Posts tagged: materialismo

En casa el Viernes Negro

Hoy están llenas las tiendas de personas que están buscando las ofertas del ya famoso [en Estados Unidos] Viernes Negro. Muchos consiguieron productos a precios muy reducidos, aunque otros tal vez sólo consiguieron la frustración de llegar tarde o de tener que pelearse con alguien por un estacionamiento o un producto descontado. Si usted fue, espero que haya conseguido lo que buscaba al precio que deseaba.

Algunos dejaron las mesas familiares del Día de Acción de Gracias para irse a hacer colas desde las dos de la tarde del jueves. Muchas tiendas abrieron desde la medianoche. Me imagino que muchos de los participantes en esta fiesta de consumo ya estarán durmiendo para pasar la “cruda”.

Las tiendas esperan que este día (y la temporada navideña) cambie su situación económica y muchos economistas están esperanzados de que nuestras compras esta época sean un estímulo positivo para la economía nacional. Parecen que los estadounidenses estamos listos a gastar dinero después de más de dos años de inseguridad económica.

La euforia del viernes negro nos dice mucho sobre quienes somos y nuestros valores. Por un lado, parece que a todos nos gusta la idea de las ofertas. Nos llama la atención poder decir que conseguimos algo a un precio barato. Pero también enfatiza que somos una sociedad de consumo. El futuro de nuestra economía depende de que compremos más cosas, aunque tal vez no las necesitemos. Por otro lado nos habla del poder de los anuncios publicitarios. Nos han estado bombardeando con la idea del viernes negro tanto en los anuncios comerciales como también en las “notas noticiosas” que reportan sobre la gente que está en anticipación de las ofertas.

Pues ya saben que yo no fui. Algunos pensarán que es porque ya estoy muy viejo para esos cuentos. Tal vez, siendo que no soy una persona que mucho bullicio. Pero la razón principal fue que no quiero vivir por los ritmos de consumo, especialmente en esta temporada de acción de gracias y de adviento. Me gustó la manera que lo dijo hoy mi amigo Pablo Jiménez en su nota para El Nuevo Día (Viernes Negro). El no participó como una disciplina espiritual. Yo también quiero practicar las disciplinas del adviento y no las disciplinas del consumo.

Durante este tiempo de adviento espero que podamos poner el enfoque en el regalo de Dios en Cristo. Que sea una temporada en que podamos dar, así como Cristo se dio por nosotros. Que nuestras compras sean para bendecir a otros y que no se nos olvide dar gracias a Dios por todo lo que ya tenemos.

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Una iglesia seducida

En cada época le toca a la iglesia identificar que significa seguir fielmente a Cristo Jesús.  El día de hoy en muchas partes del mundo la iglesia está siendo perseguida por ser fiel al evangelio.  Pero en otras partes, como en los Estados Unidos, el problema principal no es la persecución, sino la seducción.  Aquí el peligro más grande para la iglesia es que pierda su testimonio al ser seducida por los “poderes de este siglo.”  Quisiera identificar dos grandes poderes que están seduciendo a la iglesia en este país.

Jesús llama al primer poder mamón (riquezas, Mateo 6.24).  El dinero no es algo neutral, sino, mas bien, un poder de este mundo.  El dinero puede ser utilizado para bien.  Pero también seduce hacia al materialismo y consumismo.  En este país se mide el “éxito” por lo que uno acumula y consume.  Las iglesias son seducidas cuando miden su éxito por el tamaño de sus presupuestos o por los bienes que adquieren “para el ministerio.”  Muchas iglesias también enseñan que la prosperidad y la salud son señales de la bendición de Dios, olvidando que los creyentes más fieles muchas veces son los más pobres y que los ricos oprimen a los pobres de este mundo (Santiago 2.5,6).  La respuesta divina a esta seducción es la mayordomía y la fidelidad.  Necesitamos recordar constantemente que TODO lo que tenemos es de Dios (no sólo el diezmo) y que vamos a responder a Dios por el uso del mismo, sea poco o mucho (Mateo 25:14-30).  El llamado del evangelio es a la fidelidad, no al “éxito.”

Pablo llama al segundo poder el “yo” (Gálatas 2.20).  Vivimos en una sociedad individualista donde lo que YO quiero es lo más importante.  Las cosas y las personas deben estar a mi servicio.  Los anuncios me llama a comprar y consumir porque YO me lo merezco.  Esta tendencia seduce a la iglesia cuando presentamos a Dios como el que está a nuestro servicio, “ofreciéndonos” lo que queremos.  La respuesta bíblica a esta seducción es la comunidad y el servicio.  El Nuevo Testamento describe a la iglesia como comunidades de creyentes donde los miembros daban lo que tenían, fueran sus bienes (Hechos 2:41-47) o sus dones (1 Corintios 12) para servir a otros.  Y Jesús nos puso el ejemplo cuando dijo que no vivo a ser servido, sino a servir y a dar su vida por otros (Marcos 10.45).

El materialismo y el individualismo seducen porque prometen llenar nuestras necesidades materiales y emocionales.  Nos hacen creer que podemos servir a Dios Y a las riquezas.  Pero esa seducción domestica el poder transformador y profético del evangelio.  Cristo nos invita a no dejarnos seducir por las promesas falsas de nuestra sociedad.  Delante de Dios el bienaventurado no es el que acumula, sino el que da (Hechos 20.35).  Si queremos que el evangelio tenga un impacto poderoso en nuestro país es tiempo de confrontar el materialismo e individualismo en nuestras iglesias y de dar lo que tenemos a favor de otros en nombre de Cristo.

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Proclamando la esperanza del evangelio en medio de la inseguridad

La “orgía” materialista de los últimos años nos causó la crisis del 2008 nos ha dejado con una “cruda” que todavía nos está afectando en el 2010. No estuvimos dispuestos a llevar orden en nuestra vida económica personal o nacional y ahora nos está tocando lidiar con las consecuencias de un desorden económico que cada día hace más grande. Es muy probable que sigamos sintiendo los efectos de nuestra “orgía” a través de todo este año. Lo más triste es que las personas más vulnerables son la que están sintiendo el impacto de nuestro pecado colectivo.

En medio de la inseguridad que estamos viviendo nos toca seguir proclamando la esperanza que viene del Señor, no de los bienes económicos. Esta situación nos presenta una nueva oportunidad para proclamar que “la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Nos tocará ayudar a los que serán afectados por la situación, pero también invitar a todos a “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Si podemos ayudar a la gente a reconocer que la bendición de Dios es lo más importante, entonces podremos ser agentes de cambio en nuestro mundo.

A nivel nacional necesitamos llamar a nuestros líderes políticos a la responsabilidad y al orden. Necesitamos una visión que esté basada en el servicio a otros y no en la ventaja personal. También necesitamos leyes que regulen nuestra vida económica porque somos pecadores, somos capaces de hacernos daño y hacerles daño a otros. Nos tocará proclamar palabras proféticas contra aquellos que nos han querido persuadir que el materialismo y la acumulación deben regir nuestras economías. Necesitamos recordar a todos que sólo somos mayordomos sobre la tierra.

También es un tiempo clave para orar por avivamiento a nivel nacional y mundial. Muchas veces en la historia humana han sido los momentos de inseguridad económica y social en las cuales las personas han estado abiertas a escuchar el mensaje del evangelio, de nuevo. Oremos que muchos en nuestro país se abran a la esperanza que nos ofrece Cristo Jesús y que muchos se arrepientan de una vida que no agrada al Señor.

Por causa de la inseguridad nacional y mundial tenemos muchas oportunidades de vivir la realidad del evangelio, proclamando buenas nuevas de Cristo Jesús por medio de nuestras acciones. Que el Señor nos abra los ojos para que ver las oportunidades que nos está abriendo y que podamos responder con su gracia en el poder de su Espíritu.

(Adaptado de EL INTER, Enero 2009)

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Macroeconomía actual y la pecaminosidad humana

Sigue el debate sobre las reformas bancarias y fiscales que se necesitan implementar para que no se repita el desastre económico de los últimos meses. Los bancos y compañías que recibieron dinero del gobierno el año pasado ahora le están dando grandes bonos a sus ejecutivos. Esto ha creado una reacción populista contra estos negocios. Sin embargo, todavía está por verse si el gobierno impondrá reglamentos que frenen el tipo de acción que creó el problema que casi causa una depresión económica mundial.

Lo que ha quedado claro para mí es que los eventos de los últimos meses nos demuestran la realidad del pecado humano. Estamos en esta situación, no por algo que estaba fuera del control humano, sino por causa del pecado. Se ve la realidad del pecado a varios niveles.

El pecado más obvio es la avaricia. Desde los grandes inversionistas hasta las familias que se metieron en casas que no podían pagar, la motivación era conseguir más y conseguirlo fácilmente. No había quien dijera “tengo suficiente, no necesito tratar de conseguir más que lo que necesito”. Los prestamistas se aprovecharon de la tendencia humana de querer más y más para vender casas, carros y bienes que estaban más allá de las posibilidades reales de las personas y que no se necesitaban. Los grandes prestamistas hicieron lo mismo, a grande escala. Creyeron que podían seguir revendiendo lo mismo y consiguiendo que alguien pagara cada vez más dinero. Esta casa de naipes se cayó cuando por fin ya no había suficiente gente avara que siguiera tratando de seguir haciendo “ganancias fáciles”.

El segundo pecado clave tal vez es menos obvio. Todo esto se dio porque la lógica de los que están en el poder era quitar regulaciones y permitir que el “mercado” regulara a los compradores y vendedores. Pero esto niega la realidad de la pecaminosidad humana. Las regulaciones existen no porque se cree que el gobierno haría mejor trabajo. Al fin y al cabo, los que están en gobierno también son pecadores. Se necesitan normas y reglas porque todos somos propensos al pecado y necesitamos que otros nos supervisen. Al practicar la desregulación se estaba actuando como que los inversionistas no serían propensos a ofrecer préstamos cuestionables y desarrollar negocios turbios. Al no creer en la realidad y profundidad del pecado humano se creó una situación en la cual el pecado pudo prosperar.

Un tercer pecado clave es estructural y más profundo. Al estar buscando soluciones al problema muchos quieren ayudar a los grandes, siendo que si ellos caen nos afectaría a todos. Otros quieren que también se le ayude a los que están perdiendo sus casas. Pero ¿qué de los más pequeños, los que no tienen bienes y propiedades, pero están sufriendo los efectos de las decisiones de otros? Algunos abogan por los ricos y otros por la clase media, pero ¿quién aboga por los pobres, los ancianos, los niños o los indocumentados? Los planes de rescate comenzaron con los ricos. Algunas ideas incluyen a la clase media. Pero el evangelio nos llama a recordar a los pobres. Un plan de rescate que no responda a las necesidades de los más vulnerables van en contra del evangelio.

Lo que ha ocurrido en Wall Street nos muestra lo que sabemos, pero que somos propensos a olvidar. Todos somos pecadores y podemos meternos en problemas por causa de nuestro pecado. Oramos que el desastre de Wall Street nos invite a todos a reflexionar sobre nuestra propia tendencia a olvidar la realidad del pecado y nuestra necesidad de la obra redentora de Dios en Cristo Jesús.

(Adaptado de un artículo en EL INTER, Octubre 2008)

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Aprendiendo el gozo de dar en secreto

“Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:3-4)

En esta porción del Sermón de Monte Jesús nos invita a preguntarnos ¿qué esperamos cuando damos? Vivimos en un mundo donde la persona que da más le pone su nombre a iglesias, edificios y ministerios. Las grandes instituciones cristianas tienen plaquetas en las cuales identifican a sus donantes y el nivel de su generosidad.

Yo doy gracias a Dios por las personas que dan para los ministerios cristianos con generosidad. Que Dios multiplique su tribu. Sin embargo, en este pasaje Jesús nos invita a profundizar la motivación de nuestras ofrendas. En Mateo 6:2-4 Jesús nos presenta una situación muy similar a la del día de hoy. En ese tiempo, como ahora, había mucha gente que daba en formas muy públicas. Anunciaban su donativo para que todos pudieran ver su “generosidad”. Según Jesús, estas personas recibían la recompensa que buscaban (Mateo 6:2). Querían que la gente reconociera lo que estaban haciendo y recibían el halago de otros. Al hacer público su donativo conseguían el reconocimiento de las personas a su alrededor.

Sin embargo, aquí Jesús nos está invitando a dar con una perspectiva más profunda, donde lo que se busca es bendecir a otros y dejar que sea Dios quien dé recompensas. Jesús nos está invitando al gozo de ser sus agentes secretos a través del donativo anónimo.

Una de las maneras más sencillas y directas de hacer lo que Jesús dijo es por medio de ayudar a personas necesitadas sin que ellas sepan que usted les ayudó. Que rica bendición es escuchar a una persona necesitada dar testimonio de que fue Dios quien le proveyó. La persona que dio la ayuda permitió que Dios le usara y que Dios recibiera toda la gloria por lo ocurrido. ¡Que tremenda oportunidad de servir para gloria de Dios!

Estamos pasando un momento económico difícil en que todo se está poniendo más caro y cada vez parece que hay menos dinero para dar y para ayudar al necesitado. Sin embargo, es en este tipo de situación cuando también supe el nivel de necesidad. El Señor está buscando personas que estén dispuestas a dar con gozo y sacrificio, sin reconocimiento público. Nos invita a esperar la recompensa divina, el “bien hecho” de quien quiere bendecir a otros a través de nosotros.

Le invito a estar atento a las maneras que Dios le quiere utilizar como dador anónimo. Tal vez sea una persona necesitada en su comunidad, iglesia o familia. Es posible que Dios le esté invitando a dar a un ministerio sin que se publique su nombre. Dios le quiere utilizar el día de hoy para bendecir a otros a través de su ofrenda secreta. Dé con gozo y generosidad y permita que sea Dios quien le dé la recompensa.

(Originalmente en EL INTER, Junio 2008)

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Proclamando la esperanza del evangelio en medio de la inseguridad

La “orgía” materialista de los últimos años nos causó la crisis del 2008 nos ha dejado con una “cruda” para el 2009. No estuvimos dispuestos a llevar orden en nuestra vida económica personal o nacional y ahora nos tocará lidiar con las consecuencias de un desorden económico que cada día hace más grande. Es muy probable que estemos sintiendo los efectos de nuestra “orgía” a través de todo el 2009. Lo más triste es que las personas más vulnerables serán las que más sentirán el impacto de nuestro pecado colectivo.

En medio de la inseguridad que estamos viviendo y que seguirá durante este nuevo año, nos tocará proclamar la esperanza que viene del Señor, no de los bienes económicos. El 2009 nos presenta una nueva oportunidad para proclamar que “la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Nos tocará ayudar a los que serán afectados por la situación, pero también invitar a todos a “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Si podemos ayudar a la gente a reconocer que la bendición de Dios es lo más importante, entonces podremos ser agentes de cambio en nuestro mundo.

A nivel nacional la llegada del nuevo presidente es una oportunidad para llamar a nuestros líderes políticos a la responsabilidad y al orden. Necesitamos una visión que esté basada en el servicio a otros y no en la avaricia. También necesitamos leyes que regulen nuestra vida económica porque somos pecadores, somos capaces de hacernos daño y hacerles daño a otros. Nos tocará proclamar palabras proféticas contra aquellos que nos han querido persuadir que el materialismo y la acumulación deben regir nuestras economías. Necesitamos recordar a todos que sólo somos mayordomos sobre la tierra. También tendremos que confesar que algunos de nosotros nos dejamos llevar por la mentira de que se podía comprar una casa sin dinero o que se podía hacer rico rápidamente.

También será un año para orar por avivamiento a nivel nacional y mundial. Muchas veces en la historia humana han sido los momentos de inseguridad económica y social en las cuales las personas han estado abiertas a escuchar el mensaje del evangelio, de nuevo. Oremos que el 2009 sea un año en que muchos en nuestro país se abran a la esperanza que nos ofrece Cristo Jesús y que muchos se arrepientan de una vida que no agrada al Señor.

Por causa de la inseguridad nacional, durante el año 2009 tendremos muchas oportunidades de vivir la realidad del evangelio, proclamando buenas nuevas de Cristo Jesús por medio de nuestras acciones. Que el Señor nos abra los ojos para que ver las oportunidades que nos está abriendo y que podamos responder con su gracia en el poder de su Espíritu. ¡Feliz 2009!

(Próximo a publicarse en EL INTER, Enero 2009)

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