No soy muy seguidor de la música popular. Pero la nueva grabación de Juan Luis Guerra y 440 Asondeguerra merece una nota. Confieso que siempre me ha gustado a Juan Luis Guerra, desde antes que se convirtiera. Sus cantos con mensaje profético como “Ojala llueva café” siempre me han llamado la atención.
Asondeguerra es una tremenda combinación de lo mejor de Juan Luis. Su primera canción “No aparecen” nos tocó mucho a Olga y a mí, que estamos por cumplir 30 años de matrimonio. El poeta de amor se lució con esa canción.
Pero decidí escribir esta nota por causa de otras dos canciones en el álbum. En “Apaga y vámonos” Juan Luis apela a su voz profética para recordarnos que muchas veces en el mundo político se nos hace la misma promesa, se nos dice la misma mentira, se nos da el mismo discurso.
Después de esta canción sigue una alabanza “Son al rey”. Es esta combinación de denuncia y alabanza a Dios que tanto me impresionó de “Asondeguerra”. Cuanto me gustaría oír esta combinación en los cultos de nuestras iglesias. Nos urge una alabanza que también tenga el valor de denunciar el pecado y la injusticia a nuestro alrededor. Espero que las iglesias que aprendan a cantar “Son al rey” también canten “Apaga y vámonos”.
Confieso que todavía estoy esperando que Juan Luis Guerra nos deleite con una canción que combine su alabanza cristiana y su voz profética. ¡Esa la compro yo!
La “orgía” materialista de los últimos años nos causó la crisis del 2008 nos ha dejado con una “cruda” que todavía nos está afectando en el 2010. No estuvimos dispuestos a llevar orden en nuestra vida económica personal o nacional y ahora nos está tocando lidiar con las consecuencias de un desorden económico que cada día hace más grande. Es muy probable que sigamos sintiendo los efectos de nuestra “orgía” a través de todo este año. Lo más triste es que las personas más vulnerables son la que están sintiendo el impacto de nuestro pecado colectivo.
En medio de la inseguridad que estamos viviendo nos toca seguir proclamando la esperanza que viene del Señor, no de los bienes económicos. Esta situación nos presenta una nueva oportunidad para proclamar que “la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Nos tocará ayudar a los que serán afectados por la situación, pero también invitar a todos a “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Si podemos ayudar a la gente a reconocer que la bendición de Dios es lo más importante, entonces podremos ser agentes de cambio en nuestro mundo.
A nivel nacional necesitamos llamar a nuestros líderes políticos a la responsabilidad y al orden. Necesitamos una visión que esté basada en el servicio a otros y no en la ventaja personal. También necesitamos leyes que regulen nuestra vida económica porque somos pecadores, somos capaces de hacernos daño y hacerles daño a otros. Nos tocará proclamar palabras proféticas contra aquellos que nos han querido persuadir que el materialismo y la acumulación deben regir nuestras economías. Necesitamos recordar a todos que sólo somos mayordomos sobre la tierra.
También es un tiempo clave para orar por avivamiento a nivel nacional y mundial. Muchas veces en la historia humana han sido los momentos de inseguridad económica y social en las cuales las personas han estado abiertas a escuchar el mensaje del evangelio, de nuevo. Oremos que muchos en nuestro país se abran a la esperanza que nos ofrece Cristo Jesús y que muchos se arrepientan de una vida que no agrada al Señor.
Por causa de la inseguridad nacional y mundial tenemos muchas oportunidades de vivir la realidad del evangelio, proclamando buenas nuevas de Cristo Jesús por medio de nuestras acciones. Que el Señor nos abra los ojos para que ver las oportunidades que nos está abriendo y que podamos responder con su gracia en el poder de su Espíritu.
(Adaptado de EL INTER, Enero 2009)
El número más reciente de la revista Newsweek incluye el artículo The End of Christian America, que es un comentario extendido sobre un estudio de la religiosidad en los Estados Unidos (American Religious Identification Survey). Tanto el estudio como el artículo apuntan a varios cambios importantes que están ocurriendo en los Estados Unidos.
· El porcentaje de personas no religiosas o ateas a doblado a 15% de la población
· La religión en Estados Unidos se está privatizando
· El número total de cristianos no ha declinado, pero sí su porcentaje de la población
· Está creciendo los seguidores de otras religiones en el país
· Están declinando las iglesias liberales y creciendo las iglesias conservadoras
· Hay un crecimiento de espiritualidad al mismo tiempo que declina la identificación religiosa
El estudio me hizo pensar en varias cosas. En primer lugar, tengo la pregunta: ¿y cuándo fue cristiano este país? Entiendo que muchos de los fundadores tuvieron valores cristianos y que los Estados Unidos refleja una cultura cristianizada occidental. Pero mi pregunta es teológica: ¿Puede existir un país cristiano o existe una diferencia fundamental entre iglesia y estado tal que ningún país ha sido o será cristiano? El título del artículo nos obliga a hacernos la pregunta sobre como entendemos el concepto de ser cristiano.
Una segunda cosa muy interesante fue el enfoque en el individualismo estadounidense. Tiene razón el autor al afirmar que éste es el valor más importante del país. Es tan fuerte que ha producido una religiosidad individualista. Era casi inevitable que las iglesias en un país tan individualista reflejaran una tendencia en contra de la iglesia como comunidad. Una de las tareas importantes de las iglesias será presentar un evangelio que enfoca en el discipulado y la iglesia como comunidad.
Una tercera cosa interesante es que el artículo menciona (brevemente) la influencia de los latinos sobre la Iglesia Católica. Es el único lugar donde se reconoce que los inmigrantes podrán tener un impacto sobre el futuro religioso del país. Una cosa que el artículo ni toma en cuenta es que un número creciente de inmigrantes (tanto cristianos como musulmanes) vienen al país con una visión misionera. Será interesante ver si la migración cambia esta trayectoria a largo plazo.
La última cosa que quisiera enfocar tiene que ver con las implicaciones para el ministerio cristiano. El artículo nos llama a reflexionar sobre cómo vamos a ministrar en un país que se está secularizando. ¿Cómo hemos de compartir el evangelio a personas pos-cristianas? También tenemos que reconocer que algunas de las estructuras eclesiales posiblemente van a desaparecer en medio de estos cambios. Siendo que creo en el futuro de Dios, esto no me inquieta. Pero sí nos obliga a reconocer que tendremos que desarrollar nuevos modelos de iglesia y ministerio que respondan a esta nueva realidad.
Claramente el autor escogió un título provocativo para conseguir que la gente leyera lo que escribió. Jon Meacham mismo reconoce que la iglesia no está próxima a desaparecer en el país, ni que la religión dejará de tener una influencia importante. Lo que sí está cambiando es el papel del cristianismo en la vida pública. Que Dios nos de sabiduría para proclamar el evangelio en maneras que nuestros conciudadanos lo entiendan como buenas nuevas.
¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos! ¡Levanta la voz, y hazles justicia! ¡Defiende a los pobres y necesitados! (Proverbios 31:8,9 NVI)
Dios nos llama a ser voceros de los que no tienen derecho ni voz. A través del mundo existen personas que se encuentran sin ningún derecho para poder defenderse. Los refugiados de guerras, los hambrientos, los niños abusados, los enfermos, los obreros indocumentados, los que viven en territorios ocupados militarmente, los de etnias o religiones minoritarias y muchos otros. Podríamos hacer una lista larga de personas que se encuentran en situaciones precarias, casi siempre por situaciones que están fuera de su control.
Los cuadros de injusticia a través del mundo nos enojan, pero muchas veces también nos desalientan. Existen tantas situaciones injustas que llegamos a la conclusión de que no podemos hacer nada. Y en vez de responder al llamado divino, nos paralizamos ante la enormidad de la necesidad. Otros nos damos cuenta de las complejidades políticas, económicas o sociales de cada situación y concluimos que no hay mayor cosa que en verdad podemos hacer. Y algunos de nosotros optamos por no responder porque nuestros propios intereses políticos o económicos quedarían adversamente afectados por un cambio.
Existen muchas razones por las cuales no obedecer los textos de Proverbios 31:8,9. Pero Dios no le ha puesto cláusula de salida a este texto: “Levanta tu voz apenas que sea muy complicado o te incomode o que haya intereses poderosos que están en contra del cambio o que la gente que necesita tu ayuda no sea de tu agrado o que vaya en contra de tu postura política o te vaya a costar algo.”
Aquí en los Estados Unidos tenemos la oportunidad de responder a la necesidad concreta de los obreros indocumentados. Sabemos que es una situación compleja, que hay intereses políticos, sociales y económicos que quieren aprovecharse de la situación y algunos indocumentados no son personas de nuestro agrado. Pero ellos no tienen voz y Dios nos llama a defender los derechos de los desposeídos. El mandato está claro y la oportunidad de responder también está delante de nosotros.
Le invito a pedirle a Dios un corazón sensible ante la necesidad del indocumentado, pasión para querer actuar, sabiduría para entender las complejidades de la situación, valor para actuar y oportunidades concretas para tomar acción. Durante los próximos meses habrá necesidad de mucha oración y mucha acción. Se necesitarán personas que hablen a favor de los indocumentados ante los oficiales de gobierno, que denuncien las injusticias cometidas contra los obreros indocumentados y que le ayuden a los indocumentados a legalizar su situación cuando, Dios mediante, se apruebe una ley de reforma migratoria. Le invito a estar atento/a ante las oportunidades de ser voz de los indocumentados. ¡Que Dios nos ayude a cumplir lo que nos está mandando!
(EL INTER, Marzo 2007)
La “orgía” materialista de los últimos años nos causó la crisis del 2008 nos ha dejado con una “cruda” para el 2009. No estuvimos dispuestos a llevar orden en nuestra vida económica personal o nacional y ahora nos tocará lidiar con las consecuencias de un desorden económico que cada día hace más grande. Es muy probable que estemos sintiendo los efectos de nuestra “orgía” a través de todo el 2009. Lo más triste es que las personas más vulnerables serán las que más sentirán el impacto de nuestro pecado colectivo.
En medio de la inseguridad que estamos viviendo y que seguirá durante este nuevo año, nos tocará proclamar la esperanza que viene del Señor, no de los bienes económicos. El 2009 nos presenta una nueva oportunidad para proclamar que “la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Nos tocará ayudar a los que serán afectados por la situación, pero también invitar a todos a “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Si podemos ayudar a la gente a reconocer que la bendición de Dios es lo más importante, entonces podremos ser agentes de cambio en nuestro mundo.
A nivel nacional la llegada del nuevo presidente es una oportunidad para llamar a nuestros líderes políticos a la responsabilidad y al orden. Necesitamos una visión que esté basada en el servicio a otros y no en la avaricia. También necesitamos leyes que regulen nuestra vida económica porque somos pecadores, somos capaces de hacernos daño y hacerles daño a otros. Nos tocará proclamar palabras proféticas contra aquellos que nos han querido persuadir que el materialismo y la acumulación deben regir nuestras economías. Necesitamos recordar a todos que sólo somos mayordomos sobre la tierra. También tendremos que confesar que algunos de nosotros nos dejamos llevar por la mentira de que se podía comprar una casa sin dinero o que se podía hacer rico rápidamente.
También será un año para orar por avivamiento a nivel nacional y mundial. Muchas veces en la historia humana han sido los momentos de inseguridad económica y social en las cuales las personas han estado abiertas a escuchar el mensaje del evangelio, de nuevo. Oremos que el 2009 sea un año en que muchos en nuestro país se abran a la esperanza que nos ofrece Cristo Jesús y que muchos se arrepientan de una vida que no agrada al Señor.
Por causa de la inseguridad nacional, durante el año 2009 tendremos muchas oportunidades de vivir la realidad del evangelio, proclamando buenas nuevas de Cristo Jesús por medio de nuestras acciones. Que el Señor nos abra los ojos para que ver las oportunidades que nos está abriendo y que podamos responder con su gracia en el poder de su Espíritu. ¡Feliz 2009!
(Próximo a publicarse en EL INTER, Enero 2009)