Posts tagged: sermón del monte

¿Dónde encontraré el verdadero avivamiento?

Nunca os conocí … (Mateo 7:22, 23)

¿Será posible hacer milagros en nombre de Jesús sin conocer al Señor? Las palabras de Jesús en Mateo 7:22, 23 son un ejemplo de los dichos “difíciles” de nuestro Señor que encontramos a través de los evangelios. Estos textos probablemente son los más difíciles del Sermón del Monte. Nos confrontan con unas realidades incómodas, ni el milagro, ni el nombre de Jesús son suficientes a la hora de querer identificar dónde es que Dios está obrando.

Para muchos estas palabras tienen una aplicación netamente personal. Cada persona que obra en nombre del Señor debe tener cuidado de mantener su relación con el Señor y no sólo hacer cosas en nombre del Señor. Seguramente esta es una verdad importante. Pero quisiera invitarnos a considerar que estas palabras de Jesús son parte clave del Sermón del Monte. A través del Sermón Jesús nos habla de un estilo de vida y una actitud contra corriente. Nos dice que la obra de Jesús produce cambios profundos en las vidas de personas y comunidades.

Como cristiano yo quiero estar dónde Dios está obrando. ¿Cómo voy a reconocer el obrar divino? Claramente las primeras señales que buscamos muchos de nosotros son la predicación poderosa de la Palabra en nombre del Señor. Muchos cristianos también buscamos obras milagrosas como las que menciona el pasaje: palabras de profecía, echar fuera demonios y hacer milagros. Sin embargo, según Jesús, es posible hacer todas estas cosas sin conocerlo. Es más, las obras milagrosas pueden ser obras de maldad.

El día de hoy muchos de nosotros estamos buscando avivamiento. Estamos orando que Dios obre y queremos identificar los lugares donde Dios se está manifestando. Muchos estamos buscando lugares donde se están viendo obras milagrosas y estamos llamando eso avivamiento. Este pasaje nos recuerda que las obras milagrosas, en sí, no son garantía de avivamiento.

Yo quiero ver un avivamiento poderoso. El pasaje me recuerda que los avivamientos verdaderos en la historia humana incluyen la predicación y obras milagrosas. Pero lo más importante de los verdaderos avivamientos es el cambio profundo que ocurre más allá del lugar de culto. Los grandes avivamientos en la historia han tenido gran impacto social; han roto con la esclavitud, con el vicio, con la injusticia y han motivado a los cristianos a ser agentes de cambio en sus países y sociedades. En otras palabras, el verdadero avivamiento produce fruto que se parece a lo que describe Jesús en el Sermón del Monte.

Nuestro país necesita un avivamiento verdadero, uno en el que se confronten los males de nuestra sociedad, tales como la injusticia, el narcotráfico, el hambre, la guerra o la injusticia contra los indocumentados. Quiero sentir el obrar de Dios, pero también quiero estar seguro de que lo que sienta sea la presencia del Señor. Busquemos juntos los lugares dónde Dios está obrando para que en aquel día el Señor sí nos conozca.

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Los pasos difíciles del peregrino

Entrad por la puerta estrecha … (Mateo 7:13,14)

El Progreso del Peregrino, obra clásica de Juan Bunyan, describe la vida cristiana como un viaje desde la Ciudad de Destrucción hasta la Ciudad Celestial. El “peregrino” literalmente pasa su vida caminando. En ese proceso conoce la salvación por gracia, confronta tentaciones, consigue victorias y aprende sobre lo que significa seguir a Cristo Jesús. El recibe un mapa que le enseña el camino que debe seguir para llegar a la presencia del Señor. Ese mapa lo lleva por lugares de delicias, pero también por medio de dificultades y tentaciones.

Una de las experiencias del peregrino está basada en las palabras de Jesús de Mateo 7:13,14. El mapa lo dirige por una vereda donde encuentra dos puertas una al lado de la otra y cerca entre las dos. Una puerta es pequeña y descuidada y la otra amplia, bonita y obviamente de uso regular. El mapa le dice que debe entrar por la puerta pequeña, pero el peregrino ve que detrás de esa puerta hay una vereda pedregosa y empinada que sigue a lado de la cerca. Detrás de la otra puerta ve una vereda más cuidada y usada, con un prado a lado. Esa vereda también parece seguir al lado de la cerca, pero del otro lado. Decide tomar el camino más fácil, asumiendo que si las dos veredas van a lado de la cerca en cualquier momento puede optar por saltar la cerca si la vereda “fácil” se aparta de la cerca. Lo que no se da cuenta es que la cerca está allí para proteger a los viajantes de un gran peligro. Siendo que opta por tomar el camino más “fácil”, termina en una situación que casi le cuesta la vida.

El mensaje de Jesús, ilustrada por Bunyan, es que el camino de Cristo Jesús no siempre será fácil, ni popular. Seguir a Cristo en ocasiones nos obligará a entrar por puertas y seguir por caminos donde parece que vamos solos. Ir en contra de la corriente o lo popular nunca es fácil. Pero nos recuerda el Señor que “espacioso es el camino que lleva a la perdición” (7:13).

Esto tiene aplicación directa a muchas áreas de la vida. Por un lado nos llama a un estilo de vida que no mide el “éxito” por lo que tengo o lo que produzco, sino por mi seguimiento del Señor. Implica la disposición de cuestionar las modas del día, sean en ropa, cosas, tecnología, entretenimiento o perspectivas sociales. Es practicar el estilo de vida propuesto en el Sermón del Monte, aunque la gente de nuestro alrededor no entienda y hasta se ponga en oposición a nuestras decisiones.

También implica la disposición de tener una voz profética, estar dispuesto a decir lo mismo que Dios con relación a cosas que tal vez son populares y comunes, pero que no agradan a Dios. Siempre es más fácil callar, al fin y al cabo las veredas van por camino “similar”.

Sin embargo, la invitación es de seguir por ese camino no tan obvio, ni tan transitado. Si queremos alcanzar la vida de promesa de nuestro Dios hemos de recordar que “estrecha es la puerta, y angosto es el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (7:14). Mi oración es que siempre escojamos la puerta estrecha y el camino angosto. Recordemos que nuestro destino es la Ciudad Celestial.

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El problema ético “grave” de la migración indocumentada

Hoy se me pidió publicar un comentario en inglés sobre el problema de la migración indocumentado en Cross and Culture (Cross Examinations: Immigration Reform – Seeing the Logs in Our Own Eyes).

Le invito a leer el artículo y comentarlo tanto en inglés como también en español.

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“No soy monedita de oro…”

Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos … (Mateo 7:12)

El dicho que sirve de título lo utilizamos para explicar el porqué de problemas interpersonales. Al fin y al cabo no soy monedita de oro así que no les puedo dar gusto a todos. Siendo que no me puedo congeniar con todos, entonces no necesito hacer cambios en mi manera de ser para llevarme mejor con otros. En última instancia el problema fundamental está con “ellos”.

El dicho de Jesús en Mateo 7:12, llamado la regla de oro, me invita a ver la cosa desde otra perspectiva. Es verdad que no les podemos dar gusto a todos. Sin embargo, Jesús me invita a tratar aun a los más difíciles como yo querría ser tratado. La medida que debo utilizar no es el trato que recibo, sino el trato que deseo. Y la implicación clara es que debo seguir tratando bien al otro aunque nunca vea un cambio en su trato hacia mí.

La realidad es que muchas veces vivo conforme al dicho de la monedita de oro y no conforme a la regla de oro. Hay ciertas personas que sencillamente me cuesta tratarlas, así que opto por evitarlas. Y cuando tengo que tratarlas lo hago en la forma más rápida y formal posible. Confieso que en ocasiones hasta quisiera que ese fuera el trato que tuvieran conmigo, corto y formal.

Por otro lado, tengo muchas escusas para no aplicar la regla de oro con algunas personas. Hay personas que se aprovechan de mi cortesía y buena voluntad. También hay otros que tienen personalidades ásperas, personas que siempre responden en formas cortantes o que claramente están buscando hacerme mal.

Sin embargo, el Señor nos está llamando a vivir como discípulos suyos, a ser personas que no nos dejamos definir por las acciones del otro o la otra, sino que vivimos conforme al camino de Jesús. La regla de oro es una invitación a la libertad radical de no darles control de mis acciones y mis sentimientos a otros, sino permitir que el Espíritu Santo guíe mi vida y me haga más como Cristo.

La regla de oro no se debe ver como una forma de manipulación, sino como una invitación. Yo no voy a hacer lo bueno para que tú te sientas culpable y me trates bien, ni voy a parar si tú nunca me tratas bien. Te trato como quisiera ser tratado porque soy seguidor de Cristo Jesús y deseo invitarte a vivir de la misma manera, libre de los controles y manipulaciones emocionales, sicológicas y físicas de otros.

Así que pido que el Espíritu Santo me de el poder para vivir la regla de oro. Entonces podré ser monedita de oro, pero del oro del reino que puede bendecir a otros eternamente. Y si en el proceso algunos también me bendicen a mí, lo disfrutaré dando gracias a Dios.

(Se publicó una versión en EL INTER, Mayo 2009)

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Jesús, el oculista

No juzguéis, para que no seáis juzgados … (Mateo 7:1-5)

Un dicho de mis antepasados afirma que la “culpa nunca cae a tierra”. Siempre podemos encontrar a quien echarle la culpa cuando ocurre algún problema y todos tenemos la habilidad de identificar las debilidades del otro. A la hora de ver los pecados de los otros todos tenemos una vista de 20/20.

En Mateo 7:1-5 Jesús hace de oculista para demostrarnos el problema que confrontamos los humanos al analizar los pecados de los demás. Utiliza el humor y la exageración para ayudarnos a vernos a nosotros mismos. Jesús habla de “paja” y “vigas” en los ojos para confrontarnos con una verdad demasiado incómoda: muchas veces condeno en otros cosas que no quiero reconocer en mi propia vida. Jesús llama esto hipocresía y nos invita a vernos a nosotros mismos primero, antes de querer “ayudar” al otro.

Este problema de vista se repite a todos los niveles de la vida. En este momento estamos en medio de una de las crisis económicas más grandes de la historia moderna y los políticos están buscando maneras de culpar al “otro”. En este país los demócratas culpan a los republicanos y viceversa. A nivel mundial unos culpan a China, otros a los países que producen petróleo y casi todos le echan la culpa a los Estados Unidos, directa o indirectamente.

A nivel social todos estamos lamentando la desintegración social y familiar, pero todos culpamos al otro. Los cristianos le echamos la culpa a Hollywood y otros le echan la culpa a la iglesia. Parece que nadie puede ver su propia parte en la crisis social actual. En las iglesias también repetimos este patrón. Es la otra iglesia, el otro pastor, o el otro líder quien anda mal delante de Dios y nosotros somos los fieles.

Por supuesto que esto también lo hacemos a nivel personal. Todos estamos dispuestos a “orar” por la otra persona, compartiendo (“chismeando”) las necesidades de quien anda mal. Todos estamos propensos a sacarle la “paja” al otro sin darme cuenta que la “viga” en mi ojo está le haciendo mucho daño a muchas personas.

Jesús nos invita a un examen de ojos. Necesito reconocer que muchas veces lo que veo en la otra persona es un reflejo de lo que está en mi propio ser. El pecado que denuncio en alguien más tal vez está profundamente arraigado en mí y no lo puedo ver o no lo quiero reconocer. La siguiente vez que esté listo a denunciar el mal que veo en otra persona, pidámosle al Señor que nos haga un examen de vista para ver si la paja que estoy viendo en el otro es en verdad un reflejo de la viga que estoy cargando yo. Si permitimos que el Espíritu Santo cure nuestra propia vista, entonces podremos ver con más cuidado para poder verdaderamente ayudar a nuestros hermanos y hermanas.

Yo reconozco que necesito pasar por la oficina del oculista hoy mismo.

(Tomado del EL INTER, Marzo 2009)

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¿Y si pierdo mi trabajo? ¿Y si no consigo otro trabajo?

Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia… (Mateo 6:33)

La situación de empleo sigue pésima en California y a través de los Estados Unidos. A pesar de ciertas mejoras económicas, la situación de empleo no muestra ninguna mejora. Esto sigue creando inseguridad, no sólo entre los que ahora están sin empleo, sino aun entre los que siguen trabajando. ¿Será que yo también perderé mi empleo?

Es difícil leer las palabras de Jesús en medio de esta inseguridad. En Mateo 6:25-34 Jesús nos invita a no preocuparnos por nuestra vida, ni por el día de mañana. Nos presenta a las aves y las flores y nos dice que Dios cuida de ellas. También nos recuerda que nuestras preocupaciones no pueden cambiar las cosas. No solo nos invita no preocuparnos, sino que nos dice que debemos reenfocar nuestra energía del afán por los bienes materiales a la búsqueda del reino.

Para muchos estas palabras sonarán algo descabelladas en este momento. Si no tengo con que pagar el alquiler de la casa, ¿no me voy a preocupar? Si me van a quitar la casa por no hacer los pagos, ¿no me voy a preocupar? Y si mañana pierdo el empleo, ¿no me voy a preocupar?

Sin embargo, es en medio de la inseguridad económica que Jesús nos invita a reconocer varias cosas importantes. En primer lugar, nos recuerda que Dios se hace presente a nuestro favor en medio de nuestra necesidad. Esta confesión es clave. Tan pronto entendemos esto las otras que menciona Jesús tienen mucho más sentido.

Segundo, Jesús nos invita a admitir claramente lo que controlamos y lo que no controlamos. Cuando las cosas van bien nos gusta hacernos la ilusión de que eso se debe principalmente a nuestros esfuerzos. Pero los tiempos difíciles nos recuerdan que muy poco de lo que nos pasa está bajo nuestro control. Debo planificar y debo trabajar, pero también debo recordar que yo no estoy en control. Por más que me preocupe no puedo cambiar mi altura ni controlar el mañana.

En tercer lugar, tenemos la invitación de poner lo primero en primer lugar. Lo que sí puedo controlar son mis decisiones y mis prioridades. Jesús nos invita a reconocer que si comenzamos desde el reino y la justicia de Dios lo demás encontrará su lugar. La inseguridad económica me llama a recordar que el camino de Jesús ha de ser primero, no los afanes y las metas de mi sociedad.

Buscar primeramente el reino tiene que ver con mi ética, mis valores y mi estilo de vida. Si el reino es primero mis tratos con otros siempre serán honestos y transparentes, aun con los que me quieren hacer mal; voy a valorar lo eterno y no las cosas que pueda acumular, pero que perderé al morir. Si el reino es primero, voy a vivir de tal forma que la gente pueda ver a Cristo en mí.

En medio de la crisis que estamos pasando las palabras de Jesús cobran más importancia. Dios camina con nosotros y nos invita a caminar con él. Busquemos juntos el reino y su justicia como primera prioridad. ¡El Señor proveerá lo que necesitamos!

(Tomado de una versión anterior en EL INTER, Febrero 2009)

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Hacia la prosperidad bíblica

“No os hagáis tesoros en la tierra… Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19-21)

Cada día aparece otro libro u otro seminario que me promete la fórmula bíblica para la prosperidad material. El argumento básico de cada uno es que Dios quiere darnos bienes materiales y que lo que falta es nuestra disposición de creerle y de tomar los pasos indicados, por el autor, para conseguir todo lo que Dios tiene para nosotros. Todos los libros presentan ejemplos de personas que han conseguido la prosperidad material por medio de seguir los consejos propuestos. Muchos de estos libros utilizan una interpretación bíblica muy dudosa para “probar” que la prosperidad material es señal de la bendición divina y que la falta de bienes materiales es prueba de que la persona no tiene suficiente fe o que tiene algún pecado que necesita confesar. En última instancia cada uno de estos libros busca enseñarnos como conseguir más prosperidad material.

Sin embargo, Jesús claramente plantea una perspectiva muy diferente de la prosperidad. En Mateo 6:19-21 nos presenta dos principios claves para entender la prosperidad en sentido bíblico. En primer lugar nos llama a reconocer la diferencia entre acumular cosas aquí en la tierra y desarrollar un tesoro celestial. Nos confronta con la realidad de que toda acumulación terrenal es temporal. El dinero o las acciones pueden perder su valor, las cosas pueden ser destruidas y todo lo que tenemos puede ser robado. En otras palabras, ningún bien material tiene un valor seguro. Los bienes de este mundo no son seguros, ni me pueden garantizar la vida en este mundo, y mucho menos en el más allá. Lo único que tiene valor eterno es lo que se invierte en la eternidad, en el servicio a Dios y a otros.

El segundo principio es muy claro, directo y obvio. Mi “corazón” (mente, enfoque) estará en lo que considero más importante. Si mi fin es la prosperidad material, allí pondré mi enfoque. Pero si mi fin es seguir a Cristo y obtener el tesoro eterno, entonces allí estará mis esfuerzos.

En este pasaje Jesús no se preocupa por lo que tengo o no tengo. Aquí él se enfoca en lo que hago con lo que tengo. En el “Padre Nuestro” presentado pocos versículos antes (Mateo 6:9-13) él nos invita a pedir por el pan de cada día. Así que claramente es voluntad de Dios que tengamos lo que necesitamos. Sin embargo, el enfoque en este pasaje es sobre lo que hago con lo que tengo, sea poco o sea mucho. La prosperidad que Jesús quiere para nosotros es la eterna, la de los cielos. El quiere que enfoquemos nuestra energía y nuestro esfuerzo en el tesoro eterno, el que se gana por dar, no por recibir.

La pregunta clave en la prosperidad que presenta Jesús no es: ¿cómo consigo más? El nos invita a preguntarnos ¿para qué quiero más? La prosperidad bíblica no se mide por lo que consigo, sino por lo que doy. Tampoco doy para que Dios me de más, sino que doy porque Dios ya me ha dado y por qué reconozco que ese es el tesoro eterno. Si ganamos más para acumular más, ya tenemos nuestro tesoro aquí en la tierra. Pero si ganamos más para dar aún mucho más, entonces estamos trabajando a favor del tesoro eterno. ¿Para qué quiero más?

(INTER, Agosto 2008)

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Aprendiendo el gozo de dar en secreto

“Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:3-4)

En esta porción del Sermón de Monte Jesús nos invita a preguntarnos ¿qué esperamos cuando damos? Vivimos en un mundo donde la persona que da más le pone su nombre a iglesias, edificios y ministerios. Las grandes instituciones cristianas tienen plaquetas en las cuales identifican a sus donantes y el nivel de su generosidad.

Yo doy gracias a Dios por las personas que dan para los ministerios cristianos con generosidad. Que Dios multiplique su tribu. Sin embargo, en este pasaje Jesús nos invita a profundizar la motivación de nuestras ofrendas. En Mateo 6:2-4 Jesús nos presenta una situación muy similar a la del día de hoy. En ese tiempo, como ahora, había mucha gente que daba en formas muy públicas. Anunciaban su donativo para que todos pudieran ver su “generosidad”. Según Jesús, estas personas recibían la recompensa que buscaban (Mateo 6:2). Querían que la gente reconociera lo que estaban haciendo y recibían el halago de otros. Al hacer público su donativo conseguían el reconocimiento de las personas a su alrededor.

Sin embargo, aquí Jesús nos está invitando a dar con una perspectiva más profunda, donde lo que se busca es bendecir a otros y dejar que sea Dios quien dé recompensas. Jesús nos está invitando al gozo de ser sus agentes secretos a través del donativo anónimo.

Una de las maneras más sencillas y directas de hacer lo que Jesús dijo es por medio de ayudar a personas necesitadas sin que ellas sepan que usted les ayudó. Que rica bendición es escuchar a una persona necesitada dar testimonio de que fue Dios quien le proveyó. La persona que dio la ayuda permitió que Dios le usara y que Dios recibiera toda la gloria por lo ocurrido. ¡Que tremenda oportunidad de servir para gloria de Dios!

Estamos pasando un momento económico difícil en que todo se está poniendo más caro y cada vez parece que hay menos dinero para dar y para ayudar al necesitado. Sin embargo, es en este tipo de situación cuando también supe el nivel de necesidad. El Señor está buscando personas que estén dispuestas a dar con gozo y sacrificio, sin reconocimiento público. Nos invita a esperar la recompensa divina, el “bien hecho” de quien quiere bendecir a otros a través de nosotros.

Le invito a estar atento a las maneras que Dios le quiere utilizar como dador anónimo. Tal vez sea una persona necesitada en su comunidad, iglesia o familia. Es posible que Dios le esté invitando a dar a un ministerio sin que se publique su nombre. Dios le quiere utilizar el día de hoy para bendecir a otros a través de su ofrenda secreta. Dé con gozo y generosidad y permita que sea Dios quien le dé la recompensa.

(Originalmente en EL INTER, Junio 2008)

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Amando a los musulmanes

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen…” (Mateo 5:43-48)

Desde el 11 de septiembre del 2001 se ha hecho popular el islamofobia (temor a todo lo que tiene que ver con el Islam y a los musulmanes en particular) entre muchos cristianos evangélicos. Regularmente oigo comentarios falsos sobre lo que enseña el Islam y declaraciones racistas que se esconden detrás de “análisis serios”. El temor ha creado un ambiente que hace difícil entender las complejidades del mundo islámico, ni de la gran variedad de creencias entre los musulmanes, incluyendo aquellos que confiesan a Jesús como mesías y salvador. Claramente las acciones de musulmanes extremistas han tenido un impacto sobre el pensamiento de muchos cristianos evangélicos.

En el sermón del monte Jesús reconoce que sus seguidores tendrán enemigos, personas que les querrán hacer daño o con quien tendrán relaciones de plena desconfianza. Su invitación no es a negar lo obvio, sino a responder a esa realidad de una forma diferente a lo común. Si los musulmanes, a lo menos los radicales, son nuestros enemigos y si nos maldicen, Jesús nos ha dado instrucciones claras de cómo responder. Hemos de demostrarles amor y bendecirles.

El mandato de Jesús, no es algo simplista, ni se debe tomar a la ligera. Si lo tomamos en serio tendremos que hacer muchos sacrificios y aun posiblemente tendremos que ir en contra de las posturas de amigos y hermanos. Sin embargo, quisiera sugerir algunos pasos que nos podrían ayudar a caminar hacia el cumplimiento de amar y bendecir a los musulmanes:

1. Relacionarme con musulmanes – Hay miles de musulmanes en el área de Los Ángeles, incluyendo personas de trasfondo latino. Le invito a conocerse con algún musulmán y crear una relación de confianza y respecto.

2. Estudiar acerca del Islam – Mucho de lo que se dice acerca del Islam refleja ignorancia y medias verdades. Tome el tiempo para conocer lo que enseña el Corán. Aprenda acerca de las sectas y las escuelas de pensamiento en el Islam. Esto le ayudará a poder analizar las diferencias muy grandes que existen entre los musulmanes y también entender porqué han surgido los movimientos extremistas en el Islam.

3. Conocer y apoyar a los misioneros que trabajan en el mundo musulmán – El día de hoy hay muchas personas del mundo de habla hispana sirviendo al Señor entre los musulmanes. Ellos necesitan nuestras oraciones y apoyo económico. Estas personas también nos pueden ayudar a entender y a amar a los pueblos islámicos.

4. Apoyar a los cristianos en el medio oriente – Las iglesias cristianas en algunas partes del medio oriente están en crisis. Las acciones de Israel en Palestina han causado que la gran mayoría de los creyentes palestinos tengan que abandonar la tierra santa.  Desde la invasión de Irak han tenido que huir más de la mitad de los cristianos que vivían en ese país. Necesitamos buscar políticas que ayuden a nuestros hermanos en el medio oriente, reconociendo que muchas de las acciones estadounidenses en el medio oriente le están haciendo daño profundo a la iglesia en la región.

Que el Señor nos de el valor para amar y bendecir a nuestros “enemigos” musulmanes.

(EL INTER, Febrero 2008).

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¿Qué si Jesús no se equivocó?

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo… Pero yo os digo: No resistáis al que es malo…” (Mateo 5:38-42)

Vivimos en un mundo de violencia profunda. El terrorismo mundial ha matado a muchos y la respuesta de los ejércitos ha matado a muchos más. La violencia de las mafias y las pandillas demandan una respuesta fuerte de parte de las autoridades. Vivimos armados, dispuestos a utilizar la violencia para defendernos de la violencia de otros.

Es por eso que estas palabras de Jesús nos suenan tan fuera de nuestra realidad. Nosotros sabemos que se tiene que castigar al malo, que la violencia criminal sólo se parará con la acción policial violenta, que el terrorismo tiene que ser atacado por los ejércitos y que yo me tengo que proteger del que me quiere hacer daño. A través de los siglos a la mayoría de cristianos les ha costado mucho entender estos versículos. Algunos dicen que estas palabras son para el reino futuro y no son para nosotros hoy. Otros afirman que sólo se deben aplicar en lo personal y que el cristiano puede y debe utilizar la violencia para tratar con la violencia del mal o del terrorismo. Seguro que Jesús se equivocó. ¡Los cristianos debemos resistir al malo!

A través de los siglos muchos cristianos han optado por tomar muy en serio las palabras de Jesús. Una de las historias que más me ha tocado es la de Dirck Willems de Holanda. En 1569 estaba siendo perseguido por ser cristiano. Comenzó a cruzar un río congelado. Al estar cruzando escuchó que su perseguidor cayó en una rotura en el hielo y se estaba ahogando. En vez de tomar esto como la “liberación” del Señor decidió regresar y rescató a su perseguidor. El perseguidor lo arrestó y a los pocos días Dirck murió en una hoguera. Perdió su vida para salvar la vida del que lo llevó a la muerte.

¿Qué si Jesús no se equivocó? ¿Qué si Jesús nos está invitando a tratar con la violencia y el mal por medio del amor, tal como él lo hizo en la cruz por nosotros? ¿Cómo serían diferentes nuestras reacciones al malo, si fuéramos a tomar en serio lo que dijo Jesús en este texto? ¿Qué si fuéramos a responder al mal con el amor del Señor?

Estos textos nos invitan a demostrar el amor de Cristo hacia los que “no lo merecen” y que probablemente tratarían de destruirnos si actuamos con amor. En la cruz Jesús dio su vida por los que “no merecíamos” su amor, sino más bien su castigo. Imagínense cristianos que arriesgan sus vidas para ayudar al que les ha hecho mal. Imagínense cristianos que le dan al que les quiero quitar a la fuerza. Imagínense cristianos que prefieren sufrir el martirio en vez de utilizar la violencia para defender la causa cristiana. Imagínense cristianos que trabajan por la reconciliación con sus enemigos en nombre de Cristo. ¿Cómo sería diferente nuestro testimonio como cristianos si tomáramos en serio estas palabras de Jesús?

(EL INTER, Noviembre 2007)

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