermanas en el sur están creciendo rápidamente. Sin embargo, las iglesias protestantes del norte asumen que sus agendas son las más importantes y que el futuro se parecerá más a ellos que a las iglesias hermanas más dinámicas del sur.

Las necesidades de las iglesias crecientes son muy diferentes a las de las iglesias que están declinando. También quisiera sugerir que ellas tienen mucho que enseñarnos sobre la espiritualidad y dinamismo de una fe viva. Sin embargo, a los de EEUU y Europa nos costará mucho aceptar que los del sur tengan algo profundo que enseñarnos sobre la fe y la vida. También nos será difícil escuchar sus voces al pensar en los temas candentes que están enfrentando nuestras iglesias.

Sin embargo, el crecimiento de las iglesias del sur nos obliga a lidiar con muchas preguntas difíciles. ¿Cuál será nuestra brújula al desarrollar la visión y el liderazgo que necesitan las iglesias en el futuro, las crisis del norte o el crecimiento del sur (y los retos que presentan esos cristianos)? La mayoría de los cardenales de la Iglesia Católica Romana son del norte, así que ellos tendrán que enfrentar ese asunto a su manera. Pero quisiera sugerir que las iglesias evangélicas enfrentamos una situación similar. ¿Nos dejaremos guiar por lo que Dios está haciendo en el sur o insistiremos en seguir orientándonos por lo que “fue” en EEUU y Europa?

(Protestante Digital, 12 de febrero del 2013)

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King, Vietnam y la guerra contra el terrorismo de Obama

El día 4 de abril de 1967 el Dr. Martin Luther King Jr. presentó un discurso en que conectó su compromiso con los derechos civiles a su oposición a la guerra en Vietnam. Beyond Vietnam: A Time to Break Silence fue presentado en la Iglesia Riverside de Nueva York. Ese mismo mes (30 de abril) predicó It´s a Dark Day in Our Nation en la iglesia que él pastoreaba, la Iglesia Bautista Ebenezer, en el cual reiteró mucho de lo que dijo en el primer discurso.

El Dr. King argumentó que su compromiso a favor de los derechos civiles lo llevaba a su oposición a la guerra en Vietnam. En los dos discursos confronta el hecho de que hay dinero para las armas y la guerra, pero no para los pobres de este país. Confronta la arrogancia occidental que asume que EEUU puede definir la realidad para el resto del mundo, sirviendo como un policía, aunque no fue invitado a meterse en los asuntos ajenos. El conecta el racismo, la explotación económica y el militarismo para decir que la guerra en Vietnam tenía más que ver con los intereses económicos nuestros que con las necesidades del pueblo de Vietnam. EEUU estaba plenamente dispuesto a defender a un gobierno corrupto y violento con tal de conseguir lo que quería. Como resultado estaban muriendo niños e inocentes en nombre de la libertad.

Al tomar esta postura el Rvdo. King se enfrenta al presidente Johnson, con quien había trabajado para conseguir que se aprobara la legislación a favor de los derechos civiles. Sin embargo, reconoce que “viene el momento cuando el silencio es traición”. King hace la declaración de que Dios le quita el poder a los arrogantes y que teme que eso sea lo que le pase a EEUU.

Quisiera sugerir que estamos en una situación similar al momento. La administración Obama está trabajando a favor de los derechos de los indocumentados al mismo tiempo que está justificando matar a estadounidenses sin derecho judicial, aunque no estén creando una amenaza inmediata. También justifica el uso de los aviones robot que matan a terroristas, pero también a personas inocentes a su alrededor. Durante esta semana pasada el congreso estuvo tratando tanto la reforma migratoria como los asesinatos extra-judiciales. Y hay muchas personas en cárceles extra-judiciales que nunca tendrán el derecho de defenderse contra sus acusadores, porque no se hará una acusación formal, ni tampoco se les dejará ir.

Estos debates también se están dando en medio de las crisis presupuestaria del país. Ya se ha gastado más de un trillón de dólares en las guerras de Irak y Afganistán. Pero se está hablando de hacer más recortes en los programas de ayuda a los necesitados de este país. El gobierno ni puede recortar los proyectos militares que el mismo ejército dice no necesitar. Y la administración Obama apoyó a las dictaduras del medio oriente y no cambió su postura hasta que se vio enfrentado con la primavera árabe.

Sospecho que el Dr. King se encontraría en la misma tensión con el presidente Obama que tuvo con el presidente Johnson. Apreciaría el apoyo, pero también tendría que decir que “viene el momento cuando el silencio es traición”. Nuestro país gasta más en armamentos que todo el resto del mundo. Seguimos matando a inocentes en nombre de la seguridad nacional. Y nuestro presidente defiende la perspectiva de que se puede matar a estadounidenses sin acusación formal, ni verificación externa.

Tal como lo hizo King en su momento hoy también hay que denunciar el mal aunque lo esté haciendo alguien como Obama que está luchando por el bien en otras áreas. Como cristiano también tengo que denunciar que “viene el momento cuando el silencio es traición” tanto a Dios como a la patria. Y por eso hago un paráfrasis de King: La guerra contra el terrorismo no puede justificar la injusticia contra los inocentes. Tampoco puede absorber el presupuesto que podría ayudar a los necesitados. Porque soy cristiano y porque creo en mi patria, no puedo guardar silencio.

(Protestante Digital, 10 de febrero del 2013)

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