Posts tagged: reino

Yo sólo espero ese día

Uno de los himnos favoritos en la iglesia de mi niñez era “Yo sólo espero ese día”. Varios de los líderes de la congregación lo pedían como favorito cada culto en el cual se daba oportunidad para cantar himnos favoritos.

//Yo sólo espero ese día cuando Cristo volverá//

Afán y todo trabajo para mí terminarán

Cuando Cristo venga a su reino me llevará.


Ya no me importa que el mundo me desprecie por doquier,

Ya no soy más de este mundo, Soy del reino celestial.

Yo sólo espero ese día cuando me levantaré

De la tumba triste y fría con un cuerpo ya inmortal.


Entonces allí triunfante y victorioso estaré,

A mi Señor Jesucristo cara a cara le veré.

Allí no habrá más tristezas, ni trabajos para mí,

Con los redimidos al Cordero alabaré.


Casi todos los hermanos de la iglesia trabajaban largas horas en los campos agrícolas del centro de California. Habían conocido la gracia de Dios en sus vidas y tenían esperanza para el futuro. Pero sus vidas eran difíciles y, humanamente hablando, no se perfilada un futuro mejor en esta tierra. También, por ser evangélicos, éramos marginados en nuestra pequeña comunidad latina. A pesar de todo eso, los hermanos podían seguir adelante con esperanza porque creían en la segunda venida de Cristo y en la resurrección.

Algunas personas han criticado este himno por su mensaje escapista. Sin embargo, para los hermanos de mi iglesia era un mensaje de esperanza. A pesar de vivir en un mundo que no valoraba su trabajo, por ser campesinos, y que los despreciaba por ser evangélicos, ellos sabían que Dios caminaba con ellos y que podían creer en el futuro.

Cómo líder cristiano se que debo trabajar para mejorar la vida de personas como los campesinos entre los cuales me crié. Necesito luchar por la justicia y por una vida mejor para los pequeños y los que el mundo desprecia. Los hermanos de mi iglesia no tenían manera de luchar, al igual que muchos hoy. Así que, debo luchar a su lado y a su favor.

Pero los hermanos de la iglesia de mi niñez me recuerdan que nuestra esperanza no se basa en lo que podamos lograr en este mundo, sino en lo que Dios está haciendo en Cristo. Seguiré trabajando, pero también esperando “ese día cuando Cristo volverá” y terminen las tristezas y los trabajos bajo el señorío de Cristo.

  • Share/Bookmark

¿Y si pierdo mi trabajo? ¿Y si no consigo otro trabajo?

Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia… (Mateo 6:33)

La situación de empleo sigue pésima en California y a través de los Estados Unidos. A pesar de ciertas mejoras económicas, la situación de empleo no muestra ninguna mejora. Esto sigue creando inseguridad, no sólo entre los que ahora están sin empleo, sino aun entre los que siguen trabajando. ¿Será que yo también perderé mi empleo?

Es difícil leer las palabras de Jesús en medio de esta inseguridad. En Mateo 6:25-34 Jesús nos invita a no preocuparnos por nuestra vida, ni por el día de mañana. Nos presenta a las aves y las flores y nos dice que Dios cuida de ellas. También nos recuerda que nuestras preocupaciones no pueden cambiar las cosas. No solo nos invita no preocuparnos, sino que nos dice que debemos reenfocar nuestra energía del afán por los bienes materiales a la búsqueda del reino.

Para muchos estas palabras sonarán algo descabelladas en este momento. Si no tengo con que pagar el alquiler de la casa, ¿no me voy a preocupar? Si me van a quitar la casa por no hacer los pagos, ¿no me voy a preocupar? Y si mañana pierdo el empleo, ¿no me voy a preocupar?

Sin embargo, es en medio de la inseguridad económica que Jesús nos invita a reconocer varias cosas importantes. En primer lugar, nos recuerda que Dios se hace presente a nuestro favor en medio de nuestra necesidad. Esta confesión es clave. Tan pronto entendemos esto las otras que menciona Jesús tienen mucho más sentido.

Segundo, Jesús nos invita a admitir claramente lo que controlamos y lo que no controlamos. Cuando las cosas van bien nos gusta hacernos la ilusión de que eso se debe principalmente a nuestros esfuerzos. Pero los tiempos difíciles nos recuerdan que muy poco de lo que nos pasa está bajo nuestro control. Debo planificar y debo trabajar, pero también debo recordar que yo no estoy en control. Por más que me preocupe no puedo cambiar mi altura ni controlar el mañana.

En tercer lugar, tenemos la invitación de poner lo primero en primer lugar. Lo que sí puedo controlar son mis decisiones y mis prioridades. Jesús nos invita a reconocer que si comenzamos desde el reino y la justicia de Dios lo demás encontrará su lugar. La inseguridad económica me llama a recordar que el camino de Jesús ha de ser primero, no los afanes y las metas de mi sociedad.

Buscar primeramente el reino tiene que ver con mi ética, mis valores y mi estilo de vida. Si el reino es primero mis tratos con otros siempre serán honestos y transparentes, aun con los que me quieren hacer mal; voy a valorar lo eterno y no las cosas que pueda acumular, pero que perderé al morir. Si el reino es primero, voy a vivir de tal forma que la gente pueda ver a Cristo en mí.

En medio de la crisis que estamos pasando las palabras de Jesús cobran más importancia. Dios camina con nosotros y nos invita a caminar con él. Busquemos juntos el reino y su justicia como primera prioridad. ¡El Señor proveerá lo que necesitamos!

(Tomado de una versión anterior en EL INTER, Febrero 2009)

  • Share/Bookmark

Las bienaventuranzas de nuestra sociedad

Quisiera proponer una serie de bienaventuranzas que reflejen los valores de nuestra sociedad, valores que también se ven reflejados en algunas de nuestras predicaciones.

Bienaventurados los poderosos, porque ellos conseguirán lo que quieren.
Bienaventurados los de personalidades carismáticas, porque ellos serán escuchados.
Bienaventurados los siempre están en victoria y nunca tienen que llorar.
Bienaventurados los que tienen hambre de más bienes materiales, porque ellos alcanzarán todo lo que nuestra sociedad considera importante.
Bienaventurados los que se imponen sobre otros, porque ellos tendrán poder y posición en la sociedad y en la iglesia.
Bienaventurados los que nunca admiten sus pecados, porque muchos creerán que son perfectos.
Bienaventurados los que nunca sufren, porque ésta es la prueba de que tienen la bendición de Dios.
Bienaventurados los que son celebrados y alabados por su espiritualidad, porque ellos se han ganado la bendición social.

Jesús comenzó el Sermón del Monte con una serie de bienaventuranzas. La lista en Mateo 5:1-16 (y Lucas 6:20-26) nos presenta los valores del reino de Dios. Lo que resalta de la lista es que Jesús presenta una contrapropuesta a lo que las sociedades humanas consideran importante. Bendice a los “fracasados” y a quienes trabajan a favor de valores que la sociedad no considera claves. En la gracia divina se reconoce lo que muchos consideran señales de debilidad y fracaso.

Esto nos confronta con las preguntas: ¿Cómo sé que Dios me está bendiciendo? ¿Qué galardón estoy buscando?

Jesús nos confrontó con el hecho de que mucho de lo que consideramos “bueno” en nuestra sociedad no llega al fondo del compromiso que él busca desarrollar en sus seguidores. Jesús no nos está llamando a ser gente buena, sino a ser gente diferente. Ser bueno es tratar bien al que me trata bien. Ser seguidor de Jesucristo implica amar y servir al enemigo. Ayudar al necesitado es bueno, dar anónimamente es ser seguidor/a de Cristo Jesús. Podríamos hacer una lista muy larga de contrastes como estos. Pero lo más importante no es hacer listas, sino de reconocer la diferencia entre lo “bueno” de nuestra sociedad y los valores del reino de Dios.

Las bienaventuranzas nos sirven como una invitación a reordenar nuestros valores como seguidores de Cristo Jesús. El éxito en el reino no se ha de medir por lo que acumulo, ni el reconocimiento que obtengo, sino por buscar el bien de otros y estar dispuesto y dispuesta a sufrir por la causa de Cristo y la justicia. Bienaventurados los que estamos dispuestos a tomar esto en serio.

(Publicado originalmente en EL INTER, Marzo 2006)

  • Share/Bookmark

WordPress Themes