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Un viejo entre tanto joven

Los días 4-6 de noviembre tuve el privilegio de participar en la convención internacional de Especialidades Juveniles en Orlando, Florida. Hubieron más de 1700 pastores y líderes juveniles de todo el mundo de habla hispana, incluyendo a muchos latinos de EEUU y algunos brasileños. Tuvimos una mesa representando al Centro Latino del Seminario Teológico Fuller (gracias, Sebastián) y tuve la oportunidad de presentar tres seminarios y talleres.

Estar entre tantos jóvenes me trae mucho gozo con relación al futuro de la iglesia latina. Estos muchachos tienen un compromiso claro con Cristo Jesús y un deseo de servirle donde el Señor los quiera. Tienen una energía que anima, aunque también andar entre tanto joven me recuerda que yo ya no lo soy.

Tuve la oportunidad de enseñar un seminario sobre ministerio en un contexto bicultural y el “mini-taller” “Educación, teología y ministerio Siendo líderes en un mundo complejo” dos veces. Tuve la grata sorpresa de ver a casi 200 jóvenes participar en este taller cuyo enfoque era la importancia de la formación teológica para el ministerio y el liderazgo. Hablamos de los retos que ellos van a enfrentar como líderes y la importancia de prepararse para que puedan conectar la Palabra con las situaciones que van a vivir.

Estos jóvenes tendrán el reto de ser intérpretes de la Biblia en un mundo mucho más complejo que el que yo enfrenté en mi juventud. La sociedad occidental nos ha impulsado hacia un secularismo en que se trata de vivir como si Dios no existiera, está materializada, sobre-sexualizada y sexualmente confundida. La globalización nos obliga a entendernos con las religiones del mundo y a confrontar las injusticias creadas por el capitalizado corporativo. La ciencia “promete” vidas más largas, mientras que los desechos de nuestras sociedades materializadas amenazan con destruir la vida en el planeta. En medio de todo esto la gente busca esperanzas espirituales; estos jóvenes están ante una nueva oportunidad de presentar el evangelio transformador ante un mundo más necesitado que nunca. Los retos son nuevos, aunque la condición humana es la misma y la respuesta sigue siendo Cristo Jesús.

Estar entre tantos jóvenes me recordó que la misión es de Dios y que Dios levanta a líderes para cada generación. Veo el futuro con esperanza porque el futuro es de Dios y porque veo a quienes está preparando Dios para la siguiente etapa. Pero también me da un poco de pena al pensar en los retos que estos jóvenes van a tener que enfrentar. Gracias a Dios que van acompañados del mismo Espíritu que nos motivó tantos años atrás cuando yo también era de la “generación emergente”.

(Esta nota se publicó por primera vez en Protestant Digital el domingo, 20 de noviembre del 2011.)

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Una ofrenda agradable

“… Reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:24)

Luis Cardoza y Aragón, el poeta guatemalteco, dijo que “donde hay dos guatemaltecos se formarán tres partidos políticos”. Describía una realidad que no sólo se aplica a los guatemaltecos, sino a la mayoría de los latinos, incluyendo a los evangélicos. Nos cuesta trabajar juntos o apoyar el trabajo de otros, fácilmente nos apartamos de proyectos unidos, buscamos la unidad sólo cuando nuestra visión está en el centro y nos cuesta someternos los unos a los otros.

Este fenómeno tiene causas sociales, culturales e históricas. Nuestras divisiones como cristianos latinos también tienen muchas razones. Algunas son antiguas, divisiones denominacionales y teológicas que heredamos de otros y probablemente no vamos a resolver de este lado de la eternidad. Otras son diferencias que hemos creado nosotros mismos al dividirnos de otros y comenzar denominaciones y movimientos nuevos.

Tenemos muchas razones “espirituales” por las cuales estar separados y apartados de nuestros hermanos en la fe. “Ellos” no creen “correctamente”, no han sido “fieles” al evangelio o no “aceptan” la obra del Espíritu Santo al igual que “nosotros”. Estoy seguro de que se podrían dar muchas otras razones para explicar y justificar nuestras divisiones. Encima de todas está el temor de una unidad falsa que nos desvíe del camino del Señor.

En medio de estas divisiones tenemos la visión de Jesús de una iglesia unida. Juan 17 nos presenta la oración de Jesús por la unidad de la iglesia. Nuestra unidad es el testimonio principal que necesita el mundo y lo que más nos cuesta. También es lo que necesitamos como comunidad latina si hemos de responder a los grandes retos que nos confrontan. Necesitamos predicar el evangelio en palabra y hecho, respondiendo a las necesidades concretas de nuestro pueblo, sea la migración, la educación, la descomposición familiar o muchos otros problemas. No vamos a tener el impacto que Dios desea para nosotros, si no estamos dispuestos a trabajar juntos hacia lo que Dios está haciendo en el mundo.

Mateo 5:24 nos llama a reconocer que no podemos adorar verdaderamente a Dios si no estamos listos a reconciliarnos entre nosotros. Esto implica admitir que tenemos divisiones y separaciones entre nosotros que no glorifican a Dios. Todos estamos seguros que nosotros y nuestro movimiento están en lo correcto y que los “otros” están mal delante de Dios. Sin embargo, el pasaje nos llama a buscar al otro y reconciliarnos.

Los cristianos latinos necesitamos trabajar hacia reconciliación y la unidad. Los retos que confronta nuestra comunidad no tienen respuestas fáciles. Necesitamos ser sabios, atentos a la obra del Espíritu Santo, dispuestos a trabajar juntos hacia la misión integral de Dios en el mundo. Si tomamos en serio las palabras de Jesús en este pasaje, Dios podrá obrar grandes cosas en la comunidad latina. Esta es la ofrenda que desea el Señor de nosotros los latinos en los Estados Unidos.

(El Inter, Septiembre 2007)

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