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Amando a los musulmanes

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen…” (Mateo 5:43-48)

Desde el 11 de septiembre del 2001 se ha hecho popular el islamofobia (temor a todo lo que tiene que ver con el Islam y a los musulmanes en particular) entre muchos cristianos evangélicos. Regularmente oigo comentarios falsos sobre lo que enseña el Islam y declaraciones racistas que se esconden detrás de “análisis serios”. El temor ha creado un ambiente que hace difícil entender las complejidades del mundo islámico, ni de la gran variedad de creencias entre los musulmanes, incluyendo aquellos que confiesan a Jesús como mesías y salvador. Claramente las acciones de musulmanes extremistas han tenido un impacto sobre el pensamiento de muchos cristianos evangélicos.

En el sermón del monte Jesús reconoce que sus seguidores tendrán enemigos, personas que les querrán hacer daño o con quien tendrán relaciones de plena desconfianza. Su invitación no es a negar lo obvio, sino a responder a esa realidad de una forma diferente a lo común. Si los musulmanes, a lo menos los radicales, son nuestros enemigos y si nos maldicen, Jesús nos ha dado instrucciones claras de cómo responder. Hemos de demostrarles amor y bendecirles.

El mandato de Jesús, no es algo simplista, ni se debe tomar a la ligera. Si lo tomamos en serio tendremos que hacer muchos sacrificios y aun posiblemente tendremos que ir en contra de las posturas de amigos y hermanos. Sin embargo, quisiera sugerir algunos pasos que nos podrían ayudar a caminar hacia el cumplimiento de amar y bendecir a los musulmanes:

1. Relacionarme con musulmanes – Hay miles de musulmanes en el área de Los Ángeles, incluyendo personas de trasfondo latino. Le invito a conocerse con algún musulmán y crear una relación de confianza y respecto.

2. Estudiar acerca del Islam – Mucho de lo que se dice acerca del Islam refleja ignorancia y medias verdades. Tome el tiempo para conocer lo que enseña el Corán. Aprenda acerca de las sectas y las escuelas de pensamiento en el Islam. Esto le ayudará a poder analizar las diferencias muy grandes que existen entre los musulmanes y también entender porqué han surgido los movimientos extremistas en el Islam.

3. Conocer y apoyar a los misioneros que trabajan en el mundo musulmán – El día de hoy hay muchas personas del mundo de habla hispana sirviendo al Señor entre los musulmanes. Ellos necesitan nuestras oraciones y apoyo económico. Estas personas también nos pueden ayudar a entender y a amar a los pueblos islámicos.

4. Apoyar a los cristianos en el medio oriente – Las iglesias cristianas en algunas partes del medio oriente están en crisis. Las acciones de Israel en Palestina han causado que la gran mayoría de los creyentes palestinos tengan que abandonar la tierra santa.  Desde la invasión de Irak han tenido que huir más de la mitad de los cristianos que vivían en ese país. Necesitamos buscar políticas que ayuden a nuestros hermanos en el medio oriente, reconociendo que muchas de las acciones estadounidenses en el medio oriente le están haciendo daño profundo a la iglesia en la región.

Que el Señor nos de el valor para amar y bendecir a nuestros “enemigos” musulmanes.

(EL INTER, Febrero 2008).

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Bienaventurados los pacificadores

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9)

Las noticias de estos días están enfocadas en la guerra en el Medio Oriente. Aquí en Estados Unidos la gran mayoría, incluyendo a líderes cristianos, defienden el derecho de Israel, mientras que para la mayoría en el mundo musulmán, Israel es visto como el causante del problema, particularmente por su trato hacia los palestinos. Y la respuesta de los dos lados es justificar la violencia contra el otro. Siendo que los dos están seguros que su causa es justa y que Dios está de su lado el quitarle la vida a inocentes o destruir la infraestructura de otros es visto como legítimo. Algunos cristianos hasta parecen estar contentos con la guerra siendo que la ven como posible señal de la pronta venida de Cristo.

Pero es ese Cristo que esperamos el que nos da la bienaventuranza de Mateo 5:9. Vivimos en un mundo de pecado y sabemos que las guerras son causadas por el pecado humano (Santiago 4:1-2). También sabemos que el que toma la espada, perecerá por ella (Mateo 26:52). Sin embargo, Cristo viene predicando un mensaje de reconciliación, primero con Dios, luego entre humanos, con la creación y con nosotros mismos. Como seguidores de Cristo Jesús somos llamados a ser agentes de esa reconciliación (2 Corintios 5:17-21).

En el Sermón del Monte Cristo llama bienaventurada a la persona que está dispuesta a buscar la paz entre los que están en conflicto. Esto es difícil en cualquier tipo de conflicto, sea personal o internacional. Quien opta por buscar la reconciliación muchas veces será visto como un idealista que “no entiende las realidades de nuestro mundo” o como uno que favorece al “enemigo”.

Para recibir la bendición de ser llamados hijos de Dios necesitamos intervenir donde hay conflicto. En primer lugar, debemos estar orando que Dios traiga paz y justicia a toda situación donde no la hay hoy. Pero también necesitamos estar dispuestos a ser agentes de reconciliación en situaciones difíciles. Tal vez sea ayudando a una pareja o familia que está en conflicto. Posiblemente signifique ser parte de los esfuerzos por traer reconciliación entre jóvenes latinos y afro-americanos en Los Angeles. O tal vez Dios quiere que usted se involucre directamente en buscar la reconciliación entre palestinos e israelís. Ninguna de estas opciones serán fáciles y tal vez su participación lo ponga en peligro. Pero es allí donde Dios está invitando a personas que desean esta bendición. Ya hay hermanas y hermanos siendo pacificadores en cada una de estas situaciones. [Oremos que Dios les ayude a ser agentes de paz entre gente que se odia.]

Creo que muchos de nosotros no queremos esta bienaventuranza. Cuesta demasiado caro predicar la esperanza del evangelio en situaciones de conflicto o guerra. A Cristo le costó morir en la cruz. Pero es en el proceso de buscar la reconciliación entre parejas, entre latinos y afro-americanos o entre israelís y palestinos donde demostramos la realidad del evangelio que predicamos. Busquemos la bendición de ser llamados hijos e hijas de Dios.

(Originalmente en EL INTER, Agosto 2006)

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