Cantando el Magnificat con los indocumentados
Los intereses políticos siguen bloqueando una solución al problema migratorio de millones de personas en este país. Esta semana pasada el senado pospuso un voto a favor del Dream Act, sabiendo que los republicanos votarían en contra, aunque varios senadores republicanos se han declarado a favor de esta ley en el pasado. Pero los pleitos con el Presidente Obama y los demócratas pesan más que la necesidad de los jóvenes que podrían legalizar su estado migratorio por medio del estudio o el servicio militar. Seguimos orando…
Durante esta época de Adviento nuestra iglesia está leyendo los cantos que nacen en la primera navidad. Comenzamos con el Magnificat, el canto de María en Lucas 1:46-55. El canto nace en el encuentro entre dos primas que están encinta, María y Elizabet, quien será madre de Juan el Bautista. Al verse las futuras madres, el niño en el vientre de Elizabet salta de alegría y Elizabet bendice a María. El canto nace como respuesta a esa bendición.
Me pregunto: ¿qué esperanza pone este canto ante el indocumentado? ¿Cuál es la base de la esperanza hoy que los políticos no quieren obrar a su favor?
María comienza reconociendo que Dios ha visto su “bajeza”. Una joven judía de un pueblo insignificante, tiene el privilegio de ser parte del plan de Dios. Ella alaba al Señor porque Dios utiliza a una persona pequeña, una persona que no habría tenido importancia en la sociedad de su día. Ella será llamada bienaventurada porque Dios vio lo pequeño y decidió obrar por medio de ella.
Sigue el canto celebrando las grandes obras de Dios. Tanto ella como Elizabet están encinta por un milagro. Dios obra el milagro de la vida en dos mujeres que están listas a recibirlo. Sabemos que Zacarías, el esposo de Elizabet, no creyó y que José, el prometido de María, dudó. Pero estas mujeres confiaron en el Dios de los milagros.
María reconoce que lo que está pasando pone todo al revés. En los cantos de nuestra sociedad son los poderosos, los ricos y los “beautiful people” quienes son celebrados. Ellos tienen papeles y se dan el lujo de celebrar que nacieron en el país “correcto”. Sin embargo, en la justicia divina son los pobres los que son colmados de bienes y los ricos que salen vacíos. María no está celebrando un acto de revolución humana, sino la justicia divina que reconoce que los poderosos y los ricos obran a su favor y los pobres se tienen que arreglar como puedan. Pero Dios está viendo y traerá justicia.
Cierra el canto reconociendo que Dios cumple su palabra. Dios es fiel para con los suyos.
Para mí, este canto tiene mucho que decir al indocumentado. ¿Será que Dios quiere utilizar a los indocumentados para traer bendición a este país? ¿Será que ya lo están haciendo y los grandes no lo pueden ver? ¿Habrán indocumentados hoy que Dios quiere utilizar? Sospecho que hay Marías dispuestas a obedecer entre los indocumentados hoy.
Dios quiere hacer grandes cosas. Estamos frustrados por los sistemas humanos. Pero nuestra esperanza no está en las leyes, ni en los demócratas o republicanos. Quien hará la gran obra será el Señor. Seguimos cantando a lado del indocumentado porque seguimos creyendo en el Dios de los milagros.
Creemos en la justicia divina, donde el lugar de nacimiento no condena a la miseria, ni garantiza el privilegio. A través de la historia humana Dios ha obrado en y a través de los migrantes. Dios ha traído su bendición a través de personas que “no sabían a donde iban”. La Biblia es la historia de migrantes que obedecieron a Dios. Dios les cumplió su palabra a aquellos que estuvieron dispuestos a seguirle.
Este adviento yo canto con los indocumentados, no porque las leyes humanas han sido cambiadas a su favor, sino porque se que Dios quiere obrar en y a favor de ellos. Me uno con María porque he visto obrar al Dios de María y se que obrará a favor del que está hoy en temor por no tener papeles.





