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¡Firmes y adelante!

Uno de los himnos favoritos de la iglesia de mi niñez fue Firmes y adelante. Las pequeñas congregaciones latinas de mi niñez en Texas y California se encontraban en medio de mayorías latinas católicas que se burlaban de nosotros por ser “aleluyas”. Pero aunque éramos pocos y marginados, himnos como éste nos recordaban que Dios nos había llamado a la tarea y que podíamos seguir hacia adelante.

Firmes y adelante, huestes de la fe

Sin temor alguno, que Jesús nos ve.

Jefe soberano, Cristo al frente va

Y la regia enseña, tremolando está.

Nos gustaba el reto del canto y su música marcial. Nos animaba saber que Cristo es nuestro jefe y que nos somos parte de su ejército espiritual. Esta imagen era clave para nuestras pequeñas congregaciones y nos daba una claridad de visión y misión. Sin embargo, siendo que éramos méxico-americanos no entendíamos todas las palabras. El léxico de un pueblo que sólo utilizaba un español oral, y a quien no se le permitía estudiar en español, no incluía palabras como adalid, lid, averno y pavor. Así que no muy bien entendíamos la segunda estrofa y poco la cantábamos. Pero terminábamos cantando la última estrofa con mucho fervor. Podíamos seguir hacia delante porque Jesús ya había ganado la victoria y nadie podría prevalecer contra nuestra congregación.

Tronos y coronas pueden parecer

De Jesús la iglesia fiel habrá de ser

Nada en contra suya prevalecerá

Porque la promesa nunca faltará.

El compilador de Himnos de Gloria, H.C. Ball, escogió cantos claves para las pequeñas comunidades evangélicas que los cantaron a través del siglo veinte. Siendo misionero pentecostal, escogió muchos himnos con ese enfoque teológico. Pero también escogió muchos himnos que llegaron a ser himnos lema o cantos claves de nuestra pequeña sub-cultura evangélica. Este himnario forjó nuestra identidad y nos dio cantos de ánimo y de llamado a la fe, el discipulado, la santidad y nuestra misión.

Aunque me crié cantando himnos que no siempre entendía dichos cantos formaron mi fe y mi compromiso con Cristo Jesús. Nuestra pequeña congregación campesina sabía que Dios nos había llamado y que tenía una misión clara para nosotros. Por causa de eso seguimos compartiendo la buenas nuevas del evangelio y vimos a muchas personas encontrar nueva vida en Cristo Jesús. Pero también fue una parte clave en que yo siga firme y adelante hasta el día de hoy.  Y por eso lo sigo cantando.

(Publicado en Protestante Digital, 10 de junio del 2012)

 

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Muchas gracias, Richard Mouw

Esta semana pasada el Dr. Richard Mouw anunció que dejará la presidencia del Seminario Teológico Fuller el año que viene. Cuando se jubile el 30 de junio del 2013 habrá completado dos décadas como presidente del seminario más grande de los Estados Unidos. Durante este tiempo el Dr. Mouw también ha llegado a ser una de las voces más importantes del mundo evangelical en EEUU.

El Dr. Mouw ha sido un comentarista cristiano en muchas áreas de la vida pública de este país. Probablemente el libro que mejor ha definido su visión y su contribución es Uncommon Decency (Decencia no común). El argumento básico del Dr. Mouw es que los cristianos necesitamos practicar una cortesía con convicción (convicted civility) en la sociedad. Vivimos en una sociedad donde actualmente la política se hace a gritos o con imposiciones. Muchas veces los cristianos también nos hacemos parte del mismo proceso.  Algunos cristianos tenemos convicciones fuertes y ponemos el énfasis en la importancia de que dichas convicciones resalten. Pero muchas veces proclamamos nuestras convicciones en maneras que lastiman e insultan a los que no concuerdan con nosotros. En vez de ser una voz de reconciliación llegamos a ser otra voz “peleonera”.

Por otro lado hay otros cristianos que son tan civiles que dan la impresión que no tienen convicciones claras. Los que comienzan desde esta perspectiva muchas veces parecen estar listos a aceptar todo y dan la impresión de que es más importante ser civiles que proclamar con claridad la verdad divina. El Dr. Mouw nos invita a proclamar claramente nuestras convicciones, pero también nos llama a hacerlo con cortesía y urbanidad. Si queremos tener una voz que pueda influir en la sociedad necesitamos crear una manera de participar que proclama claramente la verdad divina, pero que también busca estar en paz con todos.

Durante sus veinte años como presidente el Dr. Mouw ha demostrado este estilo de participación cristiana en la sociedad a muchos niveles. Ha sido una voz de cortesía con convicción al tratar los temas contenciosos de las “guerras culturales” de la realidad estadounidense. También ha llevado al Seminario Fuller a conversar con musulmanes, judíos y mormones. Cada una de estas conversaciones han sido oportunidades para presentar una convicción cristiana clara, al mismo tiempo que se ha practicado una cortesía y una hospitalidad que demuestran que lo que significa ser un ciudadano civil.

Durante este año de elecciones nos urgen voces cristianas que sepan hablar con convicción, pero que también sean agentes de un ambiente civil. Tenemos que tratar con temas que dividen al país, tales como los indocumentados, el matrimonio de personas del mismo género, modelos del federalismo, impuestos y la repartición de bienes a nivel social, la salud nacional y muchos otros temas similares. Lo más fácil es enfocar en la convicción o en la cortesía. El Dr. Mouw invita a los cristianos a hacer las dos cosas.

Gracias a Dios por la influencia del Dr. Mouw en Fuller y más allá. Aunque se acerca el final de su presidencia, Dios mediante, él seguirá siendo una influencia y un modelo de esa cortesía con convicción. Necesitamos seguir la paz con todos y la santidad en la vida pública de nuestras sociedades. Si unimos las dos cosas entonces podremos ser voces y ejemplos del camino de Cristo Jesús.

(Publicado en Protestante Digital, 3 de junio del 2012)

 

 

 

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La fiesta en Cartagena

La reciente Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias, Colombia no produjo unidad entre los líderes de las Américas, ni ninguna declaración importante. Sin embargo, hubo un evento que ha causado mucha consternación en los Estados Unidos. Antes de la llegada del Presidente Obama un grupo de agentes secretos, la escolta personal del presidente, y unos soldados buscaron a unas trabajadoras sexuales y armaron una fiesta en el hotel en que después se quedaría el presidente. Uno de los factores interesantes es que el asunto se descubrió porque los agentes no quisieron pagar los servicios que solicitaron, lo que hizo que interviniera la policía local. Varios de los agentes han tenido que renunciar y es probable que otros tengan que hacerlo en un futuro no lejano. (Otro dato interesante es que la mujer que denunció a los agentes ha tenido que salir de Cartagena por causa de la publicidad que ha recibido a la luz del evento.)

Una de las reacciones comunes en este país ha sido que esto es un escándalo. El sentimiento es que estas personas hicieron quedar mal al país y al presidente. Aun hay algunos que esperan que este asunto afecte adversamente al Presidente Obama en la campaña electoral. Para estas personas este evento demuestra la falta de disciplina dentro de la administración actual (y la razón por la cual hay que elegir a un presidente nuevo). Sin embargo, para casi todos el mal principal fue que hicieron quedar mal al país. Parece que muchos no están inquietos por la búsqueda de servicios sexuales, ni que no quisieron pagar los servicios, sino que “nos hicieron quedar mal”.

Desde esta perspectiva el mal principal que hicieron fue poner en peligro potencial al presidente. “¿Qué si una de las mujeres hubiera sido agente del narcotráfico o las FARC?” Estos hombres no cumplieron su tarea y pusieron en peligro al presidente.

Pero el sentir de escándalo ha llevado a la pena. Ya se hicieron las declaraciones oficiales que se hacen cada vez que se descubre a un representante oficial de los EEUU habiendo hecho algo malo: “esta acción (persona) no representa al ___________ (Servicio Secreto, Ejército, Gobierno) de los Estados Unidos”.

Hay cosas que casi ningún comentarista estadounidense ha considerado. Por ejemplo, a casi nadie se ha preocupado sobre las perspectivas de personas en otros países. Rara vez se ha preguntado, ¿qué pensará la gente en otras partes del mundo sobre este evento? ¿Cómo nos ven en otros países por causa de esto? ¿Estarán cuestionando nuestra hipocresía? ¿Se estarán riendo de nosotros? ¿Preguntarán sobre la cantidad de dinero que gasta el país para “proteger” al presidente? ¿Se preguntarán por qué el Presidente Obama fue el único de todos los mandatarios que no comió con los otros presidentes de América Latina?

Otro asunto que no se ha tratado es el hecho de que el abuso sexual se combinó con el abuso económico. ¿Cuál de los dos males será peor? ¿Quién cuestionará la actitud prepotente de hombres que no sólo buscan favores sexuales, sino que se les hace fácil luego tratar de estafar a las mujeres cuyos servicios solicitaron? Parece que esa acción no es digna de cuestionarse.

Como cristiano sé que todos somos pecadores, así que no me sorprende que esto haya pasado. Los humanos somos propensos al mal. Lo que sí me sorprende es la “sorpresa” de muchos, una sorpresa que parece estar basada en la idea de que estadounidenses “bien entrenados” no son capaces de hacer algo así. O tal vez se asume que debieran ser más inteligentes y que debieran poder evitar ser descubiertos.

La inquietud más grande que tengo como cristiano es que tengo la impresión que la pena estadounidense sobre la “fiesta de Cartagena” no viene de que los agentes cometieron varios males, sino de que se dejaron pescar. Si eso es verdad lo único que habremos aprendido es que hay que ser más discretos a la hora de pecar.

(Publicado el 22 de abril en Protestante Digital)

 

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La fiebre de la lotería

La semana pasada se jugó el premio de la lotería “Mega Millions” de los Estados Unidos. Se sabe que hubieron varios ganadores. También se sabe que el valor del “premio gordo” superó el valor de US$640 millones, haciéndolo el premio de lotería más grande en la historia del mundo.

Como siempre pasa cuando crece tanto una lotería, muchas personas que nunca comprarían un boleto lo están haciendo en esta ocasión. Por supuesto, la probabilidad de ganar el premio gordo es tan bajo que es más probable que lo “parta un rayo” o que muera en un accidente automovilístico a que compre el boleto ganador. Sin embargo, mucha gente hizo colas largas para comprar su boleto.

La pregunta que siempre se hace en este tipo de situación es: ¿qué harías se ganaras el premio? Los medios de comunicación social han entrevistado a muchos que hablan de comprar vehículos, casas, dejar trabajos o comprar algo que nunca han tenido. Casi todos hablan de hacer cambios profundos en sus vidas. Se da la impresión de que las personas asumen que el dinero les traería alguno que falta en sus vidas y que conseguir este “algo” les daría felicidad. Y tristemente, por lo general, son las personas pobres las que son más propensas a comprar boletos con dinero que necesitan para vivir, esperanzados de poder salir de su pobreza.

Para algunos cristianos comprar la lotería va en contra de su entendimiento del evangelio y de lo que Dios espera de los creyentes. Pero sospecho que muchos de nosotros secretamente quisiéramos ganar el premio. Tal vez hasta hemos orado y hemos prometido dar la mitad de lo ganado a la obra del Señor, si Dios nos permitiera ganar… Pero Dios no parece contestar.

La lotería hace suscitar muchas preguntas. ¿Por qué quiero ganar el dinero? ¿Qué  asumo necesitar para ser feliz? ¿Será que el deseo de ganar refleja una indisposición a creer que Dios siempre provee lo necesario? ¿Será que mido el éxito y la felicidad por la cantidad de dinero que tengo?

Al fin y al cabo, la lotería me invita a soñar lo que podría ser. Pero también me puede quitar la paz y el contentamiento. Querer lo que no necesito fácilmente me impulsa hacia el materialismo, a creer que las cosas son de valor profundo y también a creer que la felicidad la voy a encontrar en lo que no tengo.

(Se publicó una versión en Protestante Digital el 1 de abril del 2012.)

Siendo que la posibilidad de ganar la lotería y la posibilidad de encontrar el boleto ganador tirado en la calle es casi igual, no compraré un boleto. Pero si me lo encuentro tirado… ¿lo tomaría como voluntad del Señor?

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Parábola para nuestra realidad económica

Hace ya algunos días que ha comenzado una protesta en Wall Street, y otras ciudades, en la cual se le llama al 1% más rico que se haga responsable del daño hecho a la economía mundial y de que pague impuestos según su situación económica. Según el criterio de los que protestan el gobierno estadounidense ha estado muy listo a ayudar al 1%, pero poco dispuesto a tomar en cuenta a los demás.

Como todo argumento político tiene su tendencia simplista. Sin embargo, hace resaltar algunos problemas de fondo. Fueron los bancos ricos (y sus dueños) los que hicieron los préstamos que causaron la crisis de bienes raíces. Fueron ellos que hicieron inversiones muy arriesgadas y que luego causaron grande pérdidas. Y fueron los bancos los que fueron rescatados por el gobierno. Sin embargo, como en la parábola del siervo injusto (Mt. 18:23-34) se les perdonó mucho, pero luego no estuvieron dispuestos a perdonar a los más pequeños. Los bancos, y sus dueños, tienen grandes cantidades de dinero por causa de la ayudar federal, pero no están dispuestos a perdonar las deudas que ellos mismos causaron.

Actualmente en los Estados Unidos tenemos una discrepancia entre ricos y pobres que no se ha visto en más de setenta años. La situación está concentrando el dinero cada vez más en manos de menos personas. Si no hay cambio pronto, peligra la clase media y la estabilidad nacional.

Por supuesto, que debemos evitar luchas clasistas. Pero también necesitamos el valor de nombrar las injustas de nuestro sistema económico. ¿Qué diría el profeta Amós ante la situación económica actual? ¿Qué diría Jesús?

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¿Hacia un mundo libertario?

El viernes pasado el estado de Nueva York legalizó el matrimonio entre personas del mismo género. Este es el sexto estado de la unión estadounidense en legalizar el matrimonio del mismo sexo. Es un reflejo de la tendencia libertaria que se está viendo en las sociedades occidentales.

Las sociedades humanas han sido como péndulos a la hora de decidir si el estado debe legislar sobre la moral personal. En muchas partes del mundo son el adulterio o el uso del alcohol. Pero el mundo occidental está caminando en la dirección de leyes libertarias. No hace muchos años atrás que era ilegal el divorcio o el adulterio en muchos países occidentales, aunque, por supuesto, el adulterio siempre se cometía y el divorcio en la práctica era parte de la vida de muchas familias.

La lógica a veces era religiosa y a veces práctica. Muchos países imponían una moral a lo menos “semi” cristiana y creían que cosas como el adulterio le hacían mal a la sociedad. Aunque había mucha hipocresía, se decía creer en una moral que debían seguir todos.

Durante los últimos años hemos visto un cambio en occidente. Se ha simplificado el divorcio, legalizado el aborto y aceptado todo tipo de práctica sexual fuera del matrimonio. Para muchos esto es señal de “avance” y para otros es reconocimiento de que no se puede legislar la moral personal. Muchos cristianos reconocen que estas acciones son pecado, pero creen que el estado no debe intervenir en estas áreas.

Hace pocos días un grupo de líderes políticos y sociales de varias partes del mundo concluyeron que la “guerra contra las drogas” ha sido un fracaso y que lo mejor para el mundo es que se “des”-criminalice el uso de las mismas, así le quitan el poder a las mafias que están creando estrago en tantos países del mundo.

En muchos países de occidente también estamos viendo cambios con relación al matrimonio. El “vivir juntos” se ha hecho norma en muchos lugares y el matrimonio de personas del mismo género ya es legal en muchas partes de las Américas. El matrimonio “tradicional” ya no es normativo, ni aun entre muchos cristianos.

Yo reconozco que la vida moral viene de una vida transformada por el Espíritu Santo. Así que no me hago ilusiones de que leyes “morales” van a traer un cambio a una sociedad. Sin embargo, me quedo inquieto por la tendencia libertaria que estamos viendo en este país en muchas áreas, desde la moral a la economía, de la política a las relaciones sociales. Los de izquierda quieren una actitud libertaria hacia la “moral” personal mientras que la derecha quiere que el gobierno no tenga que ver con lo económico o el cuidado social.

¿Cuál debiera ser la actitud cristiana? ¿Existe una postura que refleja más el seguimiento a Cristo o será que nuestra postura política es la que define nuestra actitud sobre el tema? Estas preguntas nos obligan a preguntarnos cuál debe ser el papel del estado en mantener orden en la sociedad y cómo se relaciona eso con la invitación del evangelio a la santidad.

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Oh, yo quiero andar con Cristo

El himno #56 de los Himnos de Gloria era uno de los himnos favoritos en la iglesia de mi niñez. Lo cantábamos con mucha entusiasmo. A mí me gustaba cantar, así que me unía con gozo.

¡Oh!, yo quiero andar con Cristo.
Quiero oír su tierna voz,
Meditar en su palabra,
Siempre andar de él en pos:
Consagrar a él mi vida,
Cumplir fiel su voluntad,
Y algún día con mi Cristo
Gozaré la claridad.

CORO
¡Oh, sí, yo quiero, andar con Cristo!
¡Oh, sí, yo quiero, vivir con Cristo!
¡Oh, sí yo quiero morir con Cristo!
Quiero serle un testigo fiel.

Pero la penúltima línea del coro siempre me dejaba incierto. Me gusta la idea de andar con Cristo (“A solas al huerto yo voy”) y de vivir con Cristo (“En la mansión do Cristo está”). Eso de morir con Cristo era algo que confesábamos, pero ¿cantarlo con entusiasmo y convicción? ¿En verdad quería yo morir con Cristo? Algunos podían espiritualizar esto y decir que tenía que ver con morir a la carne. Pero el canto dice morir.

El coro no dice, estoy dispuesto a morir con Cristo, si fuera a ser necesario. No es una afirmación de algo que la gran mayoría de nosotros no vamos a enfrentar. Estamos cantando que estamos dispuestos a seguirlo a lugares de peligro, donde matan a los que predican, a los que sirven o a los que denuncian el mal. No sólo estamos dispuestos sino que este es nuestro deseo. Al fin y al cabo el término mártir viene de la palabra griega para testigo. Chanfle, requete chanfle.

La cosa es que dije en la primera estrofa que estaba consagrando a él mi vida y que quería cumplir su voluntad. Si mi vida es del Señor ¿por qué le saco al tema de la muerte?

Por supuesto que la aplicación inmediata de la confesión del canto es que no me debo rajar cuando hay que hacer algo peligroso en nombre de Cristo. Si en verdad creo que algún día con mi Cristo gozaré la claridad, entonces es pa’ lante. Como dijo el gran teólogo Fidel Castro, para atrás ni para coger impulso.

Señor, quiero oír tu tierna voz que me está diciendo por donde andar de ti en pos. Quiero caminar por el camino de tu cruz, sabiendo que el camino de la victoria pasa por la aparente derrota. Que lindo himno. Que tremendo llamado.

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Jesús, el oculista

No juzguéis, para que no seáis juzgados … (Mateo 7:1-5)

Un dicho de mis antepasados afirma que la “culpa nunca cae a tierra”. Siempre podemos encontrar a quien echarle la culpa cuando ocurre algún problema y todos tenemos la habilidad de identificar las debilidades del otro. A la hora de ver los pecados de los otros todos tenemos una vista de 20/20.

En Mateo 7:1-5 Jesús hace de oculista para demostrarnos el problema que confrontamos los humanos al analizar los pecados de los demás. Utiliza el humor y la exageración para ayudarnos a vernos a nosotros mismos. Jesús habla de “paja” y “vigas” en los ojos para confrontarnos con una verdad demasiado incómoda: muchas veces condeno en otros cosas que no quiero reconocer en mi propia vida. Jesús llama esto hipocresía y nos invita a vernos a nosotros mismos primero, antes de querer “ayudar” al otro.

Este problema de vista se repite a todos los niveles de la vida. En este momento estamos en medio de una de las crisis económicas más grandes de la historia moderna y los políticos están buscando maneras de culpar al “otro”. En este país los demócratas culpan a los republicanos y viceversa. A nivel mundial unos culpan a China, otros a los países que producen petróleo y casi todos le echan la culpa a los Estados Unidos, directa o indirectamente.

A nivel social todos estamos lamentando la desintegración social y familiar, pero todos culpamos al otro. Los cristianos le echamos la culpa a Hollywood y otros le echan la culpa a la iglesia. Parece que nadie puede ver su propia parte en la crisis social actual. En las iglesias también repetimos este patrón. Es la otra iglesia, el otro pastor, o el otro líder quien anda mal delante de Dios y nosotros somos los fieles.

Por supuesto que esto también lo hacemos a nivel personal. Todos estamos dispuestos a “orar” por la otra persona, compartiendo (“chismeando”) las necesidades de quien anda mal. Todos estamos propensos a sacarle la “paja” al otro sin darme cuenta que la “viga” en mi ojo está le haciendo mucho daño a muchas personas.

Jesús nos invita a un examen de ojos. Necesito reconocer que muchas veces lo que veo en la otra persona es un reflejo de lo que está en mi propio ser. El pecado que denuncio en alguien más tal vez está profundamente arraigado en mí y no lo puedo ver o no lo quiero reconocer. La siguiente vez que esté listo a denunciar el mal que veo en otra persona, pidámosle al Señor que nos haga un examen de vista para ver si la paja que estoy viendo en el otro es en verdad un reflejo de la viga que estoy cargando yo. Si permitimos que el Espíritu Santo cure nuestra propia vista, entonces podremos ver con más cuidado para poder verdaderamente ayudar a nuestros hermanos y hermanas.

Yo reconozco que necesito pasar por la oficina del oculista hoy mismo.

(Tomado del EL INTER, Marzo 2009)

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¿Y si pierdo mi trabajo? ¿Y si no consigo otro trabajo?

Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia… (Mateo 6:33)

La situación de empleo sigue pésima en California y a través de los Estados Unidos. A pesar de ciertas mejoras económicas, la situación de empleo no muestra ninguna mejora. Esto sigue creando inseguridad, no sólo entre los que ahora están sin empleo, sino aun entre los que siguen trabajando. ¿Será que yo también perderé mi empleo?

Es difícil leer las palabras de Jesús en medio de esta inseguridad. En Mateo 6:25-34 Jesús nos invita a no preocuparnos por nuestra vida, ni por el día de mañana. Nos presenta a las aves y las flores y nos dice que Dios cuida de ellas. También nos recuerda que nuestras preocupaciones no pueden cambiar las cosas. No solo nos invita no preocuparnos, sino que nos dice que debemos reenfocar nuestra energía del afán por los bienes materiales a la búsqueda del reino.

Para muchos estas palabras sonarán algo descabelladas en este momento. Si no tengo con que pagar el alquiler de la casa, ¿no me voy a preocupar? Si me van a quitar la casa por no hacer los pagos, ¿no me voy a preocupar? Y si mañana pierdo el empleo, ¿no me voy a preocupar?

Sin embargo, es en medio de la inseguridad económica que Jesús nos invita a reconocer varias cosas importantes. En primer lugar, nos recuerda que Dios se hace presente a nuestro favor en medio de nuestra necesidad. Esta confesión es clave. Tan pronto entendemos esto las otras que menciona Jesús tienen mucho más sentido.

Segundo, Jesús nos invita a admitir claramente lo que controlamos y lo que no controlamos. Cuando las cosas van bien nos gusta hacernos la ilusión de que eso se debe principalmente a nuestros esfuerzos. Pero los tiempos difíciles nos recuerdan que muy poco de lo que nos pasa está bajo nuestro control. Debo planificar y debo trabajar, pero también debo recordar que yo no estoy en control. Por más que me preocupe no puedo cambiar mi altura ni controlar el mañana.

En tercer lugar, tenemos la invitación de poner lo primero en primer lugar. Lo que sí puedo controlar son mis decisiones y mis prioridades. Jesús nos invita a reconocer que si comenzamos desde el reino y la justicia de Dios lo demás encontrará su lugar. La inseguridad económica me llama a recordar que el camino de Jesús ha de ser primero, no los afanes y las metas de mi sociedad.

Buscar primeramente el reino tiene que ver con mi ética, mis valores y mi estilo de vida. Si el reino es primero mis tratos con otros siempre serán honestos y transparentes, aun con los que me quieren hacer mal; voy a valorar lo eterno y no las cosas que pueda acumular, pero que perderé al morir. Si el reino es primero, voy a vivir de tal forma que la gente pueda ver a Cristo en mí.

En medio de la crisis que estamos pasando las palabras de Jesús cobran más importancia. Dios camina con nosotros y nos invita a caminar con él. Busquemos juntos el reino y su justicia como primera prioridad. ¡El Señor proveerá lo que necesitamos!

(Tomado de una versión anterior en EL INTER, Febrero 2009)

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Hacia la prosperidad bíblica

“No os hagáis tesoros en la tierra… Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19-21)

Cada día aparece otro libro u otro seminario que me promete la fórmula bíblica para la prosperidad material. El argumento básico de cada uno es que Dios quiere darnos bienes materiales y que lo que falta es nuestra disposición de creerle y de tomar los pasos indicados, por el autor, para conseguir todo lo que Dios tiene para nosotros. Todos los libros presentan ejemplos de personas que han conseguido la prosperidad material por medio de seguir los consejos propuestos. Muchos de estos libros utilizan una interpretación bíblica muy dudosa para “probar” que la prosperidad material es señal de la bendición divina y que la falta de bienes materiales es prueba de que la persona no tiene suficiente fe o que tiene algún pecado que necesita confesar. En última instancia cada uno de estos libros busca enseñarnos como conseguir más prosperidad material.

Sin embargo, Jesús claramente plantea una perspectiva muy diferente de la prosperidad. En Mateo 6:19-21 nos presenta dos principios claves para entender la prosperidad en sentido bíblico. En primer lugar nos llama a reconocer la diferencia entre acumular cosas aquí en la tierra y desarrollar un tesoro celestial. Nos confronta con la realidad de que toda acumulación terrenal es temporal. El dinero o las acciones pueden perder su valor, las cosas pueden ser destruidas y todo lo que tenemos puede ser robado. En otras palabras, ningún bien material tiene un valor seguro. Los bienes de este mundo no son seguros, ni me pueden garantizar la vida en este mundo, y mucho menos en el más allá. Lo único que tiene valor eterno es lo que se invierte en la eternidad, en el servicio a Dios y a otros.

El segundo principio es muy claro, directo y obvio. Mi “corazón” (mente, enfoque) estará en lo que considero más importante. Si mi fin es la prosperidad material, allí pondré mi enfoque. Pero si mi fin es seguir a Cristo y obtener el tesoro eterno, entonces allí estará mis esfuerzos.

En este pasaje Jesús no se preocupa por lo que tengo o no tengo. Aquí él se enfoca en lo que hago con lo que tengo. En el “Padre Nuestro” presentado pocos versículos antes (Mateo 6:9-13) él nos invita a pedir por el pan de cada día. Así que claramente es voluntad de Dios que tengamos lo que necesitamos. Sin embargo, el enfoque en este pasaje es sobre lo que hago con lo que tengo, sea poco o sea mucho. La prosperidad que Jesús quiere para nosotros es la eterna, la de los cielos. El quiere que enfoquemos nuestra energía y nuestro esfuerzo en el tesoro eterno, el que se gana por dar, no por recibir.

La pregunta clave en la prosperidad que presenta Jesús no es: ¿cómo consigo más? El nos invita a preguntarnos ¿para qué quiero más? La prosperidad bíblica no se mide por lo que consigo, sino por lo que doy. Tampoco doy para que Dios me de más, sino que doy porque Dios ya me ha dado y por qué reconozco que ese es el tesoro eterno. Si ganamos más para acumular más, ya tenemos nuestro tesoro aquí en la tierra. Pero si ganamos más para dar aún mucho más, entonces estamos trabajando a favor del tesoro eterno. ¿Para qué quiero más?

(INTER, Agosto 2008)

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