Este fue uno de los cantos del himnario de mi niñez, Himnos de Gloria #123. Ha sido uno de los cantos que Dios ha traído a mi corazón cuando paso momentos de duda e inseguridad. Está profundamente grabado en mi ser.
Por fe contemplo redención,
la fuente carmesí.
Jesús nos da la salvación;
su vida dio por mí.
La fuente sin igual hallé,
de vida y luz el manantial.
¡Oh, gloria a Dios! ya lo probé;
me limpia a mí, me limpia a mí.
Mi vida entrego a mi Señor,
las dudas Él quitó.
Mi alma goza en su favor,
mis deudas Él pagó.
¡Cuán inefable gozo da,
saber que salvo soy!
Por su palabra de verdad
yo sé que al cielo voy.
¡Oh, gracia excelsa de mi Dios!
¡Cuán grande es su amor!
Y sólo a Él, mi Salvador,
quisiera dar loor.
En esta última semana Dios ha puesto este canto en mi corazón varias veces, así que decidí averiguar sobre su historia. Me di cuenta que el canto fue traducido por el líder pentecostal, H.C. Ball, el famoso hermano Pelota entre los latinos estadounidenses de las Asambleas de Dios, y formó parte del himnario Himnos de Gloria, que publicó en 1916. Según Ball, las traducciones le venían por obra del Espíritu Santo. Muchos de los himnos traducidos y publicados en este himnario se siguen utilizando el día de hoy. Aunque este himnario tiene casi 100 años de existencia todavía se sigue imprimiendo y utilizando en muchas iglesias.
La versión original en inglés, The Crimson Wave, fue escrita por Phoebe P. Knapp (Mrs. J.F. Knapp), quien escribió más de 500 himnos y trabajó a lado de la himnóloga Fanny Crosby durante el siglo XIX. Ball tradujo varios cantos de esa época y organizó varias colecciones de himnos, siendo la más famosa Himnos de Gloria. Y por medio de Ball sigue vivo el himno en español aun cuando ya casi no se canta en inglés. Gracias a Dios por Knapp y por Ball quienes fueron los medios para que Dios me hable a mí hoy.
Ha sido mi experiencia que en la mayoría de iglesias latinas en los Estados Unidos los creyentes creen en un Dios activo, que se hace presente en la vida diaria. Por eso escribí:
El creer en la presencia activa de Dios en la realidad humana crea un ambiente de esperanza, aun en medio de circunstancias muy difíciles. Dicha esperanza hace posible desarrollar programas de apoyo y unir a la comunidad para lidiar con sus necesidades. Existe una disposición a hacer sacrificios para responder a problemas complejos porque se tiene fe en la presencia de Dios a nuestro lado. Ese sentido de sacrificio y esperanza hace posible seguir aun cuando el proceso es lento y no se ven resultados inmediatos. (Caminando entre el pueblo, p. 61)
Me gustaría invitarles a dar sus testimonios. ¿Cómo se vive esta realidad en su iglesia? ¿Qué ejemplos puede dar de que la gente en su iglesia cree en Dios como alguien que se hace presente en la vida diaria? Espero escuchar sus testimonios. Bendiciones.
En los últimos años se han hecho varios estudios importantes que demuestran la fuerte religiosidad de la comunidad Latina. Lo que está claro es que la gran mayoría de latinos creemos en Dios como alguien que se hace presente en la vida diaria. Somos pueblos de fuerte devoción religiosa que se manifiesta en una búsqueda de Dios en la vida diaria (lo cotidiano) a través de la devoción, la oración, la participación en estudios bíblicos y en ser parte activa de iglesias. Esa fe en Dios es parte del marco que define la cultura latina. Difícilmente se puede describir a la comunidad latina sin tomar en cuenta la profundidad de la fe, la devoción religiosa y la expectativa de que Dios es parte de la realidad humana. Todo esto refleja una cosmovisión en que Dios y la presencia de seres espirituales son parte de la experiencia humana.
El creer en la presencia activa de Dios en la realidad humana crea un ambiente de esperanza, aun en medio de circunstancias muy difíciles. Dicha esperanza hace posible desarrollar programas de apoyo y unir a la comunidad para lidiar con sus necesidades. Existe una disposición a hacer sacrificios para responder a problemas complejos porque se tiene fe en la presencia de Dios a nuestro lado. Ese sentido de sacrificio y esperanza hace posible seguir aun cuando el proceso es lento y no se ven resultados inmediatos.
También es posible apelar a ciertas experiencias religiosas comunes, o a aspectos comunes, a la hora de ministrar dentro de la comunidad. Tenemos variedades de expresiones religiosas, pero la gran mayoría compartimos una cosmovisión religiosa y espiritual similar. Esto es muy diferente a la religiosidad más racional que es común en muchos países de occidente. Dios no es un concepto doctrinal, sino una relación y una experiencia de la vida cotidiana. Esa experiencia se vive en conjunto con otros en la vida de la iglesia o las devociones populares.
Esta fe en Dios se demuestra en la manera que se lee la Biblia. La Biblia nos habla y nos llama a escuchar a Dios. Esa lectura devocional y precrítica nos invita a leer la experiencia latina a la luz de la presencia divina. En medio de la pobreza y la marginalización se encuentra al Dios que me ofrece ser persona de valor, hija suya, en el poder del Espíritu Santo.
Creer en Dios es también acercarse para adorarle desde lo profundo del ser. El culto evangélico es participativo, apasionado, multicultural, una fiesta en la cual se celebra a Dios. Esa adoración se puede llevar acabo en hogares o en lugares de culto muy sencillos, porque existe un sentir claro de la presencia de Dios en todo lugar donde se reúne su pueblo.
(Caminando entre el pueblo, páginas 60-62)