Esta semana la administración Obama cambió su política con relación a los indocumentados que tienen orden de deportación. A partir de ahora, no se deportará a personas que tengan familiares que son ciudadanos, ni a personas que no tengan antecedentes criminales. Se les quitará la orden de deportación, aunque todavía estarán en un limbo legal. Se anticipa que estas personas reciban permisos de trabajo, aunque no podrán legalizar su estado migratorio.
Este es un cambio fundamental en la política de la administración Obama. Ya hacía varios meses que se había anticipado este cambio, siendo que la política anterior no había conseguido su meta, el que algunos republicanos apoyaran una reforma migratoria. Lo que muchos habíamos esperado del Presidente Obama desde su inauguración por fin se dio.
Fueron muchas las personas que trabajaron dentro de la administración para persuadir al presidente de que debiera adoptar esta política. También fueron muchos los que le siguieron insistiendo al presidente hasta que lograron que él optara por una política migratoria más justa. Gracias a Dios por todos los que trabajaron a favor de este cambio.
Señor Presidente, damos gracias a Dios que por fin usted tomó la postura correcta. Nos da pena los cientos de miles de personas que fueron deportadas durante la política anterior. Algunos tememos de que esto se hizo para tratar de asegurar el voto latino el año que viene. Pero hizo lo correcto.
Ahora la tarea de los que trabajamos a favor de los inmigrantes será asegurarnos de que se aplique esta nueva política justamente. Será importante que pastores y líderes estemos atentos ante los casos de personas con orden de deportación. Tendremos la tarea de trabajar con los agentes y jueces de migración para que apliquen esta política a favor de los pequeños.
En este momento el tema de la reforma migratoria no tiene mayor peso en el proceso pre-electoral. La economía predomina en toda la discusión política. Si sale el tema de los indocumentados en los debates republicanos es sólo para tratar de determinar quien tiene la postura más dura. La única excepción es el Gobernador Perry, quien ha tenido una postura pro-reforma. Está por verse si sigue apoyando una reforma, o si hace como el Senador McCain, quien comenzó con una postura pro-reforma y ha terminado siendo anti-reforma.
El presidente Obama ha dicho que está a favor de una reforma, pero sus acciones como presidente dejan mucho que desear. Su administración ha deportado a más personas que ningún otro presidente. Muchas de sus políticas apoyan las acciones de las personas que están más en contra de los inmigrantes. Sin embargo, también ha decidido que no deportarán a los niños criados en USA o los que han servido en el ejército (sería el colmo).
Humanamente hablando, no se ve mucha esperanza al momento. Mientras no mejore la situación económica parece que será difícil persuadir a los políticos a que practiquen la justicia. Será trabajo nuestro seguir acompañando al pueblo inmigrante y criando consciencia de su situación. Seguimos orando, buscando un milagro, pidiendo que corra la justicia “como impetuoso arroyo”. Que Dios nos de el valor de Amós para seguir luchando a favor del pueblo indocumentado.
Según un reciente reporte del New York Times (Better Lives for Mexicans Cut Allure of Going North) ha bajado significativamente el número de inmigrantes indocumentados que están entrando a los Estados Unidos desde México. Según el reporte este cambio no se debe tanto a la falta de trabajo en EEUU, ni al trabajo de la agencia de migración, sino al mejoramiento de la situación económica en México.
Siendo que el gobierno de los Estados Unidos está gastando tanto en “defender” la frontera sur y que varios estados están pasando leyes anti-inmigrantes, pareciera que todo ese esfuerzo tiene poco impacto. El artículo reconoce que los patrones migratorios entre México y los Estados Unidos siempre han seguido ciclos que responden tanto a la situación mexicana como a la necesidad de mano de obra en EEUU. Siempre ha habido altas y bajas en ese flujo. Está por verse si este cambio seguirá a largo plazo.
Lo que parece dejar en claro es que las leyes y el gasto en la “protección” de la frontera sur es un esfuerzo por gusto. La gente viaja, o no viaja, a la luz de sus necesidades y oportunidades socio-económicas. Las leyes sólo hacen más complicado ese proceso.
Por supuesto que esto nos regresa al problema de fondo: los Estados Unidos necesita una ley de reforma migratoria que tome en cuenta a los que ya están y que regule, en forma positiva, a los que llegarán en el futuro. Aunque no se quiera reconocer, el país necesita mano de obra y la necesitará aun más en los próximos años. Pero si se gasta el dinero en “defender” la frontera en vez de tener un buen sistema para regular el cruce seguiremos con el mismo problema. Y mañana, ¿cuándo el país necesite la mano de obra de afuera….
Este fin de semana pasada el Sen. John McCain de Arizona culpó a los indocumentados que pasan por Arizona de haber comenzado uno de los fuegos que ha quemado miles de hectáreas en el sur de Arizona y Nuevo México y que ahora amenaza con cruzar la frontera hacia Sonora. Según McCain si hubieran fronteras más seguras habrían menos fuegos en el sector. [Ya sólo falta que se le eche la culpa a los indocumentados por las guerras en Irak y Afganistán.]
Este tipo de acusación demuestra la tendencia de utilizar al marginado como chivo expiatorio. Esa tendencia ha sido común en la historia de Estados Unidos y ahora se está enfocando hacia los indocumentados que son mayormente latinos. Según algunos de derecha los latinos indocumentados son la causa por el desempleo, por los servicios mediocres de educación y salud, por la criminalidad y por los déficits.
Lo “fácil” de este tipo de acusación es que no hay quien contradiga estas locuras. El indocumentado no se puede defender y muchos de nosotros optamos por guardar silencio ante tales acusaciones. Es tiempo que tengamos el valor de cuestionar este tipo de acusación claramente injusto. Aunque fuera verdad que algún indocumentado accidentalmente haya comenzado el fuego, el problema de los fuegos en Arizona no se puede arreglar con no se puede arreglar con “cerrar” la frontera, siendo que cualquiera podría haber comenzado un fuego accidentalmente, aún el Sen. McCain.
Es tiempo de que los líderes cristianos hablemos con fuerza y claridad sobre este tipo de discurso inflamatorio. Se tiene que arreglar el asunto de los indocumentados. Pero echarles la culpa de todo lo que pasa sólo niega la necesidad de responder a lo problemas serios que confronta nuestro país.
Apenas de que los indocumentados sean responsables del alza del precio del petróleo y de los problemas del sistema de seguro social……
Este sábado un grupo de políticos latinos se reunirán en Tucson para comenzar el “Tequila Party”, un esfuerzo por organizar al pueblo latino como una fuerza política independiente. Toman como modelo al “Tea Party”, pero su inclinación es otra. Estos líderes políticos están frustrados con la actitud anti-inmigrante de los republicanos y con la postura del Presidente Obama de practicar la deportación masiva. Sienten que ninguno de los dos partidos están respondiendo a las necesidades de la comunidad latina.
Esta no es la primera vez que los latinos intentan algo por el estilo. A fines de la década de 1960 y principios de la década de 1970 se formó el partido político “La Raza Unida”. Este partido tuvo alguna influencia local en partes de Texas. Sin embargo, el sistema político estadounidense hace difícil que este tipo de esfuerzo tenga éxito.
Comparto algunas de las metas de los “tequileros”. 1) El pueblo latino se necesita organizar políticamente, para tener una voz en los Estados Unidos. Es claro que los republicanos no tienen interés en nuestra agenda y que los demócratas nos toman por sentado. 2) Los latinos necesitamos trabajar a favor de los inmigrantes. La mayoría son nuestros hermanas y hermanos y tenemos que utilizar nuestra voz a su favor. 3) Es claro que está creciendo la intolerancia hacia personas que “parecen” latinos. 4) Tenemos mucho que compartir a favor de los Estados Unidos.
Sin embargo, asumo que pocos se unirán a la fiesta de tequila. Hay muchas diferencias marcadas entre las diferentes comunidades latinas. Tenemos muchas agendas particulares y no hemos sido pueblos propensos a la unidad política. Es más soy evangélico y ni me gusta el tequila. Pero los organizadores nos obligan a reflexionar sobre la necesidad de trabajar juntos hacia agendas comunes. Tal vez si me invitan a una fiesta de horchata o…..
Este semana el Presidente Obama dio otro discurso sobre el tema de la reforma migratoria. De nuevo, reiteró que es indispensable que haya una reforma justa y comprensiva.
Siendo que existe poca posibilidad de que se apruebe una reforma muchos han visto esta acción como un esfuerzo por asegurarse del voto latino en 2012. La lógica detrás de esta perspectiva es que si se logra una reforma él puede decir que cumplió su promesa de campaña. Y si no se logra nada (lo más probable) puede hacerle la culpa a los republicanos durante las elecciones.
Quisiera unir mi voz a los que están diciendo que el presidente necesita demostrar su compromiso con acciones. Es tiempo de tomar acciones ejecutivas y dejar de deportar a familias y a jóvenes que calificarían para el Dream Act. Si hace estas cosas entonces los latinos sabremos que sus palabras son en serio. Pero si sigue con la misma política de deportaciones tendremos que llegar a la conclusión de que sus palabras son meras “promesas” del inicio de la campaña política.
Señor Presidente, necesitamos ver sus acciones, no solamente escuchar sus lindas palabras.
Mi amiga y colega de ministerio, Elizabeth Conde-Frazier acaba de publicar una herramienta muy útil para pastores y líderes que trabajan entre inmigrantes.

Escuchando a los niños Conversaciones con familias inmigrantes es un libro que nos invita a considerar las implicaciones de la migración y su impacto sobre las familias. Elizabeth utiliza “conversaciones” potenciales entre niños, padres y otros miembros de familias migrantes para ayudarnos a entender los procesos y las implicaciones de la migración. Su inquietud principal son los niños y el impacto sobre su educación y formación de identidad.
Nos reta de muchas maneras a responder cristianamente hacia los inmigrantes. En su conclusión dice lo siguiente:
Cuando nos mantenemos distantes, ajenos y en la ignorancia los unos de los otros, es más fácil proyectar las características negativas en otros individuos o grupos, y culparlos de los males que aquejan a toda la sociedad. En especial, cuando un país atraviesa dificultades económicas, algunos ciudadanos pueden culpar a los recién llegados, a los diferentes o a quienes considera menos dignos que ellos. Perciben que su propia condición económica y social es insegura y ven a estas personas como una amenaza.
Es importante para la salud de las personas encontrar espacios donde se las trate dignamente. Los grupos sociales comunitarios, los equipos de deportes y las iglesias pueden ser lugares donde los inmigrantes se sientan reconocidos en su dignidad mientras aprenden nuevas formas de contribuir a su nueva sociedad (p. 74).
La Dra. Conde-Frazier vive lo que ella está presentando. Ella es decana académica de Esperanza College, un programa universitario en Filadelfia. Muchos de los estudiantes de Esperanza son los “niños” por los cuales ella está abogando en este libro.
El libro está disponible en español y en inglés. Lo pueden conseguir en Amazon o en Judson Press.
Gracias, Elizabeth, por esta herramienta tan necesaria en este momento de la historia de nuestro país y nuestros ministerios.
Según un estudio reciente del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos en los últimos dos años más de un millón de inmigrantes, muchos indocumentados, consiguieron trabajo en medio de la economía pésima. Muchos se quejan de que los inmigrantes le quitan los trabajos a los ciudadanos y, superficialmente, este reporte parece confirmar esa aseveración.
Sin embargo, lo que el reporte no hace resaltar es que los trabajos que están tomando los inmigrantes son empleos que los ciudadanos no quieren o no saben hacer. El verano pasado la Unión de Campesinos (United Farm Workers) presentó una campaña con el nombre Take our Jobs. Básicamente retaron a cualquier ciudadano a trabajar en el campo. Yo me crié en el campo y me tocó trabajar en la cosecha algunas veces. Yo no lo haría y se que muy pocas personas en los Estados Unidos estarían dispuestas a hacer el trabajo de los que ponen la comida en nuestras mesas. (Tampoco estarían dispuestas a limpiar casas, hoteles o hospitales o los muchos otros empleos que toman los inmigrantes.)
Nuestros hermanos y hermanas inmigrantes hacen trabajo indispensable para este país. Por eso consiguieron empleo aún en los momentos más difíciles de la economía actual. Es tiempo que nos unamos al reto de la Unión de Campesinos. Si en verdad no necesitamos al inmigrante y al indocumentado, ¡Take our Jobs!
Confieso que se me sube la presión de la sangre cuando pienso en Elisa. Ella es una joven cristiana que tiene un corazón de servicio. Elisa terminó sus estudios universitarios y está sirviendo a su comunidad por medio de un proyecto en su iglesia. Ella tiene ganas de estudiar en el seminario porque siente que Dios la ha llamado al ministerio.
¿Por qué se me sube el enojo? Elisa tiene la “desgracia” de haber nacido en un país de América Latina y de haber llegado con sus padres indocumentados cuando tenía pocos años de vida. Se crió en Los Angeles y tiene un corazón para servir a Dios y a otros en esta ciudad. Pero ella es “indocumentada”, una persona que no es considerada digna de ser reconocida por este país. Elisa no puede regresar a su país de origen, apenas que vaya deportada.
Lloro por los políticos nos quieren persuadir de que Elisa es una criminal que merece el castigo de la deportación. Siendo que ella es inteligente es posible que podría hacerse vida en el país de su nacimiento. Pero ella es de acá, fue educada acá y está contribuyendo al bien de este país.
Mi consuelo es que Elisa está tan bien ubicada en este país que difícilmente la podría identificar la migra. Es altamente improbable que ella sea deportada. Pero por allí hay personas que están seguras que le harían un favor al país si la deportaran.
Así que sigo orando por Elisa y por tanto otro joven que desea estudiar y contribuir al bienestar de este país. Y oro por el arrepentimiento de aquellos que se han beneficiado de la mano de obra de los padres de Elisa y que ahora los querría deportar. Que Dios tenga misericordia de nuestro país por el trato que le hemos dado al extranjero.
(Elisa es el nombre que le puse a esta joven. Espero que si Elisa lee esta nota no esté segura de que estoy escribiendo sobre ella.)
Este año comenzó con noticias tristes para la comunidad inmigrante. El congreso no aprobó el DREAM ACT y con esa acción años de trabajo hacia una reforma migratoria parecían evaporarse. Está por verse si las actitudes anti-inmigrantes que crearon el ambiente para este voto siguen creciendo. Si el contexto sigue siendo negativo la comunidad latina se encontrará antes varios retos a la cual la pastoral latina tendrá que responder.
Por un lado las iglesias latinas tienen la responsabilidad de seguir apoyando a los indocumentados. Las deportaciones seguirán creando zozobra entre los indocumentados. Necesitamos ser agentes de esperanza y de apoyo. ¿Cuál es la esperanza del evangelio en medio de una situación injusta? Pero también necesitamos trabajar con las familias de indocumentados para que hagan planes para tratar con sus hijos estadounidenses, si la migra fuera a pescar a los padres.
La situación económica sigue precaria. Mucha de nuestra gente sigue sin trabajo o con empleos por debajo de sus necesidades y capacidades. Nos toca acompañar a los que están sufriendo económicamente. Nuestras iglesias tendrán que tener programas de ayuda inmediata para los que la necesitan y para acompañar a los que tendrán que tomar decisiones difíciles con relación a su futuro.
Las muertes ayer en Arizona nos recuerdan que estamos en un ambiente de inseguridad nacional y de reacciones racistas. Necesitamos ser agentes de reconciliación y paz en medio del temor que viven muchos. Algunos temen al indocumentado o al latino. Otros temen al anglo o al negro. A nosotros nos toca ser puentes que sirvan para bendición de las personas que están viviendo en temor del “otro”.
Pero también contamos con una generación de jóvenes que quieren servir al Señor y utilizar sus habilidades para bendecir a los que están sufriendo. Una tarea importante este año será retarles a servir al Señor y a la comunidad; a prepararse a servir al mundo. Nos tocará discipularlos para que sigan al Señor, utilizando lo que Dios nos ha dado, nuestros dones, nuestra cultura y nuestra realidad bilingüe y multicultural.
Dios puede transformar el temor y la zozobra en bendición. Seamos agentes de ese proceso y retemos a nuestro pueblo a hacer lo mismo.
¡Animo en la obra!