Category: Misión

Pensando en mi iglesia

Tengo el privilegio de ser parte de una iglesia muy amorosa. La Iglesia del Pacto de Eagle Park es una congregación muy amorosa que nos ha bendecido mucho. Es un reflejo del amor divino, pero también de la realidad latina en los Estados Unidos. Se parece mucho a la descripción que hice de las iglesias latinas en Caminando entre el pueblo. Lo repito en celebración de mi congregación.

Las iglesias evangélicas latinas son un reflejo de sus miembros y de las personas a las cuales ministran. Los latinos en los Estados Unidos son un pueblo en movimiento. Muchos latinos llegaron como inmigrantes de otro país, pero también son muchos los latinos que se siguen moviendo a través del país. Tanto latinos nacidos en este país como personas recién llegadas se están moviendo buscando mejores oportunidades de trabajo, vivienda o educación. Los jóvenes se mueven para abrirse nuevas oportunidades. Muchas iglesias tienen que desarrollar sus programas y proyectos sobre la premisa de que su gente se irá después de algún tiempo y que gente nueva vendrá a tomar su lugar.

Muchas iglesias latinas se sienten tan tentativas como sus miembros. Alquilan locales en medio de las zonas urbanas. Utilizan los edificios de otras iglesias cuando éstas no los están usando. Algunas se tienen que mudar cada vez que el dueño del edificio quiere subir el alquilar o que la iglesia que les ha alquilado decide cambiar su enfoque ministerial. Sin embargo, estas iglesias están donde está la comunidad latina. Viven la experiencia peregrina y exiliada de la comunidad. Están en movimiento porque esa es la realidad del pueblo.

Ese movimiento sirve como el ímpetu para el establecimiento de iglesias latinas a través del país. En cualquier lugar donde se establecen latinos hay creyentes que forman una congregación. En esos lugares existen denominaciones y ministerios listos para apoyarles en la tarea. Así que el movimiento abre nuevas oportunidades de ministerio al mismo tiempo que dificulta el proceso de consolidar los ministerios ya existentes.

La gran mayoría de las iglesias latinas están en los barrios, comunidades latinas y campos marginados. Siendo que muchos latinos viven en lugares marginales no es de sorprender que allí estén las congregaciones. Estas iglesias también reflejan la marginalidad de la comunidad latina en muchas maneras. La mayoría de sus miembros tienden a ser personas marginalizadas por la sociedad. Hacen los trabajos de menos prestigio y muchas veces están en posiciones “invisibles”. Su mano de obra es indispensable, pero su presencia es cuestionada, particularmente si son indocumentados o si la comunidad en general así los percibe. Por lo general tienen menos educación formal que la población mayoritaria y las escuelas en los sectores donde ellos viven suelen tener muchas deficiencias. Por lo general estas comunidades adolecen además de otros servicios sociales básicos.

La percepción de marginalidad se ve en las denominaciones de las cuales estas iglesias son parte. Generalmente, las iglesias latinas son percibidas como pequeñas y débiles, dependientes de la estructura denominacional, sin poder hacer mayor contribución en la vida de las iglesias. Es en la marginalidad donde está la gente necesitada y desde donde se le puede levantar. Muchas iglesias latinas son lugares donde personas marginadas encuentran esperanza y un espacio para desarrollarse. Reciben el poder divino para levantarse de situaciones destructivas. Y, además, tienen la oportunidad de desarrollarse como personas. Pueden ser líderes aunque no se les dé mucha oportunidad en otros contextos. Aprenden que delante de Dios son personas de valor, aun cuando otros los desprecien. La iglesia latina también es un lugar donde la gente encuentra ayuda y apoyo, necesitados entre necesitados dispuestos a ayudarse unos a otros.

Caminando entre el pueblo (p. 73, 74)

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¿Dónde encontraré el verdadero avivamiento?

Nunca os conocí … (Mateo 7:22, 23)

¿Será posible hacer milagros en nombre de Jesús sin conocer al Señor? Las palabras de Jesús en Mateo 7:22, 23 son un ejemplo de los dichos “difíciles” de nuestro Señor que encontramos a través de los evangelios. Estos textos probablemente son los más difíciles del Sermón del Monte. Nos confrontan con unas realidades incómodas, ni el milagro, ni el nombre de Jesús son suficientes a la hora de querer identificar dónde es que Dios está obrando.

Para muchos estas palabras tienen una aplicación netamente personal. Cada persona que obra en nombre del Señor debe tener cuidado de mantener su relación con el Señor y no sólo hacer cosas en nombre del Señor. Seguramente esta es una verdad importante. Pero quisiera invitarnos a considerar que estas palabras de Jesús son parte clave del Sermón del Monte. A través del Sermón Jesús nos habla de un estilo de vida y una actitud contra corriente. Nos dice que la obra de Jesús produce cambios profundos en las vidas de personas y comunidades.

Como cristiano yo quiero estar dónde Dios está obrando. ¿Cómo voy a reconocer el obrar divino? Claramente las primeras señales que buscamos muchos de nosotros son la predicación poderosa de la Palabra en nombre del Señor. Muchos cristianos también buscamos obras milagrosas como las que menciona el pasaje: palabras de profecía, echar fuera demonios y hacer milagros. Sin embargo, según Jesús, es posible hacer todas estas cosas sin conocerlo. Es más, las obras milagrosas pueden ser obras de maldad.

El día de hoy muchos de nosotros estamos buscando avivamiento. Estamos orando que Dios obre y queremos identificar los lugares donde Dios se está manifestando. Muchos estamos buscando lugares donde se están viendo obras milagrosas y estamos llamando eso avivamiento. Este pasaje nos recuerda que las obras milagrosas, en sí, no son garantía de avivamiento.

Yo quiero ver un avivamiento poderoso. El pasaje me recuerda que los avivamientos verdaderos en la historia humana incluyen la predicación y obras milagrosas. Pero lo más importante de los verdaderos avivamientos es el cambio profundo que ocurre más allá del lugar de culto. Los grandes avivamientos en la historia han tenido gran impacto social; han roto con la esclavitud, con el vicio, con la injusticia y han motivado a los cristianos a ser agentes de cambio en sus países y sociedades. En otras palabras, el verdadero avivamiento produce fruto que se parece a lo que describe Jesús en el Sermón del Monte.

Nuestro país necesita un avivamiento verdadero, uno en el que se confronten los males de nuestra sociedad, tales como la injusticia, el narcotráfico, el hambre, la guerra o la injusticia contra los indocumentados. Quiero sentir el obrar de Dios, pero también quiero estar seguro de que lo que sienta sea la presencia del Señor. Busquemos juntos los lugares dónde Dios está obrando para que en aquel día el Señor sí nos conozca.

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El problema ético “grave” de la migración indocumentada

Hoy se me pidió publicar un comentario en inglés sobre el problema de la migración indocumentado en Cross and Culture (Cross Examinations: Immigration Reform – Seeing the Logs in Our Own Eyes).

Le invito a leer el artículo y comentarlo tanto en inglés como también en español.

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Soñando con nuestros jóvenes

El lunes pasado cuatro jóvenes (tres latinos y uno iraní) fueron arrestados en las oficinas del Senador McCain en Arizona protestando pacíficamente a favor del Dream Act. Esta ley que le permitiría a los jóvenes indocumentados, que han vivido y estudiado la mayoría de sus vida, seguir sus estudios universitarios y legalizar su estado migratorio. Siendo que los jóvenes son indocumentados, su desobediencia civil podría causar su deportación.

El Senador McCain, quien en otro momento fue campeón de la reforma migratoria, ahora está apoyando la ley SB1070. El presidente Obama, quien ha dicho estar a favor de los inmigrantes, ha fortalecido del plan de redadas y deportaciones a niveles nunca vistos durante la administración del Presidente Bush. Muchos de nosotros esperábamos que la elección del presidente Obama y de una mayoría demócrata produjera una propuesta más justo. El resultado ha sido lo opuesto. Las únicas ideas que están circulando son más negativas que las ideas no tan buenas que se propusieron hace tres años.

Los jóvenes en Arizona nos obligan a considerar nuestra propias acciones. ¿Qué vamos a hacer a favor de los inmigrantes en general y de los jóvenes indocumentados en particular? Ellos están dispuestos a ser deportados por confrontar esta situación. Como cristiano ¿qué estoy dispuesto a sufrir yo a su favor?

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Viviendo y ministrando desde la periferia

La situación actual en Arizona me ha recordado, de nuevo, de la realidad periférica que habitan muchas de nuestras iglesias latinas. En Caminando entre el pueblo (p. 54, 55) lo describí de la siguiente manera:

Muchas de las iglesias latinas están en las periferias sociales. Están en los barrios pobres y en las pequeñas comunidades campesinas. Son muy pocas las iglesias que están en áreas de influencia social o económica. Y aun estas pocas muchas veces cuentan con una base financiera algo precaria. Por otro lado muchos de los latinos inmigrantes están en una situación legal precaria.

La realidad de pobreza y la situación legal insegura de muchos en la comunidad latina significa tener que buscar maneras creativas de ministrar con pocos recursos. Ministrar desde la periferia implica abrirle espacios y esperanza a personas que muchas veces están luchando con sobrevivir. Demanda liderazgo que entiende las realidades latinas y que puede responder a dichas situaciones. También demanda un compromiso a ministrar en medio de la pobreza y la dificultad.

Sin embargo, la misma realidad tentativa de muchas latinas y latinos parece abrir espacios y oportunidades de misión. Existe un número creciente de personas migrantes que están llevando su fe a cada lugar donde se establecen. No son misioneros en algún sentido formal o tradicional. Pero sí son personas con un claro sentido de misión. Dondequiera que van se ven a sí mismas como personas que Dios puede utilizar para compartir las buenas nuevas del evangelio. Siendo que no vienen de posiciones y países de poder no son vistos como una amenaza; hacen misión desde abajo. Su movimiento presenta una oportunidad única de ministerio que todavía está por aprovecharse plenamente.

En este momento Dios llama a nuestras iglesias periféricas a identificar y participar en la misión divina para este país. Necesitamos clamar por este país. Necesitamos abogar a favor de nuestros hermanos y hermanas inmigrantes que son hechos chivos expiatorios de una situación económica sobre la cual no tienen control. También necesitamos acompañar a nuestros hermanos de la cultura mayoritaria que, por causa de temor, están dispuestos a imponer una ley que saben puede perjudicar a los latinos (véase las reciente encuestas de Pew: Broad Approval y Hispanics and Arizona’s New Immigration Law).

Estamos en la periferia y desde allí nos está invitando Dios a su misión. Manos a la obra.

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Sirviendo con los que están sufriendo

Leonardo Alvarez, de LA RED del Camino de Chile, escribió una excelente reflexión sobre lo difícil que es servir entre los que fueron afectados por el terremoto en Chile. Le invito a a leer: La oración que nos rescata cuando todo se mueve…

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Proclamando la esperanza del evangelio en medio de la inseguridad

La “orgía” materialista de los últimos años nos causó la crisis del 2008 nos ha dejado con una “cruda” que todavía nos está afectando en el 2010. No estuvimos dispuestos a llevar orden en nuestra vida económica personal o nacional y ahora nos está tocando lidiar con las consecuencias de un desorden económico que cada día hace más grande. Es muy probable que sigamos sintiendo los efectos de nuestra “orgía” a través de todo este año. Lo más triste es que las personas más vulnerables son la que están sintiendo el impacto de nuestro pecado colectivo.

En medio de la inseguridad que estamos viviendo nos toca seguir proclamando la esperanza que viene del Señor, no de los bienes económicos. Esta situación nos presenta una nueva oportunidad para proclamar que “la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Nos tocará ayudar a los que serán afectados por la situación, pero también invitar a todos a “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Si podemos ayudar a la gente a reconocer que la bendición de Dios es lo más importante, entonces podremos ser agentes de cambio en nuestro mundo.

A nivel nacional necesitamos llamar a nuestros líderes políticos a la responsabilidad y al orden. Necesitamos una visión que esté basada en el servicio a otros y no en la ventaja personal. También necesitamos leyes que regulen nuestra vida económica porque somos pecadores, somos capaces de hacernos daño y hacerles daño a otros. Nos tocará proclamar palabras proféticas contra aquellos que nos han querido persuadir que el materialismo y la acumulación deben regir nuestras economías. Necesitamos recordar a todos que sólo somos mayordomos sobre la tierra.

También es un tiempo clave para orar por avivamiento a nivel nacional y mundial. Muchas veces en la historia humana han sido los momentos de inseguridad económica y social en las cuales las personas han estado abiertas a escuchar el mensaje del evangelio, de nuevo. Oremos que muchos en nuestro país se abran a la esperanza que nos ofrece Cristo Jesús y que muchos se arrepientan de una vida que no agrada al Señor.

Por causa de la inseguridad nacional y mundial tenemos muchas oportunidades de vivir la realidad del evangelio, proclamando buenas nuevas de Cristo Jesús por medio de nuestras acciones. Que el Señor nos abra los ojos para que ver las oportunidades que nos está abriendo y que podamos responder con su gracia en el poder de su Espíritu.

(Adaptado de EL INTER, Enero 2009)

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Ministrando en un contexto multicultural

desayuno-pastoral

Les invito a participar con nosotros la semana que viene.

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¿Le hubiera creído usted a María? – Reflexiones navideñas

Las amistades y todos mis parientes
Fueron las gentes que yo relacioné
Me aborrecieron por causa de su nombre
Cuando supieron que a Cristo me entregué.

Por lo general no cantamos el himno Hay una senda para Navidad. Nuestra escena navideña es una de paz, gozo y tranquilidad. Vemos a un niño dormido, unos ángeles cantando, magos con regalos y como dice el himno navideño, ¡Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor!

Sin embargo, la historia navideña tiene otro lado, la inseguridad y el riesgo de estar dispuesto/a a obedecer a Dios, pase lo que pase. En la primera navidad, María estuvo dispuesta a tomar un gran riesgo para ser utilizada por el Señor. Y su vida nos invita a también estar dispuestas/os a arriesgarnos por la causa de Cristo.

Los eventos navideños relatados por Lucas (1:26-38) abren a una escena idílica, una señorita comprometida a casarse. ¿Cuántas Marías habría entre la gente pobre de Israel? En sí, no tendríamos porque saber mayor cosa sobre esta María. Sube el telón a un momento de expectativa. María se va a casar, con toda la alegría, esperanza, sueños y planes que eso implica. En sí, parece una escena de la vida normal. Fácilmente se pudiera repetir esto en cualquier otro lugar.

Pero a esta escena serena entra un mensajero inesperado (vs. 28,29). Conocemos esas palabras “¡Salve, muy favorecida! . . . Bendita tú entre las mujeres” Son palabras de bendición, pero también palabras que vienen a interrumpir la vida de María. Por eso el pasaje nos dice que ella se turba. La idea es fuerte; María se pone nerviosa, asustada, al fin y al cabo no es todos los días que alguien recibe a un ángel en casa y menos con un mensaje como éste.

El ángel la calma y le presenta un privilegio único, ser la madre del Mesías prometido (vs. 30-33). El niño será de la línea de David y será el cumplimiento de las promesas hechas a Israel. A María se le está invitando a ser parte del gran plan de Dios para la humanidad.

Todo indica que María está dispuesta. Pero encuentra un pequeño problema (v. 34), los niños no le nacen a vírgenes. María está lista a ser utilizada por Dios, pero no ve la salida a la imposibilidad. El ángel le propone una solución milagrosa, el Espíritu Santo, como la nube del Antiguo Testamento, la cubrirá y ella dará a luz un hijo (vs. 35-37). La prueba de que Dios puede obrar de esta manera es el embarazo de su prima Elisabet, la anciana que está por dar a luz fuera del tiempo normal para las mujeres.

María responde con un sí sencillo “he aquí la sierva del Señor” (v. 38). Pero es desde ese sí que nace la pregunta de este artículo. Imagínese que María es una joven líder de su iglesia. Está comprometida a casar con José, el líder del grupo de alabanza. De repente se escucha que María está encinta, José dice que no es el padre y María dice que es obra del Espíritu Santo. ¿Le hubiera creído Ud. a María? Es fácil decir que sí, siendo que el evento ocurrió hace dos mil años. Pero la realidad es que la mayoría de nosotros no le hubiéramos creído. Algunos la hubiéramos condenado por su “pecado”, otros la hubiéramos acompañado, demostrándole amor y cuidado. Y si somos honestos algunos también hubiéramos chismeado o hecho chistes sobre quien sería ese “espíritu santo”.

Al decir que sí al ángel, María estaba aceptando que toda su vida sería cambiada. No le tocaría vivir esa vida sencilla como esposa y madre que ella probablemente había soñado tener con José. Los sueños y planes para la boda tendrían que desaparecer. Aún José no estaba seguro que hacer con esta situación hasta que también recibió una visión que le explicó lo que había pasado (Mt. 1:18-25). María siempre quedaría tildada por un segmento de la sociedad, siempre estaría la insinuación de que Jesús era hijo de fornicación (Jn. 8:41). Pero María dijo que sí. Estuvo dispuesta a arriesgar todo por unirse a lo que Dios estaba haciendo en el mundo. La historia de la navidad sigue porque una joven sencilla dijo que sí, costara lo que costara.

La historia de María es una de fe, riesgo y amor. Admiramos hoy a María y hoy todos podemos decir que sí le creemos. Pero su ejemplo nos recuerda que la navidad no sólo es un recordatorio de lo que hizo Dios en Cristo, sino también una invitación al riesgo de unirnos a lo que Dios está haciendo en el mundo hoy.

Algunos han vivido el testimonio relatado en la segunda estrofa de Hay una senda, que se cita al principio de este artículo. Han tenido que vivir con las burlas y cuestionamientos de los suyos al decidir seguir el camino de Cristo Jesús. Otros han tomado grandes riesgos, y aún han perdido la vida, para poder dar testimonio, en palabra y hecho, de la obra de Cristo Jesús. Aún otros han dado sus vidas para servir a los ignorados por la sociedad o por denunciar el pecado y la injusticia en todas sus manifestaciones.

Muchos de nosotros nunca nos encontraremos en una situación tan difícil. Pero el Señor también nos invita al riesgo, el riesgo de una fe que cree que Dios está obrando en nuestro mundo hoy. Tal vez implique creer que Dios puede obrar en mi propia vida, trayendo cambios que parecen imposibles. O creer que Dios sí puede cambiar a mi cónyuge, a mis hijos o a mis jefes a veces injustos. Puede ser un llamado a dar nuestro esfuerzo, dinero y tiempo para servir a otros en nombre de Cristo. Para muchos de nosotros será el compromiso de creer que Dios nos quiere utilizar allí donde estamos ahora, con nuestra familia, en nuestros trabajos, en nuestra comunidad y en nuestro mundo. Unirnos a lo que Dios está haciendo en el mundo es aceptar el riesgo de caminar en fe, sabiendo que Dios se hace presente aún en las situaciones más imposibles.

Hoy podemos celebrar el nacimiento de Cristo Jesús y su salvación porque una mujer sencilla llamada María le dijo “sí” al Señor. Al estar celebrando escuchemos la voz de Dios invitándonos a unirnos a lo que El está haciendo en el mundo hoy. El Señor puede utilizar en gran manera a los que decimos que sí.

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Modelos de ministerio latino con anglos

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En Caminando con el pueblo Ministerio latino en los Estados Unidos (p. 44-47) utilizo este cuadro para distinguir los modelos tradicionales de relación entre congregaciones latinas y anglas. En el libro describo algunas implicaciones de cada modelo.

¿Cuál de estos refleja mejor la manera que comenzó su congregación? ¿El modelo bajo el cuál ministra actualmente?

A mí me ha tocado ministrar bajo los modelos de departamento, congregación hermana e iglesia hija. Pero en una de las iglesias demoró tanto el proceso de llegar a iglesia hija que siguió existiendo una actitud de dependencia, aunque la congregación era independiente.

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