Mestizaje latino y las iglesias
La mayoría de las culturas latinas han vivido en medio de un mestizaje cultural por siglos. Los españoles impusieron un mestizaje sobre los pueblos indígenas y los esclavos de África, pero los pueblos precolombinos ya habían experimentado varios tipos de mestizajes, voluntarios y forzados. Las nuevas migraciones hacia el mundo de habla hispana han ampliado las influencias culturales sobre las comunidades latinas. Aunque existe cierta “pureza” cultural y racial entre la gente de las clases altas y mucho racismo contra los indígenas y las personas de trasfondo africano, la mayoría de los latinos en este país somos mestizos o mulatos, sabemos que nacimos y hemos sido formados en medio de muchas influencias culturales y étnicas. Algunos somos tentados a apelar a cierta “pureza” racial, pero la gran mayoría sabemos que somos hijas e hijos de múltiples encuentros entre diferentes pueblos y etnias.
Este mestizaje cultural se refleja en una flexibilidad y adaptación cultural dentro de la comunidad. Los encuentros entre varios pueblos latinos aquí en los Estados Unidos han creado nuevos mestizajes, pero también han requerido el uso de esa flexibilidad cultural. Las iglesias latinas en casi todos los centros urbanos y en muchas áreas rurales son multiculturales. Nuestras experiencias de mestizaje han sido indispensables al experimentar nuevos encuentros culturales, aun dentro de la comunidad latina. La iglesia latina común y corriente incluye personas de varios países latinoamericanos, personas nacidas en los Estados Unidos, alguno de algún grupo minoritario en América Latina y alguna persona no latina que se ha casado con alguna de la congregación.
Esa flexibilidad cultural también es una herramienta muy útil al encontrarnos con personas de muchas diferentes culturas. Los retos de las relaciones interculturales se suavizan porque ya tenemos experiencia y patrones de relaciones con personas de otras culturas. Enfrentamos tensiones raciales y étnicas en este país, pero también contamos con las herramientas para crear nuevos tipos de puentes entre los diferentes pueblos en los Estados Unidos.
Nuestros mestizajes también nos han dado un marco para reflexionar sobre nuestra relación con Dios y la forma de obrar de Dios en el mundo. Nuestras experiencias como mestizos nos dan otras maneras de leer la Biblia y de percibir el obrar de Dios en el mundo. Al no poder reclamar una “pureza” racial, nos damos cuenta que nuestra dignidad viene por ser hijas e hijos de Dios y no por algún mérito o privilegio humano. Esto nos abre la puerta para poder ministrar con más libertad entre otros pueblos en
nuestro medio.
La experiencia latina y nuestros encuentros en los Estados Unidos nos dan herramientas particularmente necesarias para la iglesia en este país. Urgen modelos de vida eclesial intercultural en los cuales no se impone uniformidad, sino que se celebra la diversidad en medio de la unidad. Por ser un grupo que ya vivimos las relaciones interculturales, pero desde abajo, tenemos la posibilidad de ofrecer nuevos modelos de lo que significa celebrar unidad y diversidad en la vida de la iglesia estadounidense.
(Caminando entre el pueblo, pp. 63, 64)