Voz de los indocumentados
¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos! ¡Levanta la voz, y hazles justicia! ¡Defiende a los pobres y necesitados! (Proverbios 31:8,9 NVI)
Dios nos llama a ser voceros de los que no tienen derecho ni voz. A través del mundo existen personas que se encuentran sin ningún derecho para poder defenderse. Los refugiados de guerras, los hambrientos, los niños abusados, los enfermos, los obreros indocumentados, los que viven en territorios ocupados militarmente, los de etnias o religiones minoritarias y muchos otros. Podríamos hacer una lista larga de personas que se encuentran en situaciones precarias, casi siempre por situaciones que están fuera de su control.
Los cuadros de injusticia a través del mundo nos enojan, pero muchas veces también nos desalientan. Existen tantas situaciones injustas que llegamos a la conclusión de que no podemos hacer nada. Y en vez de responder al llamado divino, nos paralizamos ante la enormidad de la necesidad. Otros nos damos cuenta de las complejidades políticas, económicas o sociales de cada situación y concluimos que no hay mayor cosa que en verdad podemos hacer. Y algunos de nosotros optamos por no responder porque nuestros propios intereses políticos o económicos quedarían adversamente afectados por un cambio.
Existen muchas razones por las cuales no obedecer los textos de Proverbios 31:8,9. Pero Dios no le ha puesto cláusula de salida a este texto: “Levanta tu voz apenas que sea muy complicado o te incomode o que haya intereses poderosos que están en contra del cambio o que la gente que necesita tu ayuda no sea de tu agrado o que vaya en contra de tu postura política o te vaya a costar algo.”
Aquí en los Estados Unidos tenemos la oportunidad de responder a la necesidad concreta de los obreros indocumentados. Sabemos que es una situación compleja, que hay intereses políticos, sociales y económicos que quieren aprovecharse de la situación y algunos indocumentados no son personas de nuestro agrado. Pero ellos no tienen voz y Dios nos llama a defender los derechos de los desposeídos. El mandato está claro y la oportunidad de responder también está delante de nosotros.
Le invito a pedirle a Dios un corazón sensible ante la necesidad del indocumentado, pasión para querer actuar, sabiduría para entender las complejidades de la situación, valor para actuar y oportunidades concretas para tomar acción. Durante los próximos meses habrá necesidad de mucha oración y mucha acción. Se necesitarán personas que hablen a favor de los indocumentados ante los oficiales de gobierno, que denuncien las injusticias cometidas contra los obreros indocumentados y que le ayuden a los indocumentados a legalizar su situación cuando, Dios mediante, se apruebe una ley de reforma migratoria. Le invito a estar atento/a ante las oportunidades de ser voz de los indocumentados. ¡Que Dios nos ayude a cumplir lo que nos está mandando!
(EL INTER, Marzo 2007)