Category: Biblia

Hacia la prosperidad bíblica

“No os hagáis tesoros en la tierra… Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19-21)

Cada día aparece otro libro u otro seminario que me promete la fórmula bíblica para la prosperidad material. El argumento básico de cada uno es que Dios quiere darnos bienes materiales y que lo que falta es nuestra disposición de creerle y de tomar los pasos indicados, por el autor, para conseguir todo lo que Dios tiene para nosotros. Todos los libros presentan ejemplos de personas que han conseguido la prosperidad material por medio de seguir los consejos propuestos. Muchos de estos libros utilizan una interpretación bíblica muy dudosa para “probar” que la prosperidad material es señal de la bendición divina y que la falta de bienes materiales es prueba de que la persona no tiene suficiente fe o que tiene algún pecado que necesita confesar. En última instancia cada uno de estos libros busca enseñarnos como conseguir más prosperidad material.

Sin embargo, Jesús claramente plantea una perspectiva muy diferente de la prosperidad. En Mateo 6:19-21 nos presenta dos principios claves para entender la prosperidad en sentido bíblico. En primer lugar nos llama a reconocer la diferencia entre acumular cosas aquí en la tierra y desarrollar un tesoro celestial. Nos confronta con la realidad de que toda acumulación terrenal es temporal. El dinero o las acciones pueden perder su valor, las cosas pueden ser destruidas y todo lo que tenemos puede ser robado. En otras palabras, ningún bien material tiene un valor seguro. Los bienes de este mundo no son seguros, ni me pueden garantizar la vida en este mundo, y mucho menos en el más allá. Lo único que tiene valor eterno es lo que se invierte en la eternidad, en el servicio a Dios y a otros.

El segundo principio es muy claro, directo y obvio. Mi “corazón” (mente, enfoque) estará en lo que considero más importante. Si mi fin es la prosperidad material, allí pondré mi enfoque. Pero si mi fin es seguir a Cristo y obtener el tesoro eterno, entonces allí estará mis esfuerzos.

En este pasaje Jesús no se preocupa por lo que tengo o no tengo. Aquí él se enfoca en lo que hago con lo que tengo. En el “Padre Nuestro” presentado pocos versículos antes (Mateo 6:9-13) él nos invita a pedir por el pan de cada día. Así que claramente es voluntad de Dios que tengamos lo que necesitamos. Sin embargo, el enfoque en este pasaje es sobre lo que hago con lo que tengo, sea poco o sea mucho. La prosperidad que Jesús quiere para nosotros es la eterna, la de los cielos. El quiere que enfoquemos nuestra energía y nuestro esfuerzo en el tesoro eterno, el que se gana por dar, no por recibir.

La pregunta clave en la prosperidad que presenta Jesús no es: ¿cómo consigo más? El nos invita a preguntarnos ¿para qué quiero más? La prosperidad bíblica no se mide por lo que consigo, sino por lo que doy. Tampoco doy para que Dios me de más, sino que doy porque Dios ya me ha dado y por qué reconozco que ese es el tesoro eterno. Si ganamos más para acumular más, ya tenemos nuestro tesoro aquí en la tierra. Pero si ganamos más para dar aún mucho más, entonces estamos trabajando a favor del tesoro eterno. ¿Para qué quiero más?

(INTER, Agosto 2008)

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Aprendiendo el gozo de dar en secreto

“Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:3-4)

En esta porción del Sermón de Monte Jesús nos invita a preguntarnos ¿qué esperamos cuando damos? Vivimos en un mundo donde la persona que da más le pone su nombre a iglesias, edificios y ministerios. Las grandes instituciones cristianas tienen plaquetas en las cuales identifican a sus donantes y el nivel de su generosidad.

Yo doy gracias a Dios por las personas que dan para los ministerios cristianos con generosidad. Que Dios multiplique su tribu. Sin embargo, en este pasaje Jesús nos invita a profundizar la motivación de nuestras ofrendas. En Mateo 6:2-4 Jesús nos presenta una situación muy similar a la del día de hoy. En ese tiempo, como ahora, había mucha gente que daba en formas muy públicas. Anunciaban su donativo para que todos pudieran ver su “generosidad”. Según Jesús, estas personas recibían la recompensa que buscaban (Mateo 6:2). Querían que la gente reconociera lo que estaban haciendo y recibían el halago de otros. Al hacer público su donativo conseguían el reconocimiento de las personas a su alrededor.

Sin embargo, aquí Jesús nos está invitando a dar con una perspectiva más profunda, donde lo que se busca es bendecir a otros y dejar que sea Dios quien dé recompensas. Jesús nos está invitando al gozo de ser sus agentes secretos a través del donativo anónimo.

Una de las maneras más sencillas y directas de hacer lo que Jesús dijo es por medio de ayudar a personas necesitadas sin que ellas sepan que usted les ayudó. Que rica bendición es escuchar a una persona necesitada dar testimonio de que fue Dios quien le proveyó. La persona que dio la ayuda permitió que Dios le usara y que Dios recibiera toda la gloria por lo ocurrido. ¡Que tremenda oportunidad de servir para gloria de Dios!

Estamos pasando un momento económico difícil en que todo se está poniendo más caro y cada vez parece que hay menos dinero para dar y para ayudar al necesitado. Sin embargo, es en este tipo de situación cuando también supe el nivel de necesidad. El Señor está buscando personas que estén dispuestas a dar con gozo y sacrificio, sin reconocimiento público. Nos invita a esperar la recompensa divina, el “bien hecho” de quien quiere bendecir a otros a través de nosotros.

Le invito a estar atento a las maneras que Dios le quiere utilizar como dador anónimo. Tal vez sea una persona necesitada en su comunidad, iglesia o familia. Es posible que Dios le esté invitando a dar a un ministerio sin que se publique su nombre. Dios le quiere utilizar el día de hoy para bendecir a otros a través de su ofrenda secreta. Dé con gozo y generosidad y permita que sea Dios quien le dé la recompensa.

(Originalmente en EL INTER, Junio 2008)

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Latinos – Una comunidad con una fe viva en Dios

En los últimos años se han hecho varios estudios importantes que demuestran la fuerte religiosidad de la comunidad Latina. Lo que está claro es que la gran mayoría de latinos creemos en Dios como alguien que se hace presente en la vida diaria. Somos pueblos de fuerte devoción religiosa que se manifiesta en una búsqueda de Dios en la vida diaria (lo cotidiano) a través de la devoción, la oración, la participación en estudios bíblicos y en ser parte activa de iglesias. Esa fe en Dios es parte del marco que define la cultura latina. Difícilmente se puede describir a la comunidad latina sin tomar en cuenta la profundidad de la fe, la devoción religiosa y la expectativa de que Dios es parte de la realidad humana. Todo esto refleja una cosmovisión en que Dios y la presencia de seres espirituales son parte de la experiencia humana.

El creer en la presencia activa de Dios en la realidad humana crea un ambiente de esperanza, aun en medio de circunstancias muy difíciles. Dicha esperanza hace posible desarrollar programas de apoyo y unir a la comunidad para lidiar con sus necesidades. Existe una disposición a hacer sacrificios para responder a problemas complejos porque se tiene fe en la presencia de Dios a nuestro lado. Ese sentido de sacrificio y esperanza hace posible seguir aun cuando el proceso es lento y no se ven resultados inmediatos.

También es posible apelar a ciertas experiencias religiosas comunes, o a aspectos comunes, a la hora de ministrar dentro de la comunidad. Tenemos variedades de expresiones religiosas, pero la gran mayoría compartimos una cosmovisión religiosa y espiritual similar. Esto es muy diferente a la religiosidad más racional que es común en muchos países de occidente. Dios no es un concepto doctrinal, sino una relación y una experiencia de la vida cotidiana. Esa experiencia se vive en conjunto con otros en la vida de la iglesia o las devociones populares.

Esta fe en Dios se demuestra en la manera que se lee la Biblia. La Biblia nos habla y nos llama a escuchar a Dios. Esa lectura devocional y precrítica nos invita a leer la experiencia latina a la luz de la presencia divina. En medio de la pobreza y la marginalización se encuentra al Dios que me ofrece ser persona de valor, hija suya, en el poder del Espíritu Santo.

Creer en Dios es también acercarse para adorarle desde lo profundo del ser. El culto evangélico es participativo, apasionado, multicultural, una fiesta en la cual se celebra a Dios. Esa adoración se puede llevar acabo en hogares o en lugares de culto muy sencillos, porque existe un sentir claro de la presencia de Dios en todo lugar donde se reúne su pueblo.

(Caminando entre el pueblo, páginas 60-62)

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Amando a los musulmanes

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen…” (Mateo 5:43-48)

Desde el 11 de septiembre del 2001 se ha hecho popular el islamofobia (temor a todo lo que tiene que ver con el Islam y a los musulmanes en particular) entre muchos cristianos evangélicos. Regularmente oigo comentarios falsos sobre lo que enseña el Islam y declaraciones racistas que se esconden detrás de “análisis serios”. El temor ha creado un ambiente que hace difícil entender las complejidades del mundo islámico, ni de la gran variedad de creencias entre los musulmanes, incluyendo aquellos que confiesan a Jesús como mesías y salvador. Claramente las acciones de musulmanes extremistas han tenido un impacto sobre el pensamiento de muchos cristianos evangélicos.

En el sermón del monte Jesús reconoce que sus seguidores tendrán enemigos, personas que les querrán hacer daño o con quien tendrán relaciones de plena desconfianza. Su invitación no es a negar lo obvio, sino a responder a esa realidad de una forma diferente a lo común. Si los musulmanes, a lo menos los radicales, son nuestros enemigos y si nos maldicen, Jesús nos ha dado instrucciones claras de cómo responder. Hemos de demostrarles amor y bendecirles.

El mandato de Jesús, no es algo simplista, ni se debe tomar a la ligera. Si lo tomamos en serio tendremos que hacer muchos sacrificios y aun posiblemente tendremos que ir en contra de las posturas de amigos y hermanos. Sin embargo, quisiera sugerir algunos pasos que nos podrían ayudar a caminar hacia el cumplimiento de amar y bendecir a los musulmanes:

1. Relacionarme con musulmanes – Hay miles de musulmanes en el área de Los Ángeles, incluyendo personas de trasfondo latino. Le invito a conocerse con algún musulmán y crear una relación de confianza y respecto.

2. Estudiar acerca del Islam – Mucho de lo que se dice acerca del Islam refleja ignorancia y medias verdades. Tome el tiempo para conocer lo que enseña el Corán. Aprenda acerca de las sectas y las escuelas de pensamiento en el Islam. Esto le ayudará a poder analizar las diferencias muy grandes que existen entre los musulmanes y también entender porqué han surgido los movimientos extremistas en el Islam.

3. Conocer y apoyar a los misioneros que trabajan en el mundo musulmán – El día de hoy hay muchas personas del mundo de habla hispana sirviendo al Señor entre los musulmanes. Ellos necesitan nuestras oraciones y apoyo económico. Estas personas también nos pueden ayudar a entender y a amar a los pueblos islámicos.

4. Apoyar a los cristianos en el medio oriente – Las iglesias cristianas en algunas partes del medio oriente están en crisis. Las acciones de Israel en Palestina han causado que la gran mayoría de los creyentes palestinos tengan que abandonar la tierra santa.  Desde la invasión de Irak han tenido que huir más de la mitad de los cristianos que vivían en ese país. Necesitamos buscar políticas que ayuden a nuestros hermanos en el medio oriente, reconociendo que muchas de las acciones estadounidenses en el medio oriente le están haciendo daño profundo a la iglesia en la región.

Que el Señor nos de el valor para amar y bendecir a nuestros “enemigos” musulmanes.

(EL INTER, Febrero 2008).

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¿Qué si Jesús no se equivocó?

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo… Pero yo os digo: No resistáis al que es malo…” (Mateo 5:38-42)

Vivimos en un mundo de violencia profunda. El terrorismo mundial ha matado a muchos y la respuesta de los ejércitos ha matado a muchos más. La violencia de las mafias y las pandillas demandan una respuesta fuerte de parte de las autoridades. Vivimos armados, dispuestos a utilizar la violencia para defendernos de la violencia de otros.

Es por eso que estas palabras de Jesús nos suenan tan fuera de nuestra realidad. Nosotros sabemos que se tiene que castigar al malo, que la violencia criminal sólo se parará con la acción policial violenta, que el terrorismo tiene que ser atacado por los ejércitos y que yo me tengo que proteger del que me quiere hacer daño. A través de los siglos a la mayoría de cristianos les ha costado mucho entender estos versículos. Algunos dicen que estas palabras son para el reino futuro y no son para nosotros hoy. Otros afirman que sólo se deben aplicar en lo personal y que el cristiano puede y debe utilizar la violencia para tratar con la violencia del mal o del terrorismo. Seguro que Jesús se equivocó. ¡Los cristianos debemos resistir al malo!

A través de los siglos muchos cristianos han optado por tomar muy en serio las palabras de Jesús. Una de las historias que más me ha tocado es la de Dirck Willems de Holanda. En 1569 estaba siendo perseguido por ser cristiano. Comenzó a cruzar un río congelado. Al estar cruzando escuchó que su perseguidor cayó en una rotura en el hielo y se estaba ahogando. En vez de tomar esto como la “liberación” del Señor decidió regresar y rescató a su perseguidor. El perseguidor lo arrestó y a los pocos días Dirck murió en una hoguera. Perdió su vida para salvar la vida del que lo llevó a la muerte.

¿Qué si Jesús no se equivocó? ¿Qué si Jesús nos está invitando a tratar con la violencia y el mal por medio del amor, tal como él lo hizo en la cruz por nosotros? ¿Cómo serían diferentes nuestras reacciones al malo, si fuéramos a tomar en serio lo que dijo Jesús en este texto? ¿Qué si fuéramos a responder al mal con el amor del Señor?

Estos textos nos invitan a demostrar el amor de Cristo hacia los que “no lo merecen” y que probablemente tratarían de destruirnos si actuamos con amor. En la cruz Jesús dio su vida por los que “no merecíamos” su amor, sino más bien su castigo. Imagínense cristianos que arriesgan sus vidas para ayudar al que les ha hecho mal. Imagínense cristianos que le dan al que les quiero quitar a la fuerza. Imagínense cristianos que prefieren sufrir el martirio en vez de utilizar la violencia para defender la causa cristiana. Imagínense cristianos que trabajan por la reconciliación con sus enemigos en nombre de Cristo. ¿Cómo sería diferente nuestro testimonio como cristianos si tomáramos en serio estas palabras de Jesús?

(EL INTER, Noviembre 2007)

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¿Cuánto vale mi palabra?

“… No juréis en ninguna manera…pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no…” (Mateo 5:32-37)

Vivimos en un mundo donde la honestidad brilla por su ausencia. Se nos venden productos a base de promesas que no se pueden cumplir. Los políticos nos comprometen con información a medias o con mentiras. Aun en la iglesia encontramos pastores y líderes que mienten utilizando la Palabra y se cubren bajo el manto de autoridad o posición. No nos debe sorprender que nadie le cree a nadie.

Cuando Jesús dijo las palabras en Mateo 5:32-37 los líderes religiosos de su día había desarrollado todo un proceso para “garantizar” la veracidad de la palabra de alguna persona. La fiabilidad del testimonio de una persona dependía de lo que estaba dispuesto a utilizar como base de su juramento. Era algo así como la costumbre entre algunos entre nosotros de jurar “por mi madre.” Se tomaba por sentado de que no se podía confiar en la palabra de alguna persona, apenas que estuviera dispuesta a jurar por algo de mucho valor espiritual. Se “tomada a Dios por testigo” en el asunto, asumiendo que la persona temería mentir si Dios era testigo. Parece que si no se tomaba a Dios por testigo no tenía porque temer mentir.

El día de hoy se nos llama a jurar sobre la Biblia o ante Dios como una manera de “garantizar” que la persona va a decir la verdad. También existe el temor del castigo si los sistemas legales pescan a la persona en una mentira. Todo esto nos confirma que solo se puede asegurar la veracidad de lo que dice alguna persona si existe el peligro de castigo, en esta vida o en la venidera.

Jesús invita a los ciudadanos del reino a ser personas que no necesitan jurar para persuadir a otros de la veracidad de su palabra. Nos llama a no jurar, a no hacernos parte de un juego en que la mentira y la verdad son negociables dependiendo del peligro o del castigo que podríamos recibir.

Ser “persona de palabra” es un valor que buscamos en otros, pero que nos cuesta practicar cuando nos encontramos en situaciones difíciles. Es más fácil mentir o contar medias verdades, siendo que no “juramos” decir la verdad. Siendo que así actúan nuestros líderes, es fácil justificarlo.

El jurar es para los que no se les puede confiar la palabra. Jesús nos invita a ser personas que nunca tienen que jurar, ni se les tiene que requerir el juramento porque la gente sabe que vamos a decir la verdad, aunque nos cueste.

El texto nos llama a ser personas transparentes en nuestra palabra. El mundo necesita el testimonio de creyentes a quienes no se les tiene que interpretar sus palabras para ver sin son fiables, ni cuestionar si están hablando “evangelásticamente”. ¿Qué contestarían nuestros amigos, familiares, hijos, compañeros de trabajo o hermanos en la iglesia si le fuéramos a hacer la pregunta que sirve de título de este artículo?

(El INTER, Octubre 2007)

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Testimonio transformador

Vosotros sois la sal de la tierra… la luz del mundo… una ciudad (Mateo 5:13-15)

Estos textos son un reto incómodo a mi vida. Nos invitan a pensar, de nuevo, sobre nuestra razón de ser como iglesia de Cristo Jesús. Jesús utiliza varias imágenes en Mateo 5 para describir nuestra misión aquí en la tierra. Inmediatamente después de hablar de la persecución Jesús describe a los creyentes como personas que deben tener un impacto en su mundo. Parece que Jesús nos dice que existe una relación entre nuestra disposición a sufrir por su causa y nuestro testimonio en el mundo.

Las imágenes de sal, luz y una ciudad describen el efecto transformador que deben tener los cristianos. Jesús nos describe como agentes de cambio en el mundo. En el tiempo de Jesús la sal se utilizaba para purificar y para preservar. Ser sal significa trabajar para que la sociedad no se degenere, ni se decomponga. La luz debe alumbrar el camino de los que no encuentran dirección para sus vidas. Y la ciudad nos habla de un testimonio público que puede ser visto por todos.

La invitación de Jesús no es tanto a una presencia pública, sino a un impacto público. Es posible que la oposición o la persecución limiten nuestra presencia pública. Sin embargo, nuestra vivencia, nuestra proclamación y nuestra participación social deben producir un cambio en nuestro mundo.

Esta responsabilidad transformadora nos invita a hacernos una serie de preguntas. ¿Qué piensan nuestros vecinos no creyentes de nuestra iglesia? ¿Qué papel jugamos como creyentes entre nuestros familiares no creyentes? ¿Qué impacto tenemos en las estructuras sociales locales, tales como las escuelas, los comercios, la policía, o el gobierno local? ¿Estamos cumpliendo con nuestra tarea transformadora? ¿Qué señales vemos de nuestro impacto?

Sabemos que vivimos en un mundo de pecado y que nunca veremos una transformación total hasta que Cristo sea Señor de todo. Pero ser sal, luz y una ciudad implica que trabajamos hacia la transformación dando señales del futuro divino. Dios nos invita a ser agentes de cambio trayendo bienestar tanto a creyentes como a no creyentes.

El proceso puede ser incómodo porque implica salir de nuestro mundo privado, a cambiar nuestra agenda que enfoca en lo nuestro y a buscar maneras de tener un impacto positivo en nuestro alrededor. Sea en el trabajo, las fiestas familiares, la escuela de nuestros hijos, las asociaciones de vecinos o en cualquier interacción pública, la invitación es de buscar maneras de traer cambios que bendigan a todos.

Nos invito estos días a pedirle al Señor que nos enseñe donde podemos tener un impacto transformador. Tal vez implique hacerle un bien a un vecino, comunicarse con los que educan a nuestros hijos, bendecir a nuestros colegas de trabajo, visitar al asilo de ancianos, invitar a un familiar distanciado a almorzar, participar en su asociación de vecinos o involucrarse en el gobierno local de su ciudad. Sea el acto que sea, que nuestra visión sea ser agentes de bien. Haciendo eso podremos cumplir con nuestra tarea de ser sal, luz y una ciudad.

(La versión original apareció en EL INTER, Febrero 2007)

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Un manso “menso”

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Mateo 5:5)

Desde chico me inquietó esta bienaventuranza. Algunos creyentes a mi alrededor me decían: “Soy manso, pero no soy menso”. La implicación era clara. Era difícil tomar en serio esta palabra de Jesús porque daba la impresión de que el manso no entendía “la realidad de nuestro mundo”. Queríamos seguir a Cristo, pero no queríamos que la gente nos viera como “mensos”.

La bienaventuranza parece referirse al Salmo 37:11. Este salmo hace un contraste entre los que creen que ellos son el centro de su existencia y los que dependen plenamente de Dios. Los mansos del Salmo 37 no son personas débiles o pasivas, sino personas que han aprendido que su existencia no depende de ellos mismos, sino de Dios.

Vivimos en un mundo que celebra el poder, la fama, el dinero y la belleza. Parece ser que nuestro mundo es de los que tienen esas cosas. Los países poderosos se imponen sobre los débiles. Los medios masivos constantemente enfocan en los famosos. Tienen tanta influencia que aun los cristianos buscamos vestirnos como ellos y compramos lo que ellos nos recomiendan. Y de los que tienen dinero y belleza… ni se diga.

Jesús nos invita a reconocer que los valores que celebra nuestro mundo son efímeros. Parecen ser de valor supremo porque son vistos desde la perspectiva única de esta vida, sin tomar en cuenta el reino y los valores eternos. Si Dios no existe y no hay vida más allá de la muerte entonces son los poderosos, los famosos, los ricos y los bellos que se quedarán con la tierra.

Muchos cristianos vivimos como que en verdad no creemos en la resurrección de los muertos y la vida eterna. En vez de reconocer lo efímero de los valores de este mundo, pasamos nuestro tiempo persiguiéndolos y aun justificándolos como bendición divina. Muchos estudios han demostrado que los evangélicos en este país no vivimos diferentes de los que no se llaman evangélicos.

Esta bienaventuranza nos invita a celebrar la gracia divina, en vez de los valores de este mundo. El poder, la fama, el dinero y la belleza todos dependen de que unos tengan y otros se queden fuera. Pero el poder no crea seguridad, sino temor del que tiene más poder. La fama pasa. El dinero nunca es suficiente. Y todos nos pondremos viejos.

El manso tiene claro que lo más importante son los valores divinos. Vive en la libertad de no estar atado a valores que se acaban. Conoce la gracia de Dios que es para todos sin distinción de poder, fama, dinero o belleza. Cuando termine la historia humana, no serán los poderosos y los violentos los que se quedarán con la tierra, sino que serán los mansos que se sentarán con el Cordero “manso y humilde”. La invitación de esta bienaventuranza es vivir hoy como que creemos en ese futuro divino. Aunque me digan “menso”, quiero ser manso, por la gracia de Dios.

(EL INTER, Septiembre 2006)

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Bienaventurados los pacificadores

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9)

Las noticias de estos días están enfocadas en la guerra en el Medio Oriente. Aquí en Estados Unidos la gran mayoría, incluyendo a líderes cristianos, defienden el derecho de Israel, mientras que para la mayoría en el mundo musulmán, Israel es visto como el causante del problema, particularmente por su trato hacia los palestinos. Y la respuesta de los dos lados es justificar la violencia contra el otro. Siendo que los dos están seguros que su causa es justa y que Dios está de su lado el quitarle la vida a inocentes o destruir la infraestructura de otros es visto como legítimo. Algunos cristianos hasta parecen estar contentos con la guerra siendo que la ven como posible señal de la pronta venida de Cristo.

Pero es ese Cristo que esperamos el que nos da la bienaventuranza de Mateo 5:9. Vivimos en un mundo de pecado y sabemos que las guerras son causadas por el pecado humano (Santiago 4:1-2). También sabemos que el que toma la espada, perecerá por ella (Mateo 26:52). Sin embargo, Cristo viene predicando un mensaje de reconciliación, primero con Dios, luego entre humanos, con la creación y con nosotros mismos. Como seguidores de Cristo Jesús somos llamados a ser agentes de esa reconciliación (2 Corintios 5:17-21).

En el Sermón del Monte Cristo llama bienaventurada a la persona que está dispuesta a buscar la paz entre los que están en conflicto. Esto es difícil en cualquier tipo de conflicto, sea personal o internacional. Quien opta por buscar la reconciliación muchas veces será visto como un idealista que “no entiende las realidades de nuestro mundo” o como uno que favorece al “enemigo”.

Para recibir la bendición de ser llamados hijos de Dios necesitamos intervenir donde hay conflicto. En primer lugar, debemos estar orando que Dios traiga paz y justicia a toda situación donde no la hay hoy. Pero también necesitamos estar dispuestos a ser agentes de reconciliación en situaciones difíciles. Tal vez sea ayudando a una pareja o familia que está en conflicto. Posiblemente signifique ser parte de los esfuerzos por traer reconciliación entre jóvenes latinos y afro-americanos en Los Angeles. O tal vez Dios quiere que usted se involucre directamente en buscar la reconciliación entre palestinos e israelís. Ninguna de estas opciones serán fáciles y tal vez su participación lo ponga en peligro. Pero es allí donde Dios está invitando a personas que desean esta bendición. Ya hay hermanas y hermanos siendo pacificadores en cada una de estas situaciones. [Oremos que Dios les ayude a ser agentes de paz entre gente que se odia.]

Creo que muchos de nosotros no queremos esta bienaventuranza. Cuesta demasiado caro predicar la esperanza del evangelio en situaciones de conflicto o guerra. A Cristo le costó morir en la cruz. Pero es en el proceso de buscar la reconciliación entre parejas, entre latinos y afro-americanos o entre israelís y palestinos donde demostramos la realidad del evangelio que predicamos. Busquemos la bendición de ser llamados hijos e hijas de Dios.

(Originalmente en EL INTER, Agosto 2006)

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Salmo 148 – La creación alaba al Señor

La Sinfonía de Dios

El domingo pasado prediqué sobre el Salmo 148 en la iglesia (Iglesia del Pacto, Eagle Rock). Gustavo Sandrigo produjo este video para ilustrar el sermón utilizando el canto de Steve Green. Les invito a reflexionar sobre las implicaciones de creer que Dios es creador del universo en el cual vivimos.

Si creemos que Dios es creador:

1. Nos vamos a acercar a la creación con asombro, queriendo “escuchar” la sinfonía divina.

2. Nos vamos a acercar a la creación con cuidado, reconociendo que no debemos estropear la sinfonía de Dios.

3. Reconocemos que la alabanza nos pone en sintonía con la sinfonía divina. Debemos vivir nuestra vida en actitud de alabanza uniéndonos a la sinfonía en palabra y acción.

4. Debemos invitar a otros a unirse a la sinfonía divina.

Espero que disfruten el video.

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