Una ofrenda agradable
“… Reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:24)
Luis Cardoza y Aragón, el poeta guatemalteco, dijo que “donde hay dos guatemaltecos se formarán tres partidos políticos”. Describía una realidad que no sólo se aplica a los guatemaltecos, sino a la mayoría de los latinos, incluyendo a los evangélicos. Nos cuesta trabajar juntos o apoyar el trabajo de otros, fácilmente nos apartamos de proyectos unidos, buscamos la unidad sólo cuando nuestra visión está en el centro y nos cuesta someternos los unos a los otros.
Este fenómeno tiene causas sociales, culturales e históricas. Nuestras divisiones como cristianos latinos también tienen muchas razones. Algunas son antiguas, divisiones denominacionales y teológicas que heredamos de otros y probablemente no vamos a resolver de este lado de la eternidad. Otras son diferencias que hemos creado nosotros mismos al dividirnos de otros y comenzar denominaciones y movimientos nuevos.
Tenemos muchas razones “espirituales” por las cuales estar separados y apartados de nuestros hermanos en la fe. “Ellos” no creen “correctamente”, no han sido “fieles” al evangelio o no “aceptan” la obra del Espíritu Santo al igual que “nosotros”. Estoy seguro de que se podrían dar muchas otras razones para explicar y justificar nuestras divisiones. Encima de todas está el temor de una unidad falsa que nos desvíe del camino del Señor.
En medio de estas divisiones tenemos la visión de Jesús de una iglesia unida. Juan 17 nos presenta la oración de Jesús por la unidad de la iglesia. Nuestra unidad es el testimonio principal que necesita el mundo y lo que más nos cuesta. También es lo que necesitamos como comunidad latina si hemos de responder a los grandes retos que nos confrontan. Necesitamos predicar el evangelio en palabra y hecho, respondiendo a las necesidades concretas de nuestro pueblo, sea la migración, la educación, la descomposición familiar o muchos otros problemas. No vamos a tener el impacto que Dios desea para nosotros, si no estamos dispuestos a trabajar juntos hacia lo que Dios está haciendo en el mundo.
Mateo 5:24 nos llama a reconocer que no podemos adorar verdaderamente a Dios si no estamos listos a reconciliarnos entre nosotros. Esto implica admitir que tenemos divisiones y separaciones entre nosotros que no glorifican a Dios. Todos estamos seguros que nosotros y nuestro movimiento están en lo correcto y que los “otros” están mal delante de Dios. Sin embargo, el pasaje nos llama a buscar al otro y reconciliarnos.
Los cristianos latinos necesitamos trabajar hacia reconciliación y la unidad. Los retos que confronta nuestra comunidad no tienen respuestas fáciles. Necesitamos ser sabios, atentos a la obra del Espíritu Santo, dispuestos a trabajar juntos hacia la misión integral de Dios en el mundo. Si tomamos en serio las palabras de Jesús en este pasaje, Dios podrá obrar grandes cosas en la comunidad latina. Esta es la ofrenda que desea el Señor de nosotros los latinos en los Estados Unidos.
(El Inter, Septiembre 2007)