“Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:3-4)
En esta porción del Sermón de Monte Jesús nos invita a preguntarnos ¿qué esperamos cuando damos? Vivimos en un mundo donde la persona que da más le pone su nombre a iglesias, edificios y ministerios. Las grandes instituciones cristianas tienen plaquetas en las cuales identifican a sus donantes y el nivel de su generosidad.
Yo doy gracias a Dios por las personas que dan para los ministerios cristianos con generosidad. Que Dios multiplique su tribu. Sin embargo, en este pasaje Jesús nos invita a profundizar la motivación de nuestras ofrendas. En Mateo 6:2-4 Jesús nos presenta una situación muy similar a la del día de hoy. En ese tiempo, como ahora, había mucha gente que daba en formas muy públicas. Anunciaban su donativo para que todos pudieran ver su “generosidad”. Según Jesús, estas personas recibían la recompensa que buscaban (Mateo 6:2). Querían que la gente reconociera lo que estaban haciendo y recibían el halago de otros. Al hacer público su donativo conseguían el reconocimiento de las personas a su alrededor.
Sin embargo, aquí Jesús nos está invitando a dar con una perspectiva más profunda, donde lo que se busca es bendecir a otros y dejar que sea Dios quien dé recompensas. Jesús nos está invitando al gozo de ser sus agentes secretos a través del donativo anónimo.
Una de las maneras más sencillas y directas de hacer lo que Jesús dijo es por medio de ayudar a personas necesitadas sin que ellas sepan que usted les ayudó. Que rica bendición es escuchar a una persona necesitada dar testimonio de que fue Dios quien le proveyó. La persona que dio la ayuda permitió que Dios le usara y que Dios recibiera toda la gloria por lo ocurrido. ¡Que tremenda oportunidad de servir para gloria de Dios!
Estamos pasando un momento económico difícil en que todo se está poniendo más caro y cada vez parece que hay menos dinero para dar y para ayudar al necesitado. Sin embargo, es en este tipo de situación cuando también supe el nivel de necesidad. El Señor está buscando personas que estén dispuestas a dar con gozo y sacrificio, sin reconocimiento público. Nos invita a esperar la recompensa divina, el “bien hecho” de quien quiere bendecir a otros a través de nosotros.
Le invito a estar atento a las maneras que Dios le quiere utilizar como dador anónimo. Tal vez sea una persona necesitada en su comunidad, iglesia o familia. Es posible que Dios le esté invitando a dar a un ministerio sin que se publique su nombre. Dios le quiere utilizar el día de hoy para bendecir a otros a través de su ofrenda secreta. Dé con gozo y generosidad y permita que sea Dios quien le dé la recompensa.
(Originalmente en EL INTER, Junio 2008)
En los últimos años se han hecho varios estudios importantes que demuestran la fuerte religiosidad de la comunidad Latina. Lo que está claro es que la gran mayoría de latinos creemos en Dios como alguien que se hace presente en la vida diaria. Somos pueblos de fuerte devoción religiosa que se manifiesta en una búsqueda de Dios en la vida diaria (lo cotidiano) a través de la devoción, la oración, la participación en estudios bíblicos y en ser parte activa de iglesias. Esa fe en Dios es parte del marco que define la cultura latina. Difícilmente se puede describir a la comunidad latina sin tomar en cuenta la profundidad de la fe, la devoción religiosa y la expectativa de que Dios es parte de la realidad humana. Todo esto refleja una cosmovisión en que Dios y la presencia de seres espirituales son parte de la experiencia humana.
El creer en la presencia activa de Dios en la realidad humana crea un ambiente de esperanza, aun en medio de circunstancias muy difíciles. Dicha esperanza hace posible desarrollar programas de apoyo y unir a la comunidad para lidiar con sus necesidades. Existe una disposición a hacer sacrificios para responder a problemas complejos porque se tiene fe en la presencia de Dios a nuestro lado. Ese sentido de sacrificio y esperanza hace posible seguir aun cuando el proceso es lento y no se ven resultados inmediatos.
También es posible apelar a ciertas experiencias religiosas comunes, o a aspectos comunes, a la hora de ministrar dentro de la comunidad. Tenemos variedades de expresiones religiosas, pero la gran mayoría compartimos una cosmovisión religiosa y espiritual similar. Esto es muy diferente a la religiosidad más racional que es común en muchos países de occidente. Dios no es un concepto doctrinal, sino una relación y una experiencia de la vida cotidiana. Esa experiencia se vive en conjunto con otros en la vida de la iglesia o las devociones populares.
Esta fe en Dios se demuestra en la manera que se lee la Biblia. La Biblia nos habla y nos llama a escuchar a Dios. Esa lectura devocional y precrítica nos invita a leer la experiencia latina a la luz de la presencia divina. En medio de la pobreza y la marginalización se encuentra al Dios que me ofrece ser persona de valor, hija suya, en el poder del Espíritu Santo.
Creer en Dios es también acercarse para adorarle desde lo profundo del ser. El culto evangélico es participativo, apasionado, multicultural, una fiesta en la cual se celebra a Dios. Esa adoración se puede llevar acabo en hogares o en lugares de culto muy sencillos, porque existe un sentir claro de la presencia de Dios en todo lugar donde se reúne su pueblo.
(Caminando entre el pueblo, páginas 60-62)
“… No juréis en ninguna manera…pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no…” (Mateo 5:32-37)
Vivimos en un mundo donde la honestidad brilla por su ausencia. Se nos venden productos a base de promesas que no se pueden cumplir. Los políticos nos comprometen con información a medias o con mentiras. Aun en la iglesia encontramos pastores y líderes que mienten utilizando la Palabra y se cubren bajo el manto de autoridad o posición. No nos debe sorprender que nadie le cree a nadie.
Cuando Jesús dijo las palabras en Mateo 5:32-37 los líderes religiosos de su día había desarrollado todo un proceso para “garantizar” la veracidad de la palabra de alguna persona. La fiabilidad del testimonio de una persona dependía de lo que estaba dispuesto a utilizar como base de su juramento. Era algo así como la costumbre entre algunos entre nosotros de jurar “por mi madre.” Se tomaba por sentado de que no se podía confiar en la palabra de alguna persona, apenas que estuviera dispuesta a jurar por algo de mucho valor espiritual. Se “tomada a Dios por testigo” en el asunto, asumiendo que la persona temería mentir si Dios era testigo. Parece que si no se tomaba a Dios por testigo no tenía porque temer mentir.
El día de hoy se nos llama a jurar sobre la Biblia o ante Dios como una manera de “garantizar” que la persona va a decir la verdad. También existe el temor del castigo si los sistemas legales pescan a la persona en una mentira. Todo esto nos confirma que solo se puede asegurar la veracidad de lo que dice alguna persona si existe el peligro de castigo, en esta vida o en la venidera.
Jesús invita a los ciudadanos del reino a ser personas que no necesitan jurar para persuadir a otros de la veracidad de su palabra. Nos llama a no jurar, a no hacernos parte de un juego en que la mentira y la verdad son negociables dependiendo del peligro o del castigo que podríamos recibir.
Ser “persona de palabra” es un valor que buscamos en otros, pero que nos cuesta practicar cuando nos encontramos en situaciones difíciles. Es más fácil mentir o contar medias verdades, siendo que no “juramos” decir la verdad. Siendo que así actúan nuestros líderes, es fácil justificarlo.
El jurar es para los que no se les puede confiar la palabra. Jesús nos invita a ser personas que nunca tienen que jurar, ni se les tiene que requerir el juramento porque la gente sabe que vamos a decir la verdad, aunque nos cueste.
El texto nos llama a ser personas transparentes en nuestra palabra. El mundo necesita el testimonio de creyentes a quienes no se les tiene que interpretar sus palabras para ver sin son fiables, ni cuestionar si están hablando “evangelásticamente”. ¿Qué contestarían nuestros amigos, familiares, hijos, compañeros de trabajo o hermanos en la iglesia si le fuéramos a hacer la pregunta que sirve de título de este artículo?
(El INTER, Octubre 2007)
Ayer recibí dos notas sobre las elecciones:
1. “Obama al desnudo” – Esta nota incluía un Youtube del Senador Obama en el cual hablaba sobre el hecho de que no le damos valor similar, ni interpretación similar, a todos los textos bíblicos, en particular a las normas legales del Antiguo Testamento. Pretendía decir que esto demostraba lo cuestionabable del Senador como cristiano y como posible futuro presidente.
2. “A Prophetic Warning Regarding the Election” – Un pastor de Texas dice haber recibido una palabra del Señor que advierte que un gobierno dirigido por el Senador Obama tendría efectos nocivos sobre el evangelio en todo el mundo.
Sin entrar en una postura partidista, quisiera invitarnos a reflexionar sobre algunas preguntas que suscitan de este tipo de nota:
1. ¿Cómo se utiliza la Biblia en el discurso nacional de este país? ¿Cómo leemos e interpretamos la Biblia a la luz de nuestras posturas políticas?
2. ¿Qué significa creer que Dios está hablando sobre los eventos de actualidad? Siendo que también he recibido notas “proféticas” que prometen todo tipo de mal si gana el Senador McCain, me pregunto si Dios está confundido o …..
La pregunta clave no es si uno apoya a McCain o a Obama. Lo que quisiera invitarnos a reflexionar es sobre cómo es que buscamos la dirección de Dios en este tipo de situación. ¿Qué significa creer que Dios tiene algo que decirnos sobre las elecciones nacionales del martes que viene?