Decepcionados, de nuevo

Ayer el Senador Harry Reid anunció que la reforma migratoria no se tratará este año en el senado. La promesa hecha por el presidente Obama se quedó atorada en las realidades políticas. Los demócratas temen perder su mayoría en las elecciones de noviembre y los republicanos están seguros que les es de ventaja que no haya una reforma migratoria bipartidista. Los dos partidos están persuadidos de que el pueblo estará en contra de una reforma mientras la economía siga débil. Y en medio de la política están millones de personas sufriendo en la inseguridad.

Confieso que mi primera reacción fue de frustración. De nuevo, la justicia y la compasión quedan postergados por la política inmediata. Pero también se que necesitamos seguir trabajando por la justicia. No podemos soltar la lucha por causa de anuncios como estos.

Hoy necesitamos seguir orando y clamando delante del Señor. Hoy necesitamos llamar a nuestros gobernantes a la justicia. Hoy los cristianos tenemos que hacer escuchar nuestra voz.

Tanto demócratas como republicanos necesitan escuchar nuestra voz. El clamor de nuestro pueblo no se puede ignorar.

Animo en la tarea.

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Jesús, el oculista

No juzguéis, para que no seáis juzgados … (Mateo 7:1-5)

Un dicho de mis antepasados afirma que la “culpa nunca cae a tierra”. Siempre podemos encontrar a quien echarle la culpa cuando ocurre algún problema y todos tenemos la habilidad de identificar las debilidades del otro. A la hora de ver los pecados de los otros todos tenemos una vista de 20/20.

En Mateo 7:1-5 Jesús hace de oculista para demostrarnos el problema que confrontamos los humanos al analizar los pecados de los demás. Utiliza el humor y la exageración para ayudarnos a vernos a nosotros mismos. Jesús habla de “paja” y “vigas” en los ojos para confrontarnos con una verdad demasiado incómoda: muchas veces condeno en otros cosas que no quiero reconocer en mi propia vida. Jesús llama esto hipocresía y nos invita a vernos a nosotros mismos primero, antes de querer “ayudar” al otro.

Este problema de vista se repite a todos los niveles de la vida. En este momento estamos en medio de una de las crisis económicas más grandes de la historia moderna y los políticos están buscando maneras de culpar al “otro”. En este país los demócratas culpan a los republicanos y viceversa. A nivel mundial unos culpan a China, otros a los países que producen petróleo y casi todos le echan la culpa a los Estados Unidos, directa o indirectamente.

A nivel social todos estamos lamentando la desintegración social y familiar, pero todos culpamos al otro. Los cristianos le echamos la culpa a Hollywood y otros le echan la culpa a la iglesia. Parece que nadie puede ver su propia parte en la crisis social actual. En las iglesias también repetimos este patrón. Es la otra iglesia, el otro pastor, o el otro líder quien anda mal delante de Dios y nosotros somos los fieles.

Por supuesto que esto también lo hacemos a nivel personal. Todos estamos dispuestos a “orar” por la otra persona, compartiendo (“chismeando”) las necesidades de quien anda mal. Todos estamos propensos a sacarle la “paja” al otro sin darme cuenta que la “viga” en mi ojo está le haciendo mucho daño a muchas personas.

Jesús nos invita a un examen de ojos. Necesito reconocer que muchas veces lo que veo en la otra persona es un reflejo de lo que está en mi propio ser. El pecado que denuncio en alguien más tal vez está profundamente arraigado en mí y no lo puedo ver o no lo quiero reconocer. La siguiente vez que esté listo a denunciar el mal que veo en otra persona, pidámosle al Señor que nos haga un examen de vista para ver si la paja que estoy viendo en el otro es en verdad un reflejo de la viga que estoy cargando yo. Si permitimos que el Espíritu Santo cure nuestra propia vista, entonces podremos ver con más cuidado para poder verdaderamente ayudar a nuestros hermanos y hermanas.

Yo reconozco que necesito pasar por la oficina del oculista hoy mismo.

(Tomado del EL INTER, Marzo 2009)

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¿Y quién soy yo? Contestando el Censo 2010

El otro día me mandó un texto mi hija preguntándome: ¿qué debo marcar en el censo? Obviamente sabe que es hispana, pero ¿qué de la pregunta sobre “raza”? Aunque terminó marcando “white” se quedó con la duda, siendo que sabe que es mestiza.

El censo 2010 hace suscitar, de nuevo, el “problema” de los latinos, que somos un grupo que puede caber en todas las categorías raciales y todavía ser “Hispanic”. Ayer Rich Benjamin escribió un artículo en el cual hace resaltar que en los Estados Unidos los latinos hemos sido cambiados de “raza” según la situación política del momento (Racial Questions Rock the Census).

La realidad es que cuando los Estados Unidos le quitó la tierra a México no supo como categorizar a todos los mexicanos que se quedaron en el suroeste. En la práctica el dinero “blanqueó” la piel. Mexicanos que tenían tierras eran identificados como blancos y los pobres eran “indios” (aunque fueran de la misma familia).

Por supuesto, ese tipo de identificación la practicamos los latinos. En nuestra práctica le damos preferencia a los más “blancos” entre nosotros y si algún joven latino está noviando con alguien “blanco” decimos que está “mejorando la raza”.

Pero dentro de la categoría “Hispanic/Latino” estamos muchas de las “razas” del mundo. También reflejamos la variedad de mezclas entre indígenas, españoles (y portugueses), personas de trasfondo africano o asiático, y otros cuantos pueblos que han llegado a las Américas.

El Censo 2010 es un tremenda oportunidad para confesar nuestra común humanidad como creación divina. También es un momento para confesar nuestros racismos y romper con ellos. Como dice Justo González, tenemos una historia no inocente, llena de las intrigas de la raza humana. Pero también tenemos la oportunidad de confrontar, de nuevo, el hecho de que raza no es algo biológico, sino una construcción social. Tomando la palabras del “teólogo” El Puma “que combine los colores, que la raza es natural”. Que Dios nos de la sabiduría para romper con toda categorización que nos quiera poner por debajo o por encima de ningún otro ser humano.

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¿Y si pierdo mi trabajo? ¿Y si no consigo otro trabajo?

Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia… (Mateo 6:33)

La situación de empleo sigue pésima en California y a través de los Estados Unidos. A pesar de ciertas mejoras económicas, la situación de empleo no muestra ninguna mejora. Esto sigue creando inseguridad, no sólo entre los que ahora están sin empleo, sino aun entre los que siguen trabajando. ¿Será que yo también perderé mi empleo?

Es difícil leer las palabras de Jesús en medio de esta inseguridad. En Mateo 6:25-34 Jesús nos invita a no preocuparnos por nuestra vida, ni por el día de mañana. Nos presenta a las aves y las flores y nos dice que Dios cuida de ellas. También nos recuerda que nuestras preocupaciones no pueden cambiar las cosas. No solo nos invita no preocuparnos, sino que nos dice que debemos reenfocar nuestra energía del afán por los bienes materiales a la búsqueda del reino.

Para muchos estas palabras sonarán algo descabelladas en este momento. Si no tengo con que pagar el alquiler de la casa, ¿no me voy a preocupar? Si me van a quitar la casa por no hacer los pagos, ¿no me voy a preocupar? Y si mañana pierdo el empleo, ¿no me voy a preocupar?

Sin embargo, es en medio de la inseguridad económica que Jesús nos invita a reconocer varias cosas importantes. En primer lugar, nos recuerda que Dios se hace presente a nuestro favor en medio de nuestra necesidad. Esta confesión es clave. Tan pronto entendemos esto las otras que menciona Jesús tienen mucho más sentido.

Segundo, Jesús nos invita a admitir claramente lo que controlamos y lo que no controlamos. Cuando las cosas van bien nos gusta hacernos la ilusión de que eso se debe principalmente a nuestros esfuerzos. Pero los tiempos difíciles nos recuerdan que muy poco de lo que nos pasa está bajo nuestro control. Debo planificar y debo trabajar, pero también debo recordar que yo no estoy en control. Por más que me preocupe no puedo cambiar mi altura ni controlar el mañana.

En tercer lugar, tenemos la invitación de poner lo primero en primer lugar. Lo que sí puedo controlar son mis decisiones y mis prioridades. Jesús nos invita a reconocer que si comenzamos desde el reino y la justicia de Dios lo demás encontrará su lugar. La inseguridad económica me llama a recordar que el camino de Jesús ha de ser primero, no los afanes y las metas de mi sociedad.

Buscar primeramente el reino tiene que ver con mi ética, mis valores y mi estilo de vida. Si el reino es primero mis tratos con otros siempre serán honestos y transparentes, aun con los que me quieren hacer mal; voy a valorar lo eterno y no las cosas que pueda acumular, pero que perderé al morir. Si el reino es primero, voy a vivir de tal forma que la gente pueda ver a Cristo en mí.

En medio de la crisis que estamos pasando las palabras de Jesús cobran más importancia. Dios camina con nosotros y nos invita a caminar con él. Busquemos juntos el reino y su justicia como primera prioridad. ¡El Señor proveerá lo que necesitamos!

(Tomado de una versión anterior en EL INTER, Febrero 2009)

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Día histórico en Washington, DC

Ayer fue un día histórico en la capital estadounidense. Lo que más resaltó en la prensa fue el hecho de que el congreso por fin aprobó la reforma sanitaria. Ha sido un camino complicado, pero parece que por fin tendremos un plan de salud para la gran mayoría de estadounidenses y un plan que plantea la esperanza de bajar los precios de los seguros médicos. Esperamos que esta legislación pueda ayudar a mejorar el estado de salud que se vive en este país.

El otro evento clave fue la marcha por la reforma migratoria. No recibió tanta prensa, siendo que todos estaban atentos al voto en el congreso. Pero más de 200,000 personas llegaron a la capital para abogar por una reforma migratoria justa e integral. El Presidente Obama presentó una declaración grabada, pero no propuso una fecha para presentar la legislación al congreso. Gracias a todos los que hicieron el esfuerzo por estar en Washington o los que marcharon en otros lugares.

Necesitamos seguir trabajando, buscando la justicia a favor de los más pequeños en nombre de Cristo Jesús. Animo en la tarea.

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Sirviendo con los que están sufriendo

Leonardo Alvarez, de LA RED del Camino de Chile, escribió una excelente reflexión sobre lo difícil que es servir entre los que fueron afectados por el terremoto en Chile. Le invito a a leer: La oración que nos rescata cuando todo se mueve…

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Proclamando la esperanza del evangelio en medio de la inseguridad

La “orgía” materialista de los últimos años nos causó la crisis del 2008 nos ha dejado con una “cruda” que todavía nos está afectando en el 2010. No estuvimos dispuestos a llevar orden en nuestra vida económica personal o nacional y ahora nos está tocando lidiar con las consecuencias de un desorden económico que cada día hace más grande. Es muy probable que sigamos sintiendo los efectos de nuestra “orgía” a través de todo este año. Lo más triste es que las personas más vulnerables son la que están sintiendo el impacto de nuestro pecado colectivo.

En medio de la inseguridad que estamos viviendo nos toca seguir proclamando la esperanza que viene del Señor, no de los bienes económicos. Esta situación nos presenta una nueva oportunidad para proclamar que “la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Nos tocará ayudar a los que serán afectados por la situación, pero también invitar a todos a “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Si podemos ayudar a la gente a reconocer que la bendición de Dios es lo más importante, entonces podremos ser agentes de cambio en nuestro mundo.

A nivel nacional necesitamos llamar a nuestros líderes políticos a la responsabilidad y al orden. Necesitamos una visión que esté basada en el servicio a otros y no en la ventaja personal. También necesitamos leyes que regulen nuestra vida económica porque somos pecadores, somos capaces de hacernos daño y hacerles daño a otros. Nos tocará proclamar palabras proféticas contra aquellos que nos han querido persuadir que el materialismo y la acumulación deben regir nuestras economías. Necesitamos recordar a todos que sólo somos mayordomos sobre la tierra.

También es un tiempo clave para orar por avivamiento a nivel nacional y mundial. Muchas veces en la historia humana han sido los momentos de inseguridad económica y social en las cuales las personas han estado abiertas a escuchar el mensaje del evangelio, de nuevo. Oremos que muchos en nuestro país se abran a la esperanza que nos ofrece Cristo Jesús y que muchos se arrepientan de una vida que no agrada al Señor.

Por causa de la inseguridad nacional y mundial tenemos muchas oportunidades de vivir la realidad del evangelio, proclamando buenas nuevas de Cristo Jesús por medio de nuestras acciones. Que el Señor nos abra los ojos para que ver las oportunidades que nos está abriendo y que podamos responder con su gracia en el poder de su Espíritu.

(Adaptado de EL INTER, Enero 2009)

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Macroeconomía actual y la pecaminosidad humana

Sigue el debate sobre las reformas bancarias y fiscales que se necesitan implementar para que no se repita el desastre económico de los últimos meses. Los bancos y compañías que recibieron dinero del gobierno el año pasado ahora le están dando grandes bonos a sus ejecutivos. Esto ha creado una reacción populista contra estos negocios. Sin embargo, todavía está por verse si el gobierno impondrá reglamentos que frenen el tipo de acción que creó el problema que casi causa una depresión económica mundial.

Lo que ha quedado claro para mí es que los eventos de los últimos meses nos demuestran la realidad del pecado humano. Estamos en esta situación, no por algo que estaba fuera del control humano, sino por causa del pecado. Se ve la realidad del pecado a varios niveles.

El pecado más obvio es la avaricia. Desde los grandes inversionistas hasta las familias que se metieron en casas que no podían pagar, la motivación era conseguir más y conseguirlo fácilmente. No había quien dijera “tengo suficiente, no necesito tratar de conseguir más que lo que necesito”. Los prestamistas se aprovecharon de la tendencia humana de querer más y más para vender casas, carros y bienes que estaban más allá de las posibilidades reales de las personas y que no se necesitaban. Los grandes prestamistas hicieron lo mismo, a grande escala. Creyeron que podían seguir revendiendo lo mismo y consiguiendo que alguien pagara cada vez más dinero. Esta casa de naipes se cayó cuando por fin ya no había suficiente gente avara que siguiera tratando de seguir haciendo “ganancias fáciles”.

El segundo pecado clave tal vez es menos obvio. Todo esto se dio porque la lógica de los que están en el poder era quitar regulaciones y permitir que el “mercado” regulara a los compradores y vendedores. Pero esto niega la realidad de la pecaminosidad humana. Las regulaciones existen no porque se cree que el gobierno haría mejor trabajo. Al fin y al cabo, los que están en gobierno también son pecadores. Se necesitan normas y reglas porque todos somos propensos al pecado y necesitamos que otros nos supervisen. Al practicar la desregulación se estaba actuando como que los inversionistas no serían propensos a ofrecer préstamos cuestionables y desarrollar negocios turbios. Al no creer en la realidad y profundidad del pecado humano se creó una situación en la cual el pecado pudo prosperar.

Un tercer pecado clave es estructural y más profundo. Al estar buscando soluciones al problema muchos quieren ayudar a los grandes, siendo que si ellos caen nos afectaría a todos. Otros quieren que también se le ayude a los que están perdiendo sus casas. Pero ¿qué de los más pequeños, los que no tienen bienes y propiedades, pero están sufriendo los efectos de las decisiones de otros? Algunos abogan por los ricos y otros por la clase media, pero ¿quién aboga por los pobres, los ancianos, los niños o los indocumentados? Los planes de rescate comenzaron con los ricos. Algunas ideas incluyen a la clase media. Pero el evangelio nos llama a recordar a los pobres. Un plan de rescate que no responda a las necesidades de los más vulnerables van en contra del evangelio.

Lo que ha ocurrido en Wall Street nos muestra lo que sabemos, pero que somos propensos a olvidar. Todos somos pecadores y podemos meternos en problemas por causa de nuestro pecado. Oramos que el desastre de Wall Street nos invite a todos a reflexionar sobre nuestra propia tendencia a olvidar la realidad del pecado y nuestra necesidad de la obra redentora de Dios en Cristo Jesús.

(Adaptado de un artículo en EL INTER, Octubre 2008)

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Haití, Chile y nuestra solidaridad cristiana

Los terremotos en Haití y Chile han calado hondo en nuestros corazones. Sentimos el dolor de los que han perdido a sus seres queridos y de los que están sin techo y sin provisiones. Son miles y miles de personas que no tienen lo más básico y que no tienen esperanza de obtenerlo en un futuro cercano. Nuestras oraciones y nuestro compromiso financiero y de servicio están con los que están sufriendo. Pedimos a Dios que no nos deje olvidar ese compromiso en los meses venideros, especialmente cuando comience la reconstrucción que tomará varios años. También oramos que este desastre pueda crear el espacio para la reconstrucción de una Haití más equitativa.

Muchos de nosotros reaccionamos con mucha frustración ante la lectura teológica que hizo Pat Robertson del terremoto en Haití. Sin embargo, sí necesitamos reflexionar como cristianos sobre lo ocurrido. ¿Qué aprendemos de nuestra realidad y de lo que Dios quiere de nosotros.

Una de las primeras cosas que vieron a mi mente cuando supe del terremoto en Haití fue lo frágil de la vida humana. Nos gusta creer que podemos garantizar nuestra seguridad con construcciones más seguras y buenos sistemas de emergencia. Pero Haití y Chile nos obligan a recordar que la vida en esta tierra puede terminar en cualquier momento. Vivo en Los Angeles donde estamos pendientes del “gran” terremoto. No me gusta pensar en eso, pero los terremotos recientes me obligan a recordar que mi vida también puede terminar en cualquier momento.  ¿Estoy viviendo mi vida reconociendo su valor y  fragilidad?

Pero los dos terremotos también me han confrontado con las injusticias económicas de nuestro mundo. Tanto Haití como Chile han sufrido profundamente. Sin embargo, el número de muertos en Haití es más de 200 veces más alto que en Chile. Y mientras Chile ve su infraestructura seriamente dañada, Haití se ha quedado sin infraestructura. Haití ha vivido 200 años de injusticias tanto externas como internas y el resultado ha sido un país de extrema pobreza que no contaba con la mínima infraestructura para enfrentarse a este desastre.  Las injusticias que ha sufrido el pueblo haitiano crearon el ambiente de infraestructura deficiente y construcciones precarias que fueron fácilmente destruidas. Haití es un país pobre, pero mucha de su pobreza se debe a las injusticias cometidas contra el pueblo haitiano por intereses poderosos tanto dentro como fuera del país. Muchos se ha aprovechado de los haitianos. Mi temor personal más grande es que se repita lo que pasó después del terremoto de 1972 en Managua. Se dio mucha ayuda, pero nunca llegó al pueblo. Toda se quedó en manos de los ricos. ¿Tendremos voz profética para asegurar que haya transparencia en la ayuda para que llegue al pueblo y no se quede como salario para las agencias de ayuda y para seguir enriqueciendo a la cúpula rica del país?

Lo que más me frustró de la lectura teológica que insinuó Pat Robertson es que toda la culpa caía sobre el pueblo oprimido haitiano. ¿Qué de los poderes en Haití que robaron al país? ¿Qué de los intereses económicos multinacionales que se beneficiaron del robo de los ricos? ¿Qué de los sistemas económicos mundiales que siguen concentrando las riquezas del mundo en los países del primer mundo, dejando a países como Haití cada vez más pobre?

El dolor de los pueblos haitianos y chilenos nos llama a ser solidarios con ellos, en nombre de Cristo. Implica ayudarlos y acompañarlos, pero también a trabajar por la justicia, particularmente a favor de los más pequeños. Que Dios nos de la sabiduría para entender dónde está obrando y dónde quiere que nosotros obremos como discípulos de Cristo Jesús.

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En las espaldas de gigantes

Muchos de ustedes ya saben que esta semana hemos estado celebrando el 35 aniversario del Centro Latino del Seminario Teológico Fuller. Hemos tenido cultos de agradecimiento, ponencias magistrales, una cena de celebración y un desayuno pastoral. Gracias a Dios por los retos que nos dieron Justo González y Alberto Mottesi.

Dios me ha dado el privilegio de ser el sexto director del Centro, dirigiéndolo desde el 2001. Doy gracias a Dios por los directores anteriores de este proyecto. George Gay fundó el programa en 1974 a lado de José Arreguín. El Dr. Arreguín fue el director por un tiempo. Eduardo Font estuvo al frente en dos ocasiones, del 1989-1991 y durante parte del 2001. Isaac Canales fue director durante la década de 1990. Roberto Colón también dirigió el programa de forma interina en el 2000.

Directores Font, Colón, Martínez y Canales con Justo González

Ellos también contaron con otras personas que apoyaron el proyecto. Cecilio Arrastía, Jorge Taylor y Jesse Miranda todos contribuyeron para que el Centro fuera una realidad. Y es sobre las espaldas de todos estos gigantes que ahora tenemos el privilegio de construir nuevas etapas de ministerio.

Esta realidad me deja maravillado y anonadado. Seguir en los pasos de personas como éstas me recuerda, de nuevo, que lo que Dios está haciendo en el mundo es mucho más grande que nuestros pequeños proyectos. Pero también me llama a la fidelidad como mayordomo. Muchos ya han invertido en este proyecto y muchos otros lo harán en el futuro. Doy gracias a Dios por ellos y espero poder dejar un Centro sólido en manos de otros cuando Dios me llame más adelante.

¡Gracias a Dios por la oportunidad de estar parado en las espaldas de estos gigantes!

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