El día de mañana, martes 16 de noviembre, se nos invita a un día de oración y ayuno a nivel nacional por una reforma migratoria justa e integral. Les invito a ayunar y orar. Nuestra reacción humana en este momento puede ser que será muy difícil que se de una reforma migratoria en el ambiente político actual. Pero nosotros creemos en un Dios de poder, así que estemos orando que se manifieste el poder divino en nuestros legisladores. Le invito a unirse a alguna de las actividades públicas que se celebrarán mañana.
Caserío El Cerezo, Cantón Nensistepeque, Departamento de Santa Ana, El Salvador. Este fin de semana pasada tuve la oportunidad participar con la Iglesia Rey de Reyes Señor de Señores en El Cerezo. Esta congregación es parte de un proyecto que tiene su sede en Compton, CA y estaban celebrando su octavo aniversario.
El pastor ha podido ser agente de unidad entre las iglesias. Así que cada noche llegaban los “pickups”, que hacen de bus de iglesia (y transporte público), llenos de los hermanos de las diferentes congregaciones, representando la variedad de movimientos evangélicos que existen en ese sector. Fue un gusto ver a hermanos que no se han relacionado en el pasado por diferencias doctrinales o de costumbre ahora adorando juntos y organizando actividades entre la diferentes iglesias.
Todas estas iglesias son de caseríos, así que cada pickup podía transportar a casi toda una congregación. Pero era un gozo verlos llegar, listos y dispuestos a adorar su Creador, Salvador y Señor.
Sin embargo, pronto se vieron los efectos de la guerra y de la migración. Muchas familias perdieron esposos o padres durante la guerra y ahora muchos de los que sobrevivieron están en el norte buscando mejorar la vida de sus familias. La globalización también está afectando a este sector. Estos campesinos son gente de la tierra, trabajadora. Y esta tierra es fértil, produciendo de todo con abundancia. Pero no pueden competir con los productos subsidiados de los países poderosos. Así que, muchas veces ni tiene sentido plantar o cosechar. Y las remesas del norte proveen más que los salarios ocasionales del campo.
Muchos de los niños y adolescentes están siendo criados por abuelos o tíos. Sus padres les quieren proveer lo económico, pero lo hacen a costo de dejarlos solos por muchos años. El domingo pasé un momento agridulce al ver a una joven pareja de la iglesia casarse sin la presencia de sus padres, quienes están en los Estados Unidos. Me imagino que los padres también estarían tristes al no compartir este momento tan importante en la vida de sus hijos.
Pero también había un número de jóvenes que no tenían nada que hacer con sus vidas. No hay trabajo, no hay posibilidades reales de estudio y las remesas los mantienen. O se van para el norte o se unen con una mara. Pero por ahora andan a caballo con su IPod o celular en el bolsillo. Y las familias viven por FE (familiares en el extranjero, como dijo una pastora cubana).
Muchas personas en esta región han sido cambiado por el poder del evangelio. ¿Podrán ellos ser agentes de transformación en una región donde las fuerzas externas parecen estar marcando su futuro? ¿Podrán las iglesias ofrecerles un futuro de dignidad y valor a estos jóvenes? Por que creo en el poder del evangelio y vi a hermanos y hermanas sirviendo a otros en nombre de Cristo, sigo esperanzado del futuro de El Cerezo. Pero también se que será difícil construir un futuro esperanzador con tanta influencia externa en su contra.
Muchos de ustedes saben que estuve en Cancún el fin de semana pasada. Estuve allí como parte del proyecto de investigación sobre misiones transnacionales de iglesias pentecostales latinas. Una iglesia en South Gate comenzó un proyecto en Cancún y ahora tienen seis iglesias en el estado de Quintana Roo.
Cancún es una ciudad de mucho turismo internacional. Tiene el segundo aeropuerto más importante de México. Circula mucho dinero en la ciudad y hay mucho empleo, aun en la temporada baja cuando estuve yo. Cancún tiene una zona hotelera gigantesca que presenta lo mejor (y lo peor) para el turista.

Pero también tiene otro lado, el de la pobreza extrema como tantas otras ciudades de México y el mundo mayoritario. Algunas de las personas que trabajan en la zona turística vienen en lugares como el de la foto. (Tuve el privilegio de predicar en una iglesia que ministra en la zona de la foto.)

Se que algunos de ustedes han estado en la zona turística de Cancún. Para quien le gustan las playas el lugar es muy atractivo para vacacionar. Pero si va a Cancún, ¿cuál es su responsabilidad hacia el otro Cancún?
Confieso que disfruté mucho más estar con los hermanos en los barrios populares que en la playas de Cancún. Me encontré con hermanas y hermanos que aman al Señor y que han conocido el poder transformador del evangelio en sus vidas. Por un lado el evangelio está teniendo impacto entre los pobres. Por otro está el reto de que el mensaje del evangelio también tenga un efecto transformador entre los ricos y los turistas de la ciudad. ¿Pero sería atractiva al turismo una Cancún verdaderamente transformada por el evangelio?
Hay días en que yo ya no me quiero llamar cristiano. No es que quiero dejar de seguir a Cristo Jesús. Más bien, me doy cuenta que el vocablo “cristiano” se usa de tantas diferentes maneras en nuestra sociedad, algunas hasta contrarias al evangelio de Cristo.
En muchos círculos “cristiano” se ha convertido en un adjetivo para describir cosas que no tienen ninguna relación con seguir a Cristo Jesús. Se venden productos “cristianos” que tienen poco que ver con la causa del evangelio y mucho que ver con hacer dinero. El mercado “cristiano” es ahora tan grande que los dueños de algunas compañías de literatura y música “cristiana” no son creyentes, sino personas que saben que venderle a los “cristianos” produce buenas ganancias.
En el mundo musulmán el vocablo “cristiano” tiene un largo historial negativo. “Cristiano” trae a la memoria las cruzadas, las imposiciones de las colonias europeas, la imposición de dictadores por “países cristianos” en nombre del anticomunismo y el sentir de que los “países cristianos” están el Medio Oriente hoy porque quieren control del petróleo (sea o no verdad). Y si no fuera suficiente, las películas de Hollywood son vistas como productos de una sociedad “cristiana”. Tenemos que reconocer que parte de la reacción negativa en hacia el evangelio en los países musulmanes se debe a la imagen que tienen de los llamados países “cristianos”.
Si “cristiano” tiene estas connotaciones negativas ¿cómo vamos a proclamar el evangelio de tal manera que el no creyente vea a Cristo Jesús? Tal vez podamos aprender algo de las palabras de Francisco de Asís quien dijo “predica el evangelio siempre. Si es necesario utiliza palabras.” A la luz de este reto quisiera sugerir una idea “radical”. Dejemos de utilizar el término “cristiano” como adjetivo. Que la gente vea que su negocio es “cristiano” por la manera que trata a sus empleados, por el justo trato que reciben sus clientes y por su honestidad, aunque le cueste. Que la sociedad identifique nuestra música como cristiana, no por la letra, o el sello que la vende, sino por el estilo de vida de quien la canta y por el cambio radical que se ve en los que la escuchamos. Que el pobre y el necesitado vean en nuestras acciones el amor de Cristo Jesús. Que el mundo musulmán cambie su perspectiva del evangelio por el número de personas que demuestren, sin intereses políticos o económicos, la realidad del amor de Cristo Jesús. En otras palabras sugiero que nuestro testimonio sea tal que los no creyentes nos identifiquen como seguidores de Cristo Jesús sin que tengamos que utilizar el adjetivo “cristiano” para describir lo que estamos haciendo.
Si somos sal y luz en la manera que utilizamos nuestro dinero, en como tratamos a la viuda, al huérfano y al extranjero y si demostramos el amor de Cristo hacia nuestros enemigos aquí y en el resto del mundo, no tendremos que llamarnos cristianos, sino que la gente verá lo que hacemos y glorificará a nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:16). Si otros nos llaman cristianos porque reflejamos la vida de Cristo, entonces habremos cumplido con nuestra tarea.
El viernes y sábado pasado tuve el privilegio de participar en la construcción de una casa en un barrio popular de Ensenada, BC. Fui con los hermanos de Misión El Redentor (Ontario, CA) y participamos con Manos en la Obra, AC. La casa era para una hermana que había comercializado su cuerpo, pero que se convirtió y ahora busca vivir una vida transformada.
La historia del proyecto parece guión de telenovela. Aparte de la prostituta convertida, hay una pareja divorciada que ahora sirven al Señor juntos desde sus nuevos matrimonios, personas que se conocieron en 1984 en Los Angeles y luego se perdieron la pista, una persona que legalizó su estatus en este país de forma “creativa” y una persona que fue deportada y terminó en Ensenada. A través de esta situación esta última persona encontró la oportunidad de servir a Dios en una colonia popular. Dios utilizó las acciones de la migra para darle un ministerio nuevo. Confieso que no me gustan las acciones de la migra, sin embargo se que Dios está utilizando el movimiento migratorio para extender el mensaje del amor de Cristo en muchas direcciones.
Muchas personas en el norte ven al movimiento migratorio como una amenaza. Y muchos inmigrantes ven a la migra de la misma manera. El sistema económico mundial que estimula el movimiento de indocumentado de los pobres es injusto. Pero en medio de ese movimiento Dios está proveyendo luz y esperanza. Gracias a Dios por la persona dispuesta a servir a pesar de perder acceso a su sueño de vivir en los Estados Unidos. Aceptó vivir en una colonia pobre, pero desde allí está invitando a muchos a conocer la esperanza divina.
Doy gracias a Dios por hombres y mujeres que comparten el evangelio al vivir dentro en medio del movimiento migratorio mundial. La migración les ha dañado, Dios los ha redimido y los está utilizando en medio de esa misma migración. ¡Hasta la migra paga para los viajes misioneros! En verdad que Dios obra en maneras misteriosas.
Tengo el privilegio de ser parte de una iglesia muy amorosa. La Iglesia del Pacto de Eagle Park es una congregación muy amorosa que nos ha bendecido mucho. Es un reflejo del amor divino, pero también de la realidad latina en los Estados Unidos. Se parece mucho a la descripción que hice de las iglesias latinas en Caminando entre el pueblo. Lo repito en celebración de mi congregación.
Las iglesias evangélicas latinas son un reflejo de sus miembros y de las personas a las cuales ministran. Los latinos en los Estados Unidos son un pueblo en movimiento. Muchos latinos llegaron como inmigrantes de otro país, pero también son muchos los latinos que se siguen moviendo a través del país. Tanto latinos nacidos en este país como personas recién llegadas se están moviendo buscando mejores oportunidades de trabajo, vivienda o educación. Los jóvenes se mueven para abrirse nuevas oportunidades. Muchas iglesias tienen que desarrollar sus programas y proyectos sobre la premisa de que su gente se irá después de algún tiempo y que gente nueva vendrá a tomar su lugar.
Muchas iglesias latinas se sienten tan tentativas como sus miembros. Alquilan locales en medio de las zonas urbanas. Utilizan los edificios de otras iglesias cuando éstas no los están usando. Algunas se tienen que mudar cada vez que el dueño del edificio quiere subir el alquilar o que la iglesia que les ha alquilado decide cambiar su enfoque ministerial. Sin embargo, estas iglesias están donde está la comunidad latina. Viven la experiencia peregrina y exiliada de la comunidad. Están en movimiento porque esa es la realidad del pueblo.
Ese movimiento sirve como el ímpetu para el establecimiento de iglesias latinas a través del país. En cualquier lugar donde se establecen latinos hay creyentes que forman una congregación. En esos lugares existen denominaciones y ministerios listos para apoyarles en la tarea. Así que el movimiento abre nuevas oportunidades de ministerio al mismo tiempo que dificulta el proceso de consolidar los ministerios ya existentes.
La gran mayoría de las iglesias latinas están en los barrios, comunidades latinas y campos marginados. Siendo que muchos latinos viven en lugares marginales no es de sorprender que allí estén las congregaciones. Estas iglesias también reflejan la marginalidad de la comunidad latina en muchas maneras. La mayoría de sus miembros tienden a ser personas marginalizadas por la sociedad. Hacen los trabajos de menos prestigio y muchas veces están en posiciones “invisibles”. Su mano de obra es indispensable, pero su presencia es cuestionada, particularmente si son indocumentados o si la comunidad en general así los percibe. Por lo general tienen menos educación formal que la población mayoritaria y las escuelas en los sectores donde ellos viven suelen tener muchas deficiencias. Por lo general estas comunidades adolecen además de otros servicios sociales básicos.
La percepción de marginalidad se ve en las denominaciones de las cuales estas iglesias son parte. Generalmente, las iglesias latinas son percibidas como pequeñas y débiles, dependientes de la estructura denominacional, sin poder hacer mayor contribución en la vida de las iglesias. Es en la marginalidad donde está la gente necesitada y desde donde se le puede levantar. Muchas iglesias latinas son lugares donde personas marginadas encuentran esperanza y un espacio para desarrollarse. Reciben el poder divino para levantarse de situaciones destructivas. Y, además, tienen la oportunidad de desarrollarse como personas. Pueden ser líderes aunque no se les dé mucha oportunidad en otros contextos. Aprenden que delante de Dios son personas de valor, aun cuando otros los desprecien. La iglesia latina también es un lugar donde la gente encuentra ayuda y apoyo, necesitados entre necesitados dispuestos a ayudarse unos a otros.
Caminando entre el pueblo (p. 73, 74)
Nunca os conocí … (Mateo 7:22, 23)
¿Será posible hacer milagros en nombre de Jesús sin conocer al Señor? Las palabras de Jesús en Mateo 7:22, 23 son un ejemplo de los dichos “difíciles” de nuestro Señor que encontramos a través de los evangelios. Estos textos probablemente son los más difíciles del Sermón del Monte. Nos confrontan con unas realidades incómodas, ni el milagro, ni el nombre de Jesús son suficientes a la hora de querer identificar dónde es que Dios está obrando.
Para muchos estas palabras tienen una aplicación netamente personal. Cada persona que obra en nombre del Señor debe tener cuidado de mantener su relación con el Señor y no sólo hacer cosas en nombre del Señor. Seguramente esta es una verdad importante. Pero quisiera invitarnos a considerar que estas palabras de Jesús son parte clave del Sermón del Monte. A través del Sermón Jesús nos habla de un estilo de vida y una actitud contra corriente. Nos dice que la obra de Jesús produce cambios profundos en las vidas de personas y comunidades.
Como cristiano yo quiero estar dónde Dios está obrando. ¿Cómo voy a reconocer el obrar divino? Claramente las primeras señales que buscamos muchos de nosotros son la predicación poderosa de la Palabra en nombre del Señor. Muchos cristianos también buscamos obras milagrosas como las que menciona el pasaje: palabras de profecía, echar fuera demonios y hacer milagros. Sin embargo, según Jesús, es posible hacer todas estas cosas sin conocerlo. Es más, las obras milagrosas pueden ser obras de maldad.
El día de hoy muchos de nosotros estamos buscando avivamiento. Estamos orando que Dios obre y queremos identificar los lugares donde Dios se está manifestando. Muchos estamos buscando lugares donde se están viendo obras milagrosas y estamos llamando eso avivamiento. Este pasaje nos recuerda que las obras milagrosas, en sí, no son garantía de avivamiento.
Yo quiero ver un avivamiento poderoso. El pasaje me recuerda que los avivamientos verdaderos en la historia humana incluyen la predicación y obras milagrosas. Pero lo más importante de los verdaderos avivamientos es el cambio profundo que ocurre más allá del lugar de culto. Los grandes avivamientos en la historia han tenido gran impacto social; han roto con la esclavitud, con el vicio, con la injusticia y han motivado a los cristianos a ser agentes de cambio en sus países y sociedades. En otras palabras, el verdadero avivamiento produce fruto que se parece a lo que describe Jesús en el Sermón del Monte.
Nuestro país necesita un avivamiento verdadero, uno en el que se confronten los males de nuestra sociedad, tales como la injusticia, el narcotráfico, el hambre, la guerra o la injusticia contra los indocumentados. Quiero sentir el obrar de Dios, pero también quiero estar seguro de que lo que sienta sea la presencia del Señor. Busquemos juntos los lugares dónde Dios está obrando para que en aquel día el Señor sí nos conozca.
Hoy se me pidió publicar un comentario en inglés sobre el problema de la migración indocumentado en Cross and Culture (Cross Examinations: Immigration Reform – Seeing the Logs in Our Own Eyes).
Le invito a leer el artículo y comentarlo tanto en inglés como también en español.
El lunes pasado cuatro jóvenes (tres latinos y uno iraní) fueron arrestados en las oficinas del Senador McCain en Arizona protestando pacíficamente a favor del Dream Act. Esta ley que le permitiría a los jóvenes indocumentados, que han vivido y estudiado la mayoría de sus vida, seguir sus estudios universitarios y legalizar su estado migratorio. Siendo que los jóvenes son indocumentados, su desobediencia civil podría causar su deportación.
El Senador McCain, quien en otro momento fue campeón de la reforma migratoria, ahora está apoyando la ley SB1070. El presidente Obama, quien ha dicho estar a favor de los inmigrantes, ha fortalecido del plan de redadas y deportaciones a niveles nunca vistos durante la administración del Presidente Bush. Muchos de nosotros esperábamos que la elección del presidente Obama y de una mayoría demócrata produjera una propuesta más justo. El resultado ha sido lo opuesto. Las únicas ideas que están circulando son más negativas que las ideas no tan buenas que se propusieron hace tres años.
Los jóvenes en Arizona nos obligan a considerar nuestra propias acciones. ¿Qué vamos a hacer a favor de los inmigrantes en general y de los jóvenes indocumentados en particular? Ellos están dispuestos a ser deportados por confrontar esta situación. Como cristiano ¿qué estoy dispuesto a sufrir yo a su favor?
La situación actual en Arizona me ha recordado, de nuevo, de la realidad periférica que habitan muchas de nuestras iglesias latinas. En Caminando entre el pueblo (p. 54, 55) lo describí de la siguiente manera:
Muchas de las iglesias latinas están en las periferias sociales. Están en los barrios pobres y en las pequeñas comunidades campesinas. Son muy pocas las iglesias que están en áreas de influencia social o económica. Y aun estas pocas muchas veces cuentan con una base financiera algo precaria. Por otro lado muchos de los latinos inmigrantes están en una situación legal precaria.
La realidad de pobreza y la situación legal insegura de muchos en la comunidad latina significa tener que buscar maneras creativas de ministrar con pocos recursos. Ministrar desde la periferia implica abrirle espacios y esperanza a personas que muchas veces están luchando con sobrevivir. Demanda liderazgo que entiende las realidades latinas y que puede responder a dichas situaciones. También demanda un compromiso a ministrar en medio de la pobreza y la dificultad.
Sin embargo, la misma realidad tentativa de muchas latinas y latinos parece abrir espacios y oportunidades de misión. Existe un número creciente de personas migrantes que están llevando su fe a cada lugar donde se establecen. No son misioneros en algún sentido formal o tradicional. Pero sí son personas con un claro sentido de misión. Dondequiera que van se ven a sí mismas como personas que Dios puede utilizar para compartir las buenas nuevas del evangelio. Siendo que no vienen de posiciones y países de poder no son vistos como una amenaza; hacen misión desde abajo. Su movimiento presenta una oportunidad única de ministerio que todavía está por aprovecharse plenamente.
En este momento Dios llama a nuestras iglesias periféricas a identificar y participar en la misión divina para este país. Necesitamos clamar por este país. Necesitamos abogar a favor de nuestros hermanos y hermanas inmigrantes que son hechos chivos expiatorios de una situación económica sobre la cual no tienen control. También necesitamos acompañar a nuestros hermanos de la cultura mayoritaria que, por causa de temor, están dispuestos a imponer una ley que saben puede perjudicar a los latinos (véase las reciente encuestas de Pew: Broad Approval y Hispanics and Arizona’s New Immigration Law).
Estamos en la periferia y desde allí nos está invitando Dios a su misión. Manos a la obra.